Dider Osmani Chirinos, de apenas ocho años, se convirtió en el segundo niño quemado de la temporada navideña al explotarle un poderoso mortero que le voló un dedo de su mano.
El primer niño quemado fue Rober Oyuela, un pequeño de 11 años, originario del El Paraíso, quien perdió cuatro dedos de su mano al estallar un mortero que supuestamente encontró en la calle.
Según Digna del Carmen Romero, madre de Didier Osmani, el segundo menor quemado, el infante salió de su casa en Juticalpa, Olancho, a disfrutar de la feria de la Inmaculada Concepción, sin saber que estaba a pocos minutos de enfrentar una tragedia.“Mi hijo andaba en el parque, se había ido con dos de mis hermanas y un cuñado, en el parque estaba un torofuego y según me dicen se soltó una bomba encendida y él la agarró y le explotó en la mano”, relató Romero.
El pequeño, que culminó el segundo grado días antes del incidente, fue llevado de inmediato al hospital Regional San Francisco de la misma ciudad.“Luego fue remitido aquí al hospital Escuela para realizar una cirugía de reconstrucción, estamos trabajando en la parte motriz, ya que perdió el dedo que hace la pinza (dedo índice)”, explicó Omar Mejía, cirujano plástico del centro hospitalario.
El galeno lamentó que este tipo de percances, además de dañar la vida de los menores, le generen gastos innecesarios al desabastecido centro hospitalario.