En Estados Unidos, los viernes negros se celebran el día después de la fiesta de Acción de Gracias, que es el último jueves de noviembre, y se alarga hasta el fin de semana.

En estos tres días se realizan más compras en el año, hasta llegar a representar el 30% de las ventas anuales.

Este nombre de viernes negro fue dado en 1961 por la Policía de Filadelfia porque era tan grande el número de personas comprando después de la fiesta de Acción de Gracias que causaban accidentes de tráfico y hasta violencia.

En EUA, el total de ventas en 2016 fue de más de 655 billones de dólares y cada persona gastó más de 900 dólares.

Por lo general, las tiendas rebajan los precios de algunos artículos para atraer al mayor número de compradores. Es una locura, la gente se abalanza, corre, grita, se tira para llegar primero y poder alcanzar la mercadería rebajada y lograr comprar.

Es tal la obsesión de compras en esta temporada que ha ocasionado muertes, atropellos, heridos, gritos, quejas, etc. hasta llegar a la insanidad.

En EUA son muy cuidadosos con los precios rebajados porque en el pasado tuvieron problemas con la ley al tratar de engañar al público cambiando los precios originales.

Esta tendencia de ventas rebajadas ha sido copiada por nuestros países suramericanos y centroamericanos, y aunque no hemos llegado a tales extremos, sí hemos visto violencia y descontento. Hay casos también en que las rebajas no son reales y eso decepciona a los compradores.

En realidad, no debemos comprar las cosas porque están baratas (o dicen que están baratas).

Debemos comprar únicamente las cosas que necesitamos y cuando las necesitemos.

No nos dejemos atraer por el consumismo, seamos sencillos y simples, protejamos nuestro ambiente no deteriorando ni consumiendo los recursos renovables y no renovables.