01/04/2026
12:01 AM

¿Podemos tejer una historia distinta? (2)

Contar historias de vida (Parte 2)

Cada vida es como un hilo, llamado a unirse a otros para formar bellos tejidos. Suelto queda inútil y feo. No está llamada nuestra vida a quedar deshilachada, abandonada ni olvidada. Cada vida humana tiene el valor infinito de su Creador, por lo cual cada una de ellas está llamada a ser parte de ese maravilloso tejido que es la historia humana. Una historia nacional, familiar, eclesial etc. que se forma necesariamente con relatos de vida concreta. Un buen ejemplo es la Sagrada Biblia, una gran historia formada por muchas historias.

El papa Francisco escribía este año en su Mensaje a los Comunicadores: el ser humano es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos solo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos. Y añade el Papa: creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos.

En otras palabras, uno de los elementos que nos caracteriza a las personas, no es una proteína que se adhiere en nuestras células, sino nuestra capacidad de comunicarnos. Al “decirnos” tejemos historias, al “escucharnos” integramos vidas. Contar y escuchar no son solo una necesidad psicológica, nos constituyen en personas sociales y nos hacen parte de un tejido social. Sin los hilos, no nace el tejido, sin tejido el hilo muere solo. El tejido es el “qué” y el hilo es el “para qué”. Sí, el fin no es un hermoso tejido, mandando al anonimato los hilos. Los hilos son protagonistas de su propia historia. En otras palabras, el ser humano es un fin en sí mismo, no un medio o un simple instrumento, como decíamos en el artículo anterior.

Al narrar creamos relatos, llevamos al consciente lo que somos, tanto para los demás como para nosotros mismos. Con esta pandemia pareciera que cada día lo estamos viviéndolo como si fuera el último. Si esto es por la densidad de amor y conciencia con que vivimos, es algo bueno, que nunca debería pasar.

Pero no todo es bueno en la comunicación. Los nuevos medios digitales se han convertido en medios de “info-obesidad”, es decir, un exceso de información que no podemos digerir. Porque la información, para su buen provecho, debe ser analizada. Aunque hay sanas excepciones, pero muchas veces la multitud de imágenes y mensajes, son solo frío reenvío de otro reenvío. Otros son los autores, otros son los receptores, y no somos parte esa historia.

Tampoco se crea tejido si solo contamos las llamadas “historias de éxito”. Pueden ser no una motivación, sino una forma sesgada de comunicar, porque pareciera que solo merece la pena ser contado lo que el ambiente considera “éxito”, o al menos considera “exótico”. ¿Y mi historia que incluye fracasos y temores, y que no es distinta a muchas otras? Sí, merece ser contado lo que es auténtico: las “historias de vida” son buenas historias que unen los hilos en tramas de amor, dolor y esperanza, formando un bello tejido.

Como decíamos, nuestras vidas son como un hilo, frágil cuando está solo, fuerte cuando forma parte del tejido. La fragilidad aceptada y compartida hace posible una comunión en la vulnerabilidad, que no separa ni humilla, sino que da lo que tiene y acepta lo que necesita. Esa relación solidaria le llamamos “trama” del tejido de la vida. Solo con hilos sanos habrá tejidos sociales fuertes y bellos (cf.artículo anterior).

Este es un buen tiempo para compartir historias de vida. Porque al compartir mi historia voy develándome hacia los otros ¡y hacia mí mismo! Al contar historias no busco ni compasión ni aplauso, sino solo crear fraternidad. Al contar mi historia saco algo de mí, lo comparto, paso a formar parte del otro, algo de mí habita en el otro. Narrar historias permite unir personas, aunque siga la distancia física. Sería bueno crear plataformas para que quien desee pueda narrar sus historias. No para enseñar a los demás, sino para aprender junto a los demás. Historias que leeremos no para juzgarlas ni para admirarlas, simplemente para sentir que todos somos hilos un mismo tejido. Pero no todas las redes sociales son apropiadas para algo tan serio y trascendente, habrá que seleccionar las adecuadas.

El mejor ejemplo de un relato nuevo y transformador son los evangelios. En ellos la narración de la vida del Maestro y los ejemplos tomados de la experiencia cotidiana (parábolas) no solo nos “informan” sobre Jesús, sino que nos “conforman” a Él. ¿Podemos tejer una historia nueva?

El evangelio nos muestra que la narración transforma vidas, los hilos de vida renovados escriben historias nuevas. ¿Empezamos a contar historias de vida?