Las más recientes comedias y tragedias en el Congreso Nacional son una vergüenza para Honduras. Bueno, para una parte de Honduras. La que anhela instituciones enmarcadas en la ley para sacar al país del barrizal en el que patinamos.
Pero esa gente solo anhela un país mejor. Solo lo anhela, porque su indignación no pasa de un tuit y un susurro tímido y clandestino entre la familia en el café con los amigos o en los chats, donde se resuelve todo sin resolver nada. Nadita. Allí los abogados dan cátedra constitucional. Los empresarios callan muerto de miedo.
Los exfuncionarios escriben y escriben fantasías. Los azules berrean protestas y advertencias extemporáneas.
Los socios de la alianza sollozan con la excusa infantil de haber sido traicionados. Y otros políticos en la vomitiva tibieza y en la complicidad calculada.
Por ejemplo, los leones del liberalismo con conducta de corderos, se esconden y asomen toman como actores de doble cara mientras se destroza la constitución que deben cuidar. Eso ocurre solo entre la gente que entiende las graves violaciones a la carta magna y lo que puede venir desde los círculos concéntricos del poder para este empobrecido país. Los demás, los muchos, ni cuentas se dan.
Los jóvenes, teórica esperanza, no están interesados en las sesiones del congreso, solo en las sesiones de Bizarrap con Shakira y con Peso Pluma. Todo eso pasa porque aquí no pasa nada. Por décadas, el alma de este este pueblo y su Constitución han sido reducidos a cenizas, porque el Estado de derecho es un Estado desecho.
Él manda más de cada momento, abusa y los demás aplaudimos. Nos acomodamos o escapamos a la tibia oscuridad del silencio. Mientras tanto, la República se convierte en hacienda particular.
Este pueblo tiene la costumbre de callar como mecanismo de defensa, como refugiándose ante los líderes de todos los colores que lo flagelaron con la mentira y la traición.
Y de creer en todo pasó a no creer en nadie y a no protestar contra nada y contra nadie.
Por eso, el Congreso y sus 128 integrantes, por medio de los nueve más vivitos, seguirá con su comedia mientras nos entretiene otro video viral otra peste, otro teatro o el final de los abismos hacia el que parece que vamos en caída libre. Levantamos la voz o seguimos callados. Gracias y adiós.