13/06/2024
01:48 AM

Melvin Matamoros: “Tres tipos armados me dijeron ‘si se equivoca, aquí va a quedar’”

El árbitro Melvin Matamoros, quien se retirará el sábado en la final Marathón-Olimpia, reveló: su peor error, jugador más difícil al que le pitó, su cuenta pendiente y la vez en la que le pegaron una pedrada.

Tegucigalpa, Honduras.

Ese anhelo de niño de imponer justicia en un campo de fútbol se le hizo realidad, pero el tiempo se ha ido escurriendo como agua entre las manos y ya es hora de colgar el silbato en el escenario que imaginó en el mejor de sus sueños: dirigiendo una gran final.

“Así lo pensé y se me está cumpliendo. Yo preparé el camino desde hace un año”, dice Melvin Matamoros, el árbitro que este sábado pondrá fin a 21 años de carrera en el arbitraje.

Sí, lo hará pitando la final de vuelta del Torneo Clausura 2023/2024 entre Marathón y Olimpia en el estadio Yankel Rosenthal.

La nostalgia lo abraza. “Mi mente me dice: ‘¿Qué voy a sentir cuando solo le queden 30, 15 o 10 segundos al juego, y sea el momento de levantar el brazo y decir que el partido se terminó?’. Creo que ese va a ser el momento más bonito”, dice el juez que firmará el colofón del presente campeonato de la Liga Nacional de Honduras.

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Su esposa Griselda, presente en la entrevista, lo escucha y no puede ocultar la melancolía en medio de una amena charla.

Desde aquella amenaza de tres tipos con pistola hasta la satisfacción de dirigirle a Steven Gerard, muchas ha sido las vivencias imborrables para el orgullo de Morocelí, El Paraíso.

Matamoros lo revela todo: el jugador que más lo sacaba de quicio, el futbolista al que le hubiese gustado pitar y la cuenta que le quedó pendiente en el referato...

Melvin Matamoros dejará el arbitraje en la Gran Final Marathón-Olimpia.

Melvin, un gusto. ¿Ya cuántos años en el arbitraje?

Es un placer estar aquí con ustedes. Ya tengo 21 años de estar dándole tiempo al arbitraje. Esto es parte de mi vida, lo traigo en mi sangre porque desde niño quería ser árbitro, pero no se nos daba la oportunidad. Cuando en mi pueblo Morocelí se armaban las potras andaban buscando ábitros y nadie quería, y yo decía: ‘Yo quiero pitar’, pero nadie se fijaba en un niño. Era difícil disfutar de un partido como árbitro, hasta que llegó la Liga Mayor a mi pueblo empecé a sacar los cursos de arbitraje.

¿Cómo resume esta travesía en el arbitraje?

Es una situación compleja. A veces no me explico cómo llegué, no me explico, yo digo: ‘Dios no sé por qué me trajiste hasta aquí’. Si bien es cierto que yo quería ser árbitro, no me imaginé que era tanto tiempo y tan bonito porque es una carrera muy privilegiada. Ser árbitro no es fácil, pero es una bendición porque conoces muchas personas, te mueves por todo tu país; si sos internacional, te lleva a otros escenarios. Ser árbitro para mí fue una bendición hecha realidad, un sueño que vive la familia y que vive Morocelí porque antes nunca había habido un árbitro profesional. Soy el pionero de Morocelí.

¿Cómo recuerda el debut con el silbato?

Creo que en Liga Mayor debuté en 2003 en mi pueblo. Traté de hacer lo necesario, pero no me fue bien en el partido. En Liga Nacional empecé como áribitro principal en 2009 en un partido entre Motagua y Deportes Savio. Fue una semana compleja porque era mi primer juego; había tenido la preparación, pero nunca es lo mismo como ya ser el árbitro principal. Creo que salí muy bien parado, a pesar de que tenía nervios.

Usted soñaba con retirarse en una gran final y lo va a cumplir, ¿qué significa eso?

Casualmente estaba con mi esposa hablando sobre eso y le decía que no todos los árbitros exitosos tienen la posibilidad de retirarse dignamente dirigiendo una final o un partido importante, y a mí Dios me está dando ese privilegio, así como las autoridades de la Federación a través del presidente Óscar Velásquez y Benigno Pineda, quienes han depositado la confianza de ese partido importante en mis manos. Es un sueño hecho realidad. Me he pasado una semana bastante tranquila y agradable, he tenido cualquier cantidad de llamadas y mensajes. Las redes sociales también han estado a tope. La mayor satisfacción es que todo mundo decía que yo iba a ser el árbitro de la gran final.

El árbitro hondureño junto a su esposa Griselda.

¿Está tan nervioso como antes de su debut o su primera final?

He estado muy relajado, he dormido de una manera tranquila y he comido normal. Yo estoy claro, yo preparé el camino desde hace un año. Me acuerdo que el año pasado como a esta fecha el presidente Óscar Velásquez me dijo que me alistara para la prueba física y optar al nuevo gafete FIFA, y yo le dije: ‘No, no voy a hacer más pruebas físicas, no voy a optar más al gafete FIFA, Melvin Matamoros se retira a mitad de año de 2024’. Él se quedó pensando y me dijo: “¿Pero cómo se va a retirar ya, si usted es de lo mejor que tenemos en el país?”. Yo le dije: ‘Yo me quiero retirar dignamente del arbitraje; si pudiera y hago un gran torneo Clausura, quisiera retirarme en una final’. La semana antepasada Benigno me mandó un mensaje diciéndome que si quería seguir, que me quedara. La decisión está tomada.

¿Cómo debe ser el trabajo en el Yankel para despedirse por la puerta grande?

Yo siempre he dicho que el árbitro debe actuar de la forma más natural y sencilla. No podemos estar inventando cosas que nunca hemos hecho, las reglas están dadas y deben imponerse en el partido. Nosotros tenemos que ser justos para un lado y otro y que el que se lleve la copa sea el que haga los méritos para ser campeón.

¿Cree que es un partido que vivirá diferente?

Es un año de estar planificando este momento y lo tengo bien planificado. Yo voy a dirigir de manera natural, pero sí me detuve en algún momento y mi mente me dice: ‘¿Y cuándo falte un minuto de juego?, ¿qué va a empezar a sentir esta persona cuando ya solo le queden 30, 15 o 10 segundos al juego, y sea el momento de levantar el brazo y decir que el partido se terminó?’. Creo que ese va a ser el momento más bonito y agradable, para mí en ese momento será misión cumplida. Le pido a Dios no tener nada que ver en el resultado.

¿Quiénes son los jugadores más difíciles de pitarles en ese juego entre Marathón y Olimpia?

Yo puedo decir que Yustin Arboleda es de los mejores jugadores que tenemos en el país, pero es de las personas que te pasa diciendo cosas: ‘No es falta, pitame esta, ¿por qué me pitás?’... son situaciones que de alguna u otra manera a uno como que lo quieren sacar del partido, pero ya uno tiene experiencia y sabe cómo manejar a estos jugadores.

Esta será su décima final, ¿cuál fue la más difícil de todas?

Fíjese que en 2014 pité la gran final entre Olimpia y Motagua y fue un partido de ida y vuelta, pero me quedo con el partido que terminó 0-0 y se fue hasta penales, que fue la final fue entre Olimpia y Marathón en Tegucigalpa (Clausura 2013/2014). Fue un partido intenso y en el que no se pudo anotar ningún gol. Llevé ese partido hasta los penales y fue una bendición. Prácticamente todo el mundo estaba alegre con el trabajo. Al final fue campeón Olimpia, pero en penales. Fue uno de los partidos más difíciles.

Matamoros tiene varios proyectos para después del arbitraje. La política es uno de ellos.

¿El encuentro que nunca borrará de su mente?

Uno de los juegos que siempre recuerdo fue una semifinal de vuelta Motagua-Olimpia, donde pasó Motagua en la era Barbie y hubo una jugada clave. Ya para terminar el partido, vino Romell Quioto y le dio un pelotazo a Wilmer Crisanto y al darle ese balonazo en el rostro yo lo expulsé. Al sacar esa roja me gané la gran final porque ese hecho no quedó impune. Esa decisión fue como el postre y puse mi pie en la final. Las autoridades del arbitraje me lo dijeron.

Si me tuviera que citar otros juegos inolvidables, ¿cuáles mencionaría?

Me quedo con mi primera final entre Real Sociedad y Real España en Tocoa, que se fue a penales. También está mi primer clásico Olimpia-Motagua de 2013 porque los equipos estaban plagados de buenos futbolistas. En esa lista pongo un España-Motagua en San Pedro Sula en el que pasó de todo: se sancionaron dos penales que no fueron, se expulsaron injustamente a dos jugadores y ese día me pegaron una pedrada sin que nadie se diera cuenta; yo sentía que algo me corría por la frente, me pasé la mano y miré la sangre, pero yo no detuve el juego por eso y a nadie le dije. Quién provocó todo eso fue el árbitro. Igualmente pongo el Marathón-Hispano, ya que muchos amigos lloraron porque en ese partido descendieron con el equipo de Comayagua.

¿El error más grosero que cometió y que hoy no tiene problemas en admitirlo?

Fueron muchos, pero hay uno que recuerdo bien. Estaba dirigiendo un Olimpia-Motagua, cuando estaba Pedro Rebollar (mexicano expresidente de la Comisión de Arbitraje). Iba Kevin López de Motagua directamente a marcar un gol y vino un defensa de Olimpia y le pegó un empujón grandote dentro del área. Era penal y tarjeta roja, pero yo no marqué ni una ni la otra. Yo miré el empujón, pero lo califiqué mal. Era un penal que no se podía dejar de marcar. Iba ganando 1-0 Motagua, ese podía ser el 2-0 y casualmente como a los cinco minutos Olimpia empató con un tiro libre. Me pasé cuatros fechas sin dirigir por castigo.

¿Qué anécdotas del arbitraje es imposible olvidar?

Yo fui a muchos pueblos y me encontré con situaciones delicadas. Una vez fui a Santa Bárbara a dirigir un partido de semifinales en segunda división y, cuando llegamos a la cancha, nos estaban esperando tres tipos bien armados. Me dijeron: “En el juego de ida los árbitros nos hicieron demasiado daño y, si hoy usted se equivoca, aquí va a quedar”. Me enseñaron las armas. Son anécdotas en las que uno dice ‘wao’. Todo lo que habíamos hablado sobre cómo íbamos a arbitrar el partido quedó botado. Todo allí se quedó porque cuando te amenazan y te muestran las armas, ya perdiste la misión de trabajo. No podíamos dar marcha atrás, teníamos que dirigir, ¿para dónde nos íbamos? Me acuerdo que mis compañeros no querían salir a calentar y yo les dije que teníamos que quitarnos ese estrés. El equipo local perdió y al final las tres personas pasaron y me dijeron: “Compa, pitó bien, se salvó’.

¿Esa fue la única amenaza?

Tuve otras. Otra vez personas de un equipo de primera división llegaron armados a un hotel. Llegó un equipo a amenazarme a un hotel. Yo creo que eso ya pasó de moda. Era un partido importante porque eran partidos de descenso. Fueron a pedirme que no me equivocara porque de lo contrario iba a tener problemas. Mi esposa sabe sobre esos hechos, pero siempre fuimos fuertes. Yo sabía que la gente lo hacía por amedrentar, por sacar ventaja, por ablandar el arbitraje. Yo soy miedoso y todo, pero timorato no. Yo pierdo el miedo ya cuando estoy en el hecho.

Melvin Matamoros ha estado 21 años en el arbitraje hondureño.

¿Jugador más famoso al que dirigió?

A nivel internacional le dirigí al que jugó en Liverpool y que después vino a la MLS, Steven Gerrard. Un jugador top que todavía llegó con buen nivel a la Liga de Estados Unidos. Aparte de ser un gran futbolista, era un caballero dentro del campo.

¿El futbolista más complicado al que le pitó?

Muchos como Walter el Zurdo Hernández, un hombre incómodo; con nada se ponía contento, ni expulsando al rival. El mismo Mayorquín, un jugador bravo, aguerrido, pero ya con el tiempo lo vas manejando de buena manera y él va entendiendo.

¿Uno de ellos es el futbolista que más lo sacaba de quicio?

No. Era Claudio Nicolás Cardozo... siempre protestó, en todo momento. En cada jugada, allí iba a reclamar, hacía una cosa e iba a reclamar, pitaba e iba a reclamar, no le pitaba e iba a reclamar...

¿Jugador al que le hubiese gustado dirigir y no se dio?

David Suazo, me hubiese gustado pitarle.

¿El sueño que deseó hacer realidad y que no pudo cumplir?

Simple, ir a un Mundial. No pude lograr la meta de ir a una Copa del Mundo. Creo que mi preparación en el inglés no fue la óptima y eso nos pasó factura a varios que en su momento estábamos en la élite del arbitraje en Honduras. Diferente a Saíd, Selvin y otros jóvenes, quienes hablan bastante bien el inglés. Esto en su momento le pasó factura a la mayoría de árbitros centroamericanos.

¿Qué le dice a los niños y jóvenes que aspiran a ser árbitros?

Esta es una carrera que pareciera difícil, pero es hermosa. Yo si volviera a nacer, yo volvería a ser árbitro. Ser árbitro es una maravilla; cuando uno suena su silbato, todo mundo te está viendo. Igualemente cuando detienes el juego o cuando cae un jugador, las miradas se van al árbitro. Son sensaciones lindas. Ojalá que salieron muchos árbitros. Esta profesión es lo más hermoso.

¿A qué se dedicará Melvin después de retirarse?

Tengo dos proyectos, uno a corto plazo y el otro a corto y mediano plazo. El primero es que la Federación tome a bien mi nombre y empecemos a trabajar. Yo les he venido diciendo a las autoridades que no nos podemos quedar sin árbitros; ya hubo un grupo de jueces que se fue, pero no ha habido ese relevo de árbitros de alta calidad. Si bien es cierto tenemos jóvenes, no nos podemos quedar con cuatro o cinco; necesitamos tener diez de buena calidad. Quiero trabajar en eso, como instructor. Saíd Martínez ha estado cargando en su espalda el arbitraje de Honduras, pero necesitamos más Saíd Martínez.

¿El otro proyecto es la política?

Estoy bien metido en el proyecto político, tengo casi un año y medio de estar trabajando. Tengo un grupo de trabajo muy fuerte en Morocelí, que hace actividades para andar buscando el voto. En todos los lugares donde me estoy presentando la gente está llegando. Yo estoy buscando la candidatura a la alcaldía por el Partido Liberal. Yo siento que vamos a ganar en forma contundente.

Lo reengancho al arbitraje para despedirse, ¿cómo cree que se levantará el domingo?

Yo espero levantarme tranquilo, que haya un cafecito calientito y unos panqueques con mantequilla (la esposa sonríe y da el visto bueno que así será). Eso es todo a lo que aspiro...