Hace mucho tiempo la ciencia ficción hablaba de que la tecnología se adelantaría tanto que los robots cobrarían vida propia y controlarían a los humanos. Llegarían a tener sentimientos, pensamientos y vida propia y en ellos los seres humanos tendrían a un contrincante mucho más poderoso e inteligente que lucharía por controlar a los humanos.
Éstos, mucho más imperfectos, sujetos al cansancio, a los sentimientos malsanos y a costumbres propias de un cuerpo biológico.
Pues, ¡llegó ese momento! Y lo peor es que lo han hecho de una manera tan calculada e inteligente, más propia de los vampiros que chupan la sangre sin producir dolor y sin que la víctima indefensa se dé cuenta.
Hace poco recibí una llamada de una empresa que ofrecía un programa de computador que permitía al candidato de un empleo sentarse frente al aparato y minutos después éste emitía un rapidísimo y elaborado concepto sobre sus habilidades y competencias laborales.
Entonces, en muy poco tiempo, el programa y la maquinita poderosa dejarían obsoletos y sin empleo a los psicólogos, colocando al aparato en un nivel más alto que la inteligencia y la capacidad humanas.
¿No es esto una muestra de que las máquinas están ganando la batalla y metiéndose en nuestras vida más allá de lo que hubiera previsto el más audaz de los futuristas del pasado siglo?
Están ganando la batalla con las habilidades matemáticas de los indefensos humanos. Muy pocos hoy pueden hacer una división matemática de más de tres cifras con su propia destreza.
Las hojas electrónicas nos robaron descaradamente la necesidad de la habilidad numérica y se apropiaron de ella, dejando la capacidad humana en grave peligro de extinción.