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Nuestro Mediterráneo

  • Actualizado: 13 noviembre 2015 /

24,030 personas fueron deportadas desde México a Honduras.

    San Pedro Sula, Honduras

    “México es el Mediterráneo de América Latina”, aseveración no referida a la realidad geográfica, pues al señalar al país azteca no hablamos de masa acuática ni nominamos la frontera entre Europa y África, sino que identificamos territorio, de ruta en desierto o montañas. Sin embargo, el fenómeno migratorio presenta una realidad similar en la que el protagonismo de la supervivencia es la agonía de miles de personas.

    El foco de atención se halla centrado en los últimos meses en los desplazamientos masivos desde países de Oriente cercano, agobiados por las guerras, que unidos a la tradicional y habitual migración de los países subsaharianos ofrecen esas imágenes de desesperación en las playas griegas a las que llegan, en carreteras hacia un destino, muchas veces el que sea, y en las carpas donde el invierno hará más inhumano y cruel el desplazamiento.

    Más alejado del foco internacional, la situación de los migrantes a su paso por el “Mediterráneo” terrestre, México, se ha convertido en una travesía de altísimo riesgo para la vida y la integridad física de las personas no solo por las bandas delictivas y criminales, sino por el aumento de las dificultades surgidas a raíz del despliegue del Programa Frontera Sur, obligando a los desplazados a internarse por tierra o mar con mayores dificultades y con más posibilidades de ser capturados.

    El informe Situación de los derechos humanos de la población migrante hondureña y su derecho a la protección internacional, elaborado por la Misión Internacional de Verificación sobre la Situación de los Derechos Humanos de la Población Migrante Hondureña, es revelador, tal como lo muestra también el Centro de Atención al Migrante Retornado al señalar que 24,030 personas fueron deportadas desde México a Honduras en el primer semestre de 2015, mientras que solo 7,740 personas llegaron desde EUA. Si el Gobierno azteca asume la labor de guardián de la línea divisoria del norte, la explicación es lógica.

    El texto indica que “actualmente, los mecanismos de protección internacional a nivel regional no están adecuados a los desafíos planteados por la realidad hondureña... se ha detectado una política de desincentivo de la solicitud de la condición de refugiado. El caso más claro es México, adonde se está observando un patrón de obstaculización y arbitrariedad a la hora de ejecutar los mecanismos de protección internacional. También hay graves carencias y falencias en la protección consular que brinda el Estado hondureño a sus connacionales en la ruta migratoria”.

    Lo que en síntesis es “solos ante el peligro”, que es cada vez mayor y estratégicamente utilizado para dificultar la migración. También en el istmo centroamericano hacia el norte tenemos el “Mediterráneo”, adonde la ilusión de una mejor vida se paga también con un alto número de víctimas, cuyo destino final como en el mar queda en el olvido.