Un día, mientras conversábamos en el hotel María Isabel de la Ciudad de México, Og Mandino me confió que una de las mayores limitantes del ser humano es “su errónea creencia de que va a ser eterno en este mundo. Por ello le da lo mismo hacer las cosas hoy que hacerlas la próxima semana”. La postergación, me decía, es lo que hace que cientos de buenos proyectos no se ejecuten jamás. Sir William Osler dio un consejo a los estudiantes de la Universidad de Yale: “No vivan en el pasado ni en el futuro; permitan que el trabajo de cada día absorba todo su interés, toda su energía y todo su entusiasmo. La mejor preparación para mañana consiste en hacer el trabajo de hoy espléndidamente bien”. Vivimos, como decía el profesor Dale Carnegie, en el medio de dos eternidades, entre el pasado y el futuro. No podemos detenernos a llorar por el pasado. Es inútil deplorar lo que hicimos o no hicimos ayer. Es hora de cerrar el libro de la historia y comenzar a escribir la crónica de hoy. Ningún agricultor, por loco que esté, pretende regar la cosecha del año pasado. Por otro lado, no deberíamos caer en esa trampa que consiste en angustiarnos por el futuro, al punto de que paralice el presente. Recuerde que, en la oración del Padre Nuestro, pedimos solamente “el pan nuestro de cada día”. No deberíamos quejamos del pan agrio de ayer ni angustiamos inútilmente creando dificultades en nuestra mente sobre el pan del futuro. Y no es que abogue por no prever el futuro. Es que creo en la palabra de Sir William Osler: “La mejor preparación para mañana consiste en hacer el trabajo de hoy espléndidamente bien”. Y el planificar, si bien nos hace visualizar el futuro, es trabajo que hay que realizar en el presente.

Hay magia en la palabra AHORA. Tiene tan solo cinco letras, pero puede transformar nuestra vida, puede darnos una motivación instantánea tan fuerte que nos sorprenderá. El enfoque AHORA puede hacernos mucho más realizadores de lo que usted y yo pensamos quizá posible. Y hay magia en esta palabra porque nos pone en acción en el único tiempo que Dios nos permite actuar, hoy.

LO NEGATIVO: Convertir el posponer en un hábito.

LO POSITIVO: Comprender la magia que hay en las cinco letras de la palabra AHORA.

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