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'Conseguí una segunda oportunidad en la vida”

  • Actualizado: 05 septiembre 2009 /

Recién recuperado de un problema cardíaco, se enorgullece al mostrarse con “buen corazón”.

Es inevitable salir serio de una entrevista con Robin Williams. Con el mejor sentido del humor de Hollywood, siempre logra alguna sonrisa, como cuando desde el principio de nuestro encuentro, ve la anotación en nuestra grabadora y pregunta bromeando, '¿es tu nombre completo?”.
Recién recuperado de un problema cardíaco, se enorgullece al mostrarse con “buen corazón”. Y aunque no facilita la transcripción de sus entrevistas, cambiando constantemente los tonos de voz o agregando sonidos extraños (al puro estilo Mork), al menos demuestra que sigue siendo divertido fuera del cine o la tv, porque no precisa ningún guión para mostrarse tal cual es.

¿Cómo nota el paso del tiempo en su carrera?
Viendo el amanecer (ríe). Cuando yo recién empezaba, me presentaba en vivo, ni siquiera había micrófonos, sólo gente que decía “pásala”. Estábamos a la última moda, cuando éramos jóvenes: No había Internet en mi infancia. Sólo existían los cassettes.

¿Y cómo se lleva hoy con la era moderna de Facebook o Twitter?
La gente joven y su tecnología. ¿Es apropiado el Twitter durante las relaciones sexuales? Debe ser lo máximo escribir un orgasmo “omg, omg, wtf, zzz”. A veces, me siento muy viejo, literalmente. “Tu madre y yo nunca estábamos en línea, las aspirábamos. Eso sí lo hacíamos” (bromea comparando la línea de Internet con las líneas de cocaína). De chico yo tenía un joystick, pero el mío lo tenía incorporado al cuerpo.

¿Entonces no tiene página propia en Internet, My Space o Facebook?
No, estoy demasiado atrasado en ese nivel. Cuando llego a casa, veo a mi hijo que escucha música, baja archivos mp3 y también escribe, todo al mismo tiempo. Va más rápido que yo. Lo que sí hago es jugar en Internet.

¿De verdad?
Sí. Voy a esos juegos y es genial porque me gana un chico de 9 años (risas). Y si pregunto la edad, me dicen: “Lo suficientemente grande como para romper tu... viejito”. Sólo me queda decirles “gracias”. Todos estos juegos de guerra te dan un sentido para nada realista porque si te pegan un tiro, siempre hay otra vida. Pero después que me mataron 25 veces y en la realidad me operaron del corazón, empiezo a plantearme si realmente es divertido todo eso.

Más de un medio todavía publica que nació en Escocia sólo porque lo había dicho como una de sus bromas. Pero en realidad Robin McLaurin Williams nació en Chicago el 21 de julio de 1951. Hijo único y con padres que siempre trabajaron, él encontró en el humor la mejor forma de llamar la atención. No le fue tan bien en la Escuela Secundaria Redwood, en San Francisco, cuando sus compañeros lo eligieron como el que tenía menos probabilidades de éxito. Amigo de Christopher Reeve, Williams incluso se inclinó hacia las más serias clases dramáticas de Julliard, hasta que un profesor insistió en que estaba perdiendo el tiempo si no se dedicaba a la comedia. Recién casado con Valerie Velarde, Robin necesitaba una entrada económica y la encontró presentándose en un night club, donde un productor de tv le dio la mejor oportunidad de su carrera.

Por un tiempo la fama se vio nublada por una maldita adicción a las drogas y como él bien lo dijo: “La cocaína es la forma en que Dios te dice que estás ganando demasiado dinero”. Aquella adicción le costó el divorcio.

La primera nominación al Oscar le llegó con “Good morning Vietnam”. Por pura casualidad, incluso se casó con su actual esposa Marsha Garces cuando recibió la segunda nominación al Oscar por “Dead poets society”.
Con casi 60 años, por lo visto no piensa jubilarse, porque sólo en 2009 estrena cuatro películas, con la misma variedad que lo caracteriza. Ya lo vimos como el presidente Roosevelt en “Night at the museum”. Pero también apoya el cine independiente como aquel paciente de un Kevin Spacey psicólogo, en “Shrink”. A fin de año aparecerá con John Travolta en “Old dogs”, y recién acaba de estrenar “The world’s greatest dad”.

Mientras la mayoría de los actores luchan por dejar atrás el estereotipo de sus personajes, a usted lo siguen contratando en estilos de cine completamente diferentes...
¿Te refieres a la cantidad de trabajo que tengo? Ha sido muy interesante hacer todo tipo de cine, incluso cintas siniestras como “One hour photo”. Y “The world’s greatest dad” tiene mucho humor negro, veremos si le gusta a la gente. La hice porque me parecía una idea muy buena. Me gustaba el director Bobcat Goldthwait; lo conozco desde hace siglos y en sus películas anteriores se notaba su completa falta de miedo. Yo sabía que podía aparecerse con algo muy bizarro, pero con cierta humanidad.

Si hay algo que sorprende en la película “The world’s greatest dad” es que aparece completamente desnudo. ¿Es la primera vez?
No, es la segunda vez. La primera fue en “Fisher king”, un desnudo en Central Park en una noche muy fría. Así que tenía excusas al decir: “Miren, es pequeñito, pero feroz”. En este caso, fue muy extraño. Tuve la idea de salir desnudo en aquella escena y se lo sugerí al director. No buscamos una sonrisa. El director pensó que si tomaba la cámara de forma que no me vieran ahí abajo... sería como decirle al público que no es suficientemente adulto como para ver un pene. Debíamos haber mostrado vaginitas, chiquititas (vuelve a reir).

¿El título no es un poco absurdo para una película como ésta, en que su personaje realmente no es el mejor del mundo?
A mí me parece genial. No, me encanta que ahora los distribuidores digan: “Sólo íbamos a llamarla ‘Papá’”. Es muy francés decir que no existe nadie que sea el mejor del mundo.

¿Usted se considera el mejor padre del mundo?
Me considero el mejor padre que puedo ser.

¿Hoy ya está bien de salud?
Después de la cirugía en el corazón, me emocionaba muy fácilmente. Siempre después de una cirugía con corazón abierto, cuando te preguntan “¿cómo estás?”, uno contesta entre lágrimas: “Gracias por preguntar” (ríe).

¿Cómo terminó en una sala de cirugía?

Iba en bicicleta y cuando estaba subiendo una montaña, empecé a sentirme mal. Hasta la bicicleta debe haber sugerido que paráramos. Después, me hicieron un angiograma y descubrieron que me había explotado una válvula.
Enseguida pensé: “¿Qué soy yo? ¿Un Chevrolet?” (ríe). Cuando explota una válvula, el corazón funciona 20% menos. Después de una prueba, me sugirieron cambiarla. Pregunté mis opciones y la primera fue una válvula de cerdo, pero mis amigos judíos me dijeron que pidiera otra opción. Yo quería la válvula de un caballo (sigue riendo). Y al final conseguí una válvula artificial, que es maravillosa.