24/08/2026
10:04 PM

El sermón de hoy

Puede sonar a sermón en fiesta patronal o a homilía en la misa del domingo y quizás la conclusión no sea otra que “no se escucha, padre” o “por un oído entra y por otro sale”, pero en estos tiempos de degradación ética y moral y de confesa incompetencia para luchar contra sus efectos directos, corrupción e impunidad, es saludable y necesario la guía y orientación de quien, con autoridad moral y reconocida confianza y credibilidad, denuncia el pasado y señala el futuro.

El papa Francisco se ha referido certera, concreta y sinceramente al gravísimo problema de la corrupción en la sociedad, cuyo deterioro agrava las precarias condiciones de vida de los más pobres. Aunque los hondureños seguimos tendiendo sobrada experiencia de ello y alguno se atreva a decir que “no hay nada nuevo”, señalemos lo que incluso antes de llegar al Vaticano enseñaba el arzobispo de Buenos Aires.

En su libro Corrupción y pecado, escrito en el 2005, dirige su mirada hacia adentro al señalar que “no hay nada peor que la corrupción de lo mejor”, en referencia directa a personas dentro del ámbito eclesial y religioso, como resalta en su libro, “de que los hay, los hay; que los hubo, basta con leer la historia”.

Sin embargo, desde el Vaticano su lenguaje es claro y directo: “Los políticos corruptos, los empresarios corruptos, los sacerdotes corruptos, perjudican a los más pobres”. Reitera el Papa: “Son los pobres los que pagan las fiestas de los corruptos. Son los que pagan la cuenta”. Y se refiere el Pontífice al campo de la salud, a las deficiencias y carencias en educación y al galopante trote de la pobreza evidencias de la corrupción y su “alera” la impunidad.

En estas épocas de intervenciones, de investigaciones y de promesas, con el calificativo habitual, incumplidas, urgimos los hondureños de mensajes claros, no para salir del paso, y de acciones contundentes para desalentar los hechos delictivos con la represión que exige la justicia, derecho de las víctimas, con una mora “casi infinita” en el área de la corrupción. Nadamos en corrupción sin corruptos ni corruptores, porque la impunidad multiplica los adeptos y los adictos al delito.

“La corrupción no es un acto, sino un estado personal y social en el que uno se acostumbra a vivir, en el cual el corrupto no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad”.

El mensaje está ahí, lo mismo que está ahí el cáncer de la corrupción con sus múltiples ramificaciones, cada vez más tupidas, por la inconsciencia colectiva y por la escasa y débil voluntad política de emprender una lucha frontal, paso a paso, contra la corrupción, cuya estrategia no solo sea la corrección, sino para castigar como herramienta eficaz para la disuasión, de lo contrario, “toda corrupción crece y -a la vez- se expresa en atmósfera de triunfalismo”.