“Pintar paisajes de Honduras es la mejor forma de acercarme a mi país”, así describe Jenny Romero el trabajo pictórico que desarrolla en Estados Unidos, país al que partió hace más de una década y desde donde muestra, a propios y extraños, que Honduras es un país de talentos.
“Desde niña me gustaba hacer trazos de rostros, pero hace unos cuatro años, y mientras alternaba con mis clases, dibujaba los rostros de mis compañeros y de algunos famosos con muy buenos comentarios de parte de los maestros”, expresa.
Estudiando secundaria en el Antelope Valley College de Los Ángeles se presentó la oportunidad de sacar cursos de pintura. “Allí aprendí a perfeccionar algunas técnicas y cada día trato de buscar información en Internet para seguirme preparando”.
La joven recuerda que “como proyecto de final del curso me atreví a mezclar varias técnicas que, aunque no lo habíamos hecho durante la jornada educativa, la obra recibió buenos comentarios y fue motivante para seguir autopreparándome”.
Aunque en sus últimos trabajos ha plasmado escenas campestres hondureñas, explica que siente especial interés en la pintura de rostros porque le permiten capturar la mirada y con ello la esencia del ser.
“Ahora que también estoy pintando paisajes hondureños siento que me acerco más a mi país e intento mostrar que Honduras es un país bello, que existe en un lugar de este planeta porque, lastimosamente, me encuentro con personas que no tienen ni idea de Honduras”, agrega.
Jenny es hija del abogado Wilfredo Romero e Irma Aguilera. Actualmente estudia Psicología en el Cal State Northridge y combina sus estudios con la pintura, en espera de normalizar su situación migratoria para regresar a Honduras y exponer sus obras. Motivada por su padre ha vendido algunas obras. “Antes creo que no estaba dando valor a mi trabajo y ha sido satisfactorio saber que hay personas que valoran lo que uno hace con entusiasmo”.