En la suite 921 del Hotel Park Hyatt no hay ninguna cama y dos sillones de color salmón nos esperan al borde de la ventana, con la vista del centro de Toronto, para entrevistar a una de las estrellas más jóvenes de Hollywood: Carey Mulligan. Perfectamente peinada y maquillada, resalta su belleza natural, sin ninguna joya, más que un par de aros. Y con un elegante acento británico, habla moviendo las manos al ritmo de cada respuesta, aunque a veces, los enormes ojos también hablan, cerrándolos por cierta timidez si se cruza con un elogio o los abre enseguida si el tema planteado tiene más que ver con el cine.
La pasión por la actuación es evidente y se nota más allá de la pantalla, también en la realidad.
¿Es cierto que tus padres no querían que fueras actriz?
Sí, pero era razonable, tampoco me lo impidieron.
¿Qué quiere decir exactamente?
Mis padres querían que tuviera algo más para hacer si el tema de la actuación no funcionaba. La actuación como trabajo es algo tonto. No es que sea una tontería, pero es difícil, se necesita bastante suerte como para entrar, además de conseguir trabajos constantes.
Eventualmente me iban a dejar hacer lo que yo quisiera, pero realmente querían que fuera a la Universidad para conseguir un título y al menos poder enseñar algo. Y es cierto que me enojé por todo eso, pero después lo entendí. Hay demasiada gente brillante y mucho más talentosa que yo y no trabajan simplemente porque no tuvieron esa reunión donde pudieran brillar o no tuvieron algún trabajo que tuviera significado. Es una cadena de eventos la que te lleva a un lugar más seguro.
¿Y cómo fue que tus padres cambiaron de parecer?
En realidad fue con mi primer trabajo, cuando conseguí el rol de “Orgullo y prejuicio”, aunque yo nunca esperé que pudiera conseguir ningún otro trabajo después de esa película. Se dieron cuenta que no era mi “motor” y empezaron a apoyarme mucho más. Y ahora están bien, muy bien (Risas).
¿La nominación al Oscar favoreció algún cambió?
La verdad... no. Todavía ni siquiera volví a trabajar desde “Wall Street”. Y el Oscar fue una gran sorpresa. Fue bastante hermoso porque yo no sabía nada de todo aquel proceso. No conocía toda la locura de los que revisan sus Blackberries para ver las críticas. Y este año ya es diferente, porque siento que conozco lo que pasa. Es algo que también me incomoda y no me gusta que sea el único mérito que tiene una película. Es una lástima que sólo tenga valor si recibe una nominación al Oscar.
¿Personalmente te consideras tan buena actriz como te ven la gente?
En otra entrevista, tu novio Shia LaBeouf me había contado que en el rodaje de la película “Wall Street” se te había caído un par de lágrimas, de un solo lado y Oliver Stone quiso filmarte de vuelta y repitieron la escena dos o tres veces, repitiendo algo así, sin problemas, una y otra vez.
Supongo que el tema emocional y llorar es mucho más fácil que reírte por una hora y media o dos. Quiero decir que es mucho más difícil lograr mantener la diversión con cierta efectividad en comparación con el miedo o las lágrimas, que son más fáciles de mantener. De verdad, para mí es más complicado reírme que llorar. No tengo lágrimas mágicas. En “Wall Street” hicimos siete tomas y a lo mejor, dos solas fueron efectivas. No se ven las tomas malas que hago. Bueno, supongo que algunas se ven. Están ahí, en algún lado.
¿Realmente no te das cuenta que a tu edad, pareces ser una excepción entre las actrices de tu generación, en Hollywood?
No, realmente no. No lo sé, no me parece. Creo que hay actrices jóvenes brillantes de mi edad. Hicimos una portada de la revista Vanity Fair, con doce de ellas, donde me daba pánico. Así que realmente no me parece que sea así. Todos buscan algo diferente y yo todavía no trabajé este año porque no encontré “la película”. Hay roles disponibles pero no siento que sean dramáticamente diferentes a lo que ya hice. Me ofrecen trabajos que se parecen demasiado a ‘Wall Street’ y “An Education” o incluso, la película “Never Let Me Go”. Y aquéllas que eran diferentes no consiguieron la parte financiera todavía.
¿Al menos suena bien que ya te traten como una estrella de Hollywood?
Yo no lo siento así. Llegué a estar sentada en medio de un cine de Telluride, con gente que ya me había visto en cine, pero no me reconoció, aunque yo misma los escuché hablar de mi película. Por eso no me siento como una estrella, cuando todavía puedo sentarme a ver una película frente a alguien que ya me vio antes. Todavía soy relativamente anónima. Simplemente hago mi trabajo, me maquillo y vengo a entrevistas como éstas, pero por ahora, nadie invade mi vida en ningún modo alguno.
¿No te llama la atención que después del Oscar, la gente quiera ver una película tuya, cuando “Never Let Me Go” en verdad la habías filmado antes de la nominación?
Todo empezó después del Festival de Sundance y mucho antes del ofrecimiento de “Wall Street”. Los personajes de las dos películas son completamente diferentes.
¿Cómo se comparan los rodajes de dos películas tan diferentes como “Wall Street” y “Never Let Me Go”?
Bueno, con “Never Let Me Go” me sentía muy cómoda porque conocía a la mayoría del equipo de filmación, incluyendo los productores. Con Keira (Knightley) también hace años que ya éramos amigas. Y los nervios pasaron por la presión de no querer desilusionar a quienes ya les había gustado el libro original. Odio cuando adaptan mal un libro en cine. Fue algo que no pude sacarme de la mente, quería mantener la esencia de la historia. Y hasta mi madre pensaba que esta película resultó una excelente oportunidad.
¿Y “Wall Street”?
Y con “Wall Street” yo quise sentirme intimidada por los grandes de Hollywood. Quería probar porque venía trabajando solamente en Inglaterra y no encontraba nada que me hiciera despertar por la mañana, con miedo de salir a trabajar. Y “Wall Street” terminó siendo un buen desafío apareciendo como la noviecita de una película de Hollywood diferente. Me pareció que en la historia yo era mucho más que la novia (de Shia LaBeouf). Eso era emocionante. Oliver Stone tampoco me trató como una nena. Sentí que me trataba igual que a Michael Douglas. Y me encantó trabajar con ellos. Con Michael mantuvimos cierta distancia, como pasa en la película. Fue divertido.
¿Para la nueva película de “Wall Street: Money Never Sleep” volviste a ver la primera versión?
Sí. Oliver (Stone) quería que viera la primera película de “Wall Street” para ver cómo podía aparecer como la hija del personaje de Michael Douglas. Yo pensé que era algo muy difícil. No había demasiado que pudiera hacer porque los personajes son muy diferentes. Tampoco me parecía al rol de Darryl Hannah y por eso tampoco tuve que estudiarla demasiado. La vi sólo para entender un poco lo que hacía realmente Michael Douglas, porque en la historia de la segunda película mi madre también había desaparecido.
¿Llegaste a hablar con Michael Douglas desde que se supo que tiene cáncer de garganta?
No, no hablamos, no quise interponerme en el tiempo que pueda disfrutar con su propia familia. Supongo que ya nos veremos en algún otro momento.
Sin tener absolutamente nada que ver con la película “Wall Street”, la producción británica de “Never Let Me Go” plantea otra ficticia historia sobre una sociedad donde se clonan personas que nacen exclusivamente con el único objetivo de donar sus órganos a otros. Y Carey Mulligan es una de ellas, junto con el personaje de su compañera Keira Knightley y una historia de amor que además las envuelve detrás de otro personaje que interpreta, Andrew Garfield. Resumiendo, la película plantea un mundo donde ciertas personas viven para otros, sin poder controlar sus destinos.
¿Personalmente crees que podamos controlar nuestro propio destino?
¿Estamos en control de nuestro destino? No podremos controlar si un camión nos atropella mañana, pero podemos tomar decisiones para vivir la vida que queremos.
¿Y teniendo en cuenta el mensaje de la película “Never Let Me Go”, te parece que vivimos para nosotros o para otras personas?
No lo sé, supongo que depende de cada persona.
¿Y en tu caso exclusivamente?
Yo tengo una posición casi egoísta porque todavía no tengo formada una familia, ni hijos, ni nada. Sólo tengo a mis padres, mis amigos y hasta ahí llega mi mundo, no es demasiado grande.
La fama de Mulligan
El 28 de mayo del 2010 cumplió 25 años y viniendo del otro lado del Atlántico, en un Londres tan lejos de Hollywood, es inceíble la carrera que Carey Mulligan logró en el mundo de cine. Antes de surgir a los 18 años, con el rol de Kitty Bennet, con Keira Knightley en la película “Orgullo y prejuicio” o aquel personaje de la huérfana Ada Clare en la serie de la BBC “Bleak House”, Carey ya había demostrado su pasión con la actuación cuando en el último año de la escuela Woldingham se animó a participar de la producción de “Sweet Charity”.
La fama de la popularidad internacional explotó el año pasado, cuando la nominaron al Oscar por la película “An Education” (perdió frente a Sandra Bullock) y Oliver Stone la eligió para acompañar a Michael Douglas y Shia LaBeouf en la nueva versión de “Wall Street”. Claro que en la vida real consiguió una mejor compañía cuando también se puso de novia con Shia LaBeouf. Lo curioso es que antes de “An Education”, antes de “Wall Street: Money Never Ends”, Carey Mulligan ya había filmado la película “Never Let Me Go” que recién estrena ahora.