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Luz verde

  • 15 julio 2019 /

El plan del Gobierno para el rescate de la Enee, que señala también la necesidad de renegociar contratos, está dirigido a la división en tres unidades de negocio: empresas de generación, transmisión y comercialización.

    La aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, suscrito en Tegucigalpa hace dos meses, abre la puerta a las reformas más que necesarias del sistema eléctrico, el mayor lastre durante décadas en las cuentas nacionales.

    Ya ha habido adelantos en lo que consistirá el “salvamento”, aunque otra cosa será que la compleja y gigantesca operación quede en manos apropiadas y se ajuste plenamente al plan, que debe incluir prioritariamente el servicio y su calidad, y no el aumento de los ingresos de la Enee por la vía del recibo mensual o, lo que es lo mismo, aumento de las tarifas, sostenimiento de contratos onerosos y aplicación de promedios que no se ajustan al consumo real.

    El plan del Gobierno para el rescate de la Enee, que señala también la necesidad de renegociar contratos, está dirigido a la división en tres unidades de negocio: empresas de generación, transmisión y comercialización.

    La red operativa que se ha ido complicando durante años de manera que ni la participación privada en la primera ni la concesión en las otras lograron sanear el sistema eléctrico, al contrario, su declive llegó a poner en riesgo el sistema productivo y la respuesta a la demanda del sector residencial.

    En este último acuerdo con el FMI, la esfera oficial ha negado que haya aumento en los impuestos o creación de otros, aunque en todos los acuerdos o casi acuerdos con el Fondo hay un tirón de oreja, con la recomendación de proteger y aumentar la recaudación fiscal y, está claro, si el Estado no produce los recursos deben llegar vía tributos. El acuerdo entrelíneas señala, además, por enésima vez, la disciplina fiscal, “hasta donde la cobija alcance”, y eso es sumamente complicado con las permanentes demandas y necesidades en la sociedad.

    Por enésima vez apunta a mantener la estabilidad macroeconómica, pero es necesario potenciar la micro empresa para que mejore la economía, aumenten las oportunidades de empleo y se vayan dando respuestas eficaces a los graves problemas sociales.

    Un buen acuerdo con el FMI debe evitar consecuencias negativas como el cierre de fuentes de financiamiento o las trabas por las evidentes condiciones de riesgo, que constituyen un gran obstáculo, incrementado por las fragilísimas condiciones de la economía nacional, sumamente vulnerable por factores externos que contribuyen a un déficit comercial, cuya extensión más visible es la apelación al financiamiento externo y la inversión pública.