En la actual campaña electoral llevándose a cabo en los Estados Unidos, el candidato presidencial del Partido Republicano de nueva cuenta recurre al racismo y sexismo, táctica anteriormente esgrimida en contra de Barack Obama y Hillary Clinton, para atacar a la candidata demócrata, Kamala Harris, irrespetando su condición de mujer, secundado en tal propósito por parte de misóginos que respaldan tales ofensas.
La actual vicepresidenta de la administración Biden, de forma por demás digna e inteligente, se abstiene de responder en similares términos, enfocándose tanto en los logros obtenidos como en sus visiones y proyectos para el próximo cuatrienio presidencial.
En Honduras, a medida que se intensifica la actividad política, antesala de las elecciones primarias y generales de este año y del próximo, se esgrimen acusaciones infundadas carentes de respaldos creíbles, racionales, ciertos y legítimos, apelando al miedo, odio, venganza y revanchismo.
No es la primera vez que estas manipulaciones se utilizan por los y las candidatas a cargos de elección popular, pero en esta ocasión se han incrementado cada vez con más frecuencia, ocurriendo tanto en las concentraciones como en las declaraciones vertidas a medios de comunicación, evidentemente para su mayor divulgación.
Si esta tendencia continúa, en grados cada vez mas intensos, se propicia la confrontación entre la ciudadanía en vez de la necesaria reconciliación. Del abuso verbal a la intimidación física no dista mucho trecho, con inevitable proyección hacia la intolerancia y el eventual autoritarismo.
Debe prevalecer la cultura del recíproco respeto, tolerancia, racionalidad y no la fuerza ni la mentira, tanto en el discurso como en el accionar, antes, durante y después de una consulta popular.
Es tiempo de la reflexión y la sensatez, empleando siempre la verdad, no la falsedad. Las redes sociales deben orientarse en este sentido por parte de quienes las esgrimen para difundir opiniones y criterios y son quienes aspiran a suceder a la actual mandataria Castro los que deben dar el cívico ejemplo.
Se deben de asumir las responsabilidades y competencias del presente, no basta con culpar exclusivamente a los actores del pasado y su participación en actos dolosos, mismos que también están ocurriendo hoy, especial, pero no exclusivamente, con la practica del nepotismo, la secretividad, la ausencia en rendimiento de cuentas, las promesas de campaña no cumplidas, los arreglos bajo la mesa.
Los funestos legados del pretérito aún pesan y se perpetúan, como herencia nefasta que encuentra nuevos herederos, provocando justificado rechazo a los políticos, más allá de su filiación partidaria.