Muchos conocedores de radio señalan que países en desarrollo como Honduras están perdiendo una cantidad considerable de oyentes en onda corta y argumentan que este instrumento de comunicación internacional va en camino a la extinción.
Por supuesto, existe evidencia de que hay muchas emisoras que han cerrado y otras han sufrido recortes en las horas de transmisión. Mientras que reportajes publicados en revistas y a través de Internet aseguran que la onda corta también está retrocediendo en países desarrollados, pero no obstante van surgiendo formas para salvarla. Por ejemplo, en Estados Unidos, las vacantes dejadas por esta frecuencia están siendo alquiladas por emisoras gubernamentales a los grupos religiosos.
Es cierto, la onda corta está en declive y muchas grandes cadenas internacionales han cerrado sus transmisores, pero no ha muerto del todo. Muchas grandes cadenas internacionales y gobiernos han apagado sus grandes transmisores por los altos costos y la llegada de Internet.
Los satélites la reemplazaron casi por completo, aunque sigue viva gracias a entusiastas transmisiones religiosas, propaganda y situaciones de emergencia como los terremotos, porque no depende de Internet ni de torres locales.
Si bien en el mundo contemporáneo las comunicaciones han volcado estrepitosamente su presencia hacia Internet, con páginas y portales de radio, televisión y prensa, el diexismo se resiste a dejarse llevar por la tecnología y ha salido al rescate de la onda corta. Este neologismo se refiere a la afición por sintonizar, captar e identificar señales de radio, lejanas o difíciles de alcanzar, poniendo en práctica, especialmente, frecuencias de onda corta.
La palabra viene de la unión de D y X (distancia y lejano), un viejo código telegráfico. Para “pescar” las señales de emisoras lejanas, los diexistas usan radios especiales, antenas largas y frecuencias de onda corta.
El diexismo apareció antes de la llegada de Internet y de las emisoras online, y resurge con más fuerza en tiempos plagados de plataformas digitales como para lanzarle un salvavidas a la frecuencia pionera de la radio.
La misma radio, con sus dos frecuencias, continúa encendida cual vela al viento en medio del vendaval de medios de comunicación cada vez más apegados a las innovaciones tecnológicas. Porque, como expresó el cineasta estadounidense Orson Welles, la radio es el teatro de la imaginación. Así es que, como también dicen los diexistas, apaguen sus pantallas, enciendan el dial y dejen que el mundo les hable.