TEMAS DESTACADOS:
21/05/2022
04:57 AM

Más noticias

No, no es gripe

    Luego de atravesar dos años y dos meses desde que el covid-19 fue declarado pandemia mundial, hay países que han bajado y hasta eliminado las restricciones, incluso el uso obligatorio de la mascarilla. Y sí, esa es la última medida de prevención que nos recuerda cómo el mundo se vio obligado a imponer el aislamiento inhumano en hospitales, la exhumación de cuerpos, el confinamiento en casa, la pérdida en educación y el brutal cierre de negocios y supresión de empleos.

    En sociedades que han logrado el control de los contagios y de muertes por el virus han decidido incluso quitar esa última prevención del tapabocas porque, igual que con todas las limitaciones, ahora es posible eliminarla gracias a la cantidad de personas que se han inmunizado para frenar la pandemia. En Francia, por ejemplo, se retiró desde hace un mes, aunque se mantiene en lugares como hospitales, farmacias, viviendas de personas mayores y en el transporte público. Igual sucede en España, mientras en el Reino Unido la mascarilla fue retirada desde inicio de año, cuando vieron la reducción de contagios. En Estados Unidos han ampliado hasta este mes el requisito de llevarla en transporte público y aeropuertos, en medio de la polémica entre quienes creen que es hora de quitarse el miedo, los que temen el riesgo de una nueva ola de la variante ómicron y los científicos, que advierten que eliminar por completo el uso de la mascarilla es demasiado pronto para el mundo, aunque parezca una buena noticia. El covid-19 no es normal, es más grave que la gripe y sigue siendo impredecible.

    Pero el uso de mascarilla y la recomendación del distanciamiento seguirán manteniéndose en países como el nuestro, donde persiste un alto porcentaje de la población que no se ha vacunado o solo tiene una dosis. Esas cifras de inmunización evidencian que aún no estamos cerca de la ansiada normalidad que vislumbran en otros países y que debemos seguir tomando restricciones y atentos para no correr el riesgo de retroceder a etapas pasadas que quisiéramos olvidar. La mascarilla no solo nos mantiene en alerta, sino que nos recuerda cuánto debemos mejorar el sistema sanitario público y la necesidad de inculcar hábitos de higiene en el hogar y las escuelas para no poner en peligro nuestra salud ni la de los demás.

    El covid-19 no es lo mismo que una gripe y no se sabe si vienen nuevas variantes, más contagiosas y perversas. Nada de eso está claro todavía. Lo único que podemos hacer es vacunarnos y alentar a la inmunización de la mayoría para evitar una nueva catástrofe sanitaria, ya que en guerra avisada no muere soldado.