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¡Perdón, me quiero morir!: Maestra que olvidó a Ángel en carro

  • Actualizado: 22 abril 2013 /

Maestra pide perdón luego que niño muriera asfixiado al quedarse en carro.

Encerrada en el presidio sampedrano y aún con la mirada perdida, la maestra Enis Leticia Aguilar Medina (30) relata el trágico día -viernes 19 de abril- en que dejó olvidado a Ángel Gabriel Peralta, un niño de cuatro años, dentro de su carro, quien falleció horas después a causa de asfixia.

“Yo le pido a la sociedad que no me juzgue mal, yo soy madre y jamás habría querido que el niño falleciera, no entiendo cómo no me percaté de que Ángel Gabriel se había quedado encerrado dentro del vehículo”, dijo la maestra mientras las lágrimas bañaban su rostro.

El trágico hecho ocurrió en la escuela Canaán, ubicada en la colonia Felipe Zelaya y ha conmocionado a la sociedad hondureña.

La profesora, detenida el mismo día del incidente, narró a LA PRENSA cómo sucedieron los hechos y reveló el amor que siente hacia los niños.

Enis Aguilar es madre de tres hijos: 6 años, 10 y uno de 14 que vive con su padre. “Si hubiese tenido un mejor marido quizá sería madre de 11 niños, pero el destino no me dio esa oportunidad, por lo que me propuse la meta de convertirme en una educadora para poder trabajar con niños y ayudarlos en lo que yo podía”, relató ayer sentada en una banca del reclusorio.

“Ángel Gabriel siempre fue un niño muy especial, jugábamos juntos y a la hora de la comida cuando él no quería comer fingía que estaba comiendo su comida para que él se apresurara a terminarla”, expresó.

Asegura que siempre trató de ayudar a los alumnos del jardín de niños, escuela e Instituto Canaán -adonde laboraba- ofreciéndoles su carro cuando lo necesitaban, por lo que no era extraño que la vieran por la colonia conduciendo en compañía de varios menores.

Mañana trágica

A pesar del estado de depresión en que se encuentra tras el trágico suceso, la mujer tiene recuerdos claros acerca de cómo trascurrieron las horas el día de la tragedia.

“Toda esa semana, desde el lunes 15 al viernes 19, yo sentía algo que me decía que no llevara el carro al trabajo; pero como también llevaba a uno de mis hijos a la escuela Canaán y a mi niña a la escuela pública, ellos me decían que los llevara en el carro y por eso no lo dejaba en la casa guardado”, continuó.

El viernes 19 de abril, relató, se levantó a las 6:15 am, tarde para como ella acostumbraba hacerlo, asegura que ese día sintió que algo no estaba normal y que no debía llevar su auto, pero nuevamente accedió al pedido de sus hijos.

En el centro educativo, los estudiantes de secundaria tenían un campeonato de fútbol que se realizaría en horas de la mañana, por lo que los maestros se encontraban haciendo los preparativos para la actividad.

A las 7:30 am, la maestra ya estaba en la escuela y el timbre de la campana sonó anunciando a los estudiantes que debían dirigirse al campo de fútbol.

Alrededor de las 8:00 am, una estudiante del cuarto grado manifestó que estaba enferma, por lo que Aguilar Medina -siendo la única maestra que poseía carro- se ofreció a llevarla hasta su casa en la misma colonia.

La maestra contó que dejó a la menor en la puerta de la vivienda sin bajarse del automóvil, a las 8:10 am salió rumbo a la escuela y en el trayecto se encontró con una estudiante del segundo curso de plan básico y le ofreció llevarla, por lo que juntas pasaron frente al campo de fútbol antes de llegar a la escuela y se bajaron un rato para ver la actividad. Minutos después, Dora Maldonado, abuela de Ángel Gabriel Peralta Hernández, caminaba frente al campo junto al menor. La maestra al verla le dijo que le dejara el niño que ella lo llevaría a la escuela, por lo que la abuela se lo entregó.

Unos 20 minutos después, la maestra partía del campo llevando a una niña, a Ángel Gabriel y a un compañero más en la parte trasera del carro, llegaron a la escuela a las 8:45 am.

Enis Aguilar dijo que la niña y uno de los menores bajaron del auto dejando la puerta trasera abierta, ella comenzó a buscar su cartera y algunos documentos, incluso la lonchera de Ángel, bajó y al ver que los otros niños se alejaban pensó que Ángel Gabriel ya había bajado, pues su abuela le había dicho que estaba un poco congestionado y pensó que el niño se había ido a acostar a un colchón en la dirección, por lo que cerró con llave la puerta del carro y lo estacionó frente a la institución.

Agregó que comenzó sus actividades normalmente y a las 9:00 am sus alumnos salieron al recreo, tiempo que extendió hasta las 10:10 am debido a la actividad deportiva. Luego del recreo, la maestra continuó sus clases hasta las 11:50 am y fue cuando llegó la abuela de Ángel Gabriel descubren que el menor no estaba en la dirección y comienza la búsqueda con un fatal desenlace: el menor yacía sin vida dentro del carro.

“Me quiero morir, mejor me hubiera muerto yo, tal vez mis hijos hubieran sufrido; pero es mejor, mis sueños de mis estudios y mi futuro se apagaron, yo no quería que esto sucediera, le pido perdón a la familia de Ángel Gabriel”, dijo tapándose la cara con sus manos en señal de desesperación.

Tras el hallazgo, el menor fue llevado por su abuelo a una clínica del sector, pero los médicos les indicaron que ya había fallecido.

Horas después, la educadora se presentó a la Policía y admitió su culpabilidad, por lo que las autoridades, tras celebrarse la audiencia de declaración de imputado, determinaron enviarla al Centro Penal Sampedrano ayer domingo a las 4:00 am. La profesora es acusado por el delito de homicidio simple.

“Me arrebataron el corazón”

Doris Gabriela Maldonado Hernández (23) es la madre de Ángel Gabriel, estaba trabajando en una tienda cuando recibió la trágica noticia. La joven madre desesperada consiguió un aventón con sus compañeros de trabajo y se dirigió hasta la clínica adonde se encontraba su hijo.

Los gritos de desesperación de la doliente conmovieron a los pacientes, pues no comprendía lo que había sucedido al ver a su hijo muerto.

“Yo siento que todavía esto es un sueño, no creo aún que mi Ángel haya muerto, él era mi vida, mi alegría, era mi todo, me arrebataron el corazón”, confesó ayer su progenitora.

La desconsolada madre recuerda que el jueves 18 de abril estuvo con su hijo hasta altas horas de la noche haciendo tareas, incluso le tomó una fotografía con su celular. Luego el pequeño se quedó dormido y ella se encargó de preparar los alimentos y alistar sus cuadernos en su pequeña mochila.

La mañana de la tragedia, la mujer llegó hasta la cama de su hijo y le dijo: “¡Ángel, levantate, que ya es tarde!”, pero la abuela del menor le dijo que no lo despertara, que ella lo llevaría a la escuela, por lo que Doris salió rumbo a su trabajo dejándolo dormido.

Contó que ella pensaba no mandarlo a clases ese día, pero como había faltado el viernes anterior prefirió que no perdiera más clases. La abuela del pequeño lo bañó, lo cambió, lo peinó y caminaron rumbo a la escuela hasta llegar al campo de fútbol que se encuentra a varias calles entre su casa y el centro educativo.

Al llegar al campo entregó el pequeño a su educadora y regresó a casa hasta la hora en que volvió para recogerlo.

Su abuelo y familiares recuerdan a Ángel como un niño muy activo, que ya podía abrir las puertas de los carros, incluso el portón de la casa, por lo que no se explican cómo sucedió el hecho.

El sábado a las 2:00 pm, su madre, abuelos, decenas de familias, vecinos y amigos llegaron al cementerio La Puerta para darle el último adiós a Ángel Gabriel.

Entre el dolor, la familia exigió justicia a las autoridades y pidieron que el caso no quede en la impunidad.

Los dolientes reconocen que la maestra no tenía motivos para querer quitarle la vida al menor, pero que encuentran raro el hecho de que el pequeño se le haya olvidado.