19/04/2024
08:22 AM

No se oye, padre

No se oye, padre

“No se oye, padre” es una expresión común hondureña para decir que nuestro interlocutor se hace el sordo, que no oye intencionadamente. Así se comportan nuestros políticos: no oyen los reclamos de sus votantes, se ponen tapones en sus orejas para no enterarse del clamor de quienes les votaron y tampoco escuchan las sugerencias de otros con algunas luces para superar los problemas.

Esto me ha pasado con el señor gerente del Instituto de Conservación Forestal.

Luego de ver como en Francia cultivan los bosques y como realizan infraestructura para conservarlos, envié al gerente una nota con algunas sugerencias sobre un plan ambicioso para iniciar la reforestación de Honduras. Mi nota cayó en saco roto y ahora no se si la leyó o la tiró al cesto porque él no cumplió con la amabilidad y la obligación de responderme.

¿Qué dije? Reconocía que Honduras es un país forestal, que la mayor parte de nuestro territorio, antes llenos de bosques, ahora se encuentra totalmente desforestado, asunto que nos ha conducido a una escasez de lluvias, a que nuestros arroyos, quebradas y ríos se hayan secado; que los ciclos agrícolas sufran trastornos con una disminución de la producción de granos de primera necesidad -antes éramos productores, ahora, importadores - y que nos veamos sometidos a los embates de las crecidas, de los huracanes y de la sequía extrema.

Le sugerí que hiciera un inventario total de las tierras del país en donde antes había bosques y que ahora están en abandono y que elaborara un plan nacional para la reforestación a cumplirse en unos 10 a 20 años, con metodologías modernas de la silvicultura y la conservación. Sugería parcelar las tierras, tanto nacionales como , e ir al extranjero en la búsqueda de los recursos que dona la comunidad internacional para los fines de la reforestación; hablaba de hacer inmensos viveros en todos los departamentos, de facilitar los arbolitos, la tecnología, créditos blandos y otros auxilios a los silvicultores privados y que el Estado asumiera la reforestación de las tierras nacionales con la participación ciudadana que debería incluirse en los planes del cuidado, la conservación y los beneficios. Le contaba como en Francia los bosques se siembran en parcelas alternas de espacio físico y temporal para tener siempre plantas para la cosecha y que cada parcela estaba limitada por un camino que servía para la explotación, para el cuidado agrario y para evitar la propagación de los incendios.

Esto que planteé contiene ideas que de ejecutarse serán el arranque para contribuir a la salvación de nuestro ambiente y el del mundo. Ese dejar hacer nos arrincona en la tragedia de la desforestación, la degradación de los suelos y la escasez de agua y lluvias, la contaminación del aire, la muerte de los animales silvestres y la aniquilación de la agricultura. Y, por esa desidia vemos como este año se ha repetido la tragedia en Tegucigalpa y en el país. Se quema el bosque amortiguador de la zona protegida La Tigra, de donde proviene parte del agua que consumimos. He visto en los medios los lamentos del gerente del que he hablado, pero no acepta que esos incendios se han producido por desidia de la institución que él maneja porque, si el sabe que la recuperación de esos bosques tardará unos 10 años, por qué no tomó medidas para evitar los incendios, por que no actúa para que Honduras sea un país verde como a principios del siglo pasado.

¿Cómo pudo evitar esos incendios? En las tierras privadas es obligación de los dueños, con la colaboración del Estado, realizar las tareas de prevención. En el inicio del verano deben cortar la maleza seca para enviarla a las productoras de abono orgánico, dividir las propiedades en parcelas separada por calles que servirán de rondas para evitar la propagación de los incendios y más tarde para el manejo y la cosecha, hacer una campaña para evitar que se tiren botellas en las áreas forestales y recoger las que están tiradas, hacer quemas parciales controladas de protección, concientizar a los vecinos y propietarios para vigilar los predios y dar aletas tempranas y plantar técnicamente nuevos bosques.

Señor gerente, su tarea es prevenir, no apagar.