05/04/2026
12:00 AM

Responder a la Palabra de Dios

Salomón Melgares Jr.

Es un honor para el pueblo hondureño que legalmente se haya decretado que el último domingo de septiembre sea el Día Nacional de la Biblia, y a la vez que haya sido señalada como el libro predilecto de los hondureños. Este libro sagrado, extraordinario, inspirado por Dios y escrito por profetas y apóstoles, nos revela a la Deidad y el evangelio de salvación que es para toda la humanidad. Ese evangelio es buenas noticias de que Dios está dispuesto a rescatar a los hombres y a las mujeres del pecado para recibir perdón y esperanza. Pero, ¿cuál es la respuesta a esa Palabra?

La respuesta esperada es que todo aquel que oye y recibe su mensaje se someta a dicho dictado. El cristiano que responde a la Palabra de Dios observa una característica importante: es un discípulo maduro.

En Hebreos 5:11-14 se presenta una comparación, el inmaduro es como un recién nacido, un infante necesitado de leche espiritual, dando a entender que carece del conocimiento, experiencia y discernimiento debido a su escaso estudio de la Biblia.

En cambio, dice el escritor (v. 14), el maduro requiere y demanda una formación firme, extensa y profunda en la Palabra de Dios, sabiendo presentar una correcta defensa de su fe. Es capaz de discernir adecuadamente entre el bien y el mal.

Él no solo es astuto para entender la maldad que opera en el mundo, sino que está capacitado para darse cuenta, con evidencias contundentes, de que el mensaje que recibe de cualquier predicador es ajustado a la Escritura divina o no.

El cristiano maduro practica una vida personal de adoración a Dios, gloriándose en Él y conociéndolo cada día más por medio del estudio profundo de la Biblia, para que su adoración sea con fundamento. Tiene fe, confía en Dios con el alma, la mente y el corazón, debido a que lo va conociendo a través de su estudio bíblico.

Es una persona que obedece los designios divinos que están detallados en la Palabra de Dios, no de manera servil, sino porque sabe que dichos mandatos son para su bienestar. Por eso, el apóstol Pedro le dijo a Jesús en cierta ocasión que su enseñanza era para él y el resto de los discípulos palabras que dan vida (Juan 6:68).

La Escritura, entonces, tiene una fundamental importancia para el crecimiento espiritual. La sumisión a ella y a su autoridad, es decir, el conocimiento y la práctica de sus enseñanzas, es el mejor modo de alcanzar la madurez de vida.