Creo que les he comentado que mis películas favoritas son las de dibujos animados. Verlas varias veces me hace detenerme en aquellos puntos que son dignos de reflexión. Hoy me gustaría escribirles sobre uno que encontré en la película “Hotel Transylvania 3: Summer Vacation” (o Monstruos de vacaciones). En una conversación del filme, la hija de Drácula, Mavis, le dice a su esposo Johnny: “No puedo creer que mi papá hizo ‘zing’ con alguien que intenta matarlo” (“zing” es algo así como “amor a primera vista”). “Sí, el zing te hace hacer cosas locas”, le repuso Johnny. Luego agrega, “pero lo que es más importante de entender es que el amor es un enigma infinito; algo que está mucho más allá de nuestra comprensión”.
En lo particular, creo que esta última frase es correcta, pero aplicada al amor verdadero, que conste. La Biblia dice que Dios es amor (1 Juan 4:8). Es decir, que Dios existe como amor y le da pleno significado a todo lo que contiene el atributo. De ahí que el amor sea un enigma infinito y algo que está más allá de nuestra comprensión, pues “¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo, nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11 NVI). En pocas palabras: Dios nos sobrepasa; aunque a través de Jesús podemos conocerlo, pero no completamente (Juan 5:17-30).
Esto es importante entenderlo porque al amor romántico también se le llama amor. Pero lo cierto es que este tipo de amor está lejos de ser un enigma infinito y algo que escape a nuestro entendimiento. Salvo, por supuesto, que venga empapado de egoísmo, lujuria, obsesión, interés extremado, recelo, desconfianza e insensatez. En ese caso, pienso que no solo sería imagen de algo incomprensible, que nunca se termina, sino de algo tenebroso que “ataca al mismo tiempo a la cabeza, al cuerpo y al corazón” (Voltaire).
En lo particular, creo que esta última frase es correcta, pero aplicada al amor verdadero, que conste. La Biblia dice que Dios es amor (1 Juan 4:8). Es decir, que Dios existe como amor y le da pleno significado a todo lo que contiene el atributo. De ahí que el amor sea un enigma infinito y algo que está más allá de nuestra comprensión, pues “¿quién conoce los pensamientos del ser humano sino su propio espíritu que está en él? Así mismo, nadie conoce los pensamientos de Dios sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11 NVI). En pocas palabras: Dios nos sobrepasa; aunque a través de Jesús podemos conocerlo, pero no completamente (Juan 5:17-30).
Esto es importante entenderlo porque al amor romántico también se le llama amor. Pero lo cierto es que este tipo de amor está lejos de ser un enigma infinito y algo que escape a nuestro entendimiento. Salvo, por supuesto, que venga empapado de egoísmo, lujuria, obsesión, interés extremado, recelo, desconfianza e insensatez. En ese caso, pienso que no solo sería imagen de algo incomprensible, que nunca se termina, sino de algo tenebroso que “ataca al mismo tiempo a la cabeza, al cuerpo y al corazón” (Voltaire).