13/04/2024
09:56 PM

Fuga de capitales a Miami

Andrés Oppenheimer

Un viejo chiste dice que el alcalde de Miami debería construir un monumento a Fidel Castro, Hugo Chávez y otros dictadores cuyas desastrosas políticas económicas desencadenaron una estampida de capitales hacia Miami. Bueno, el viejo chiste está resurgiendo con un nuevo elenco de protagonistas. Esta vez, los políticos latinoamericanos que están provocando la fuga de capitales son, entre otros, el presidente populista de México, Andrés Manuel López Obrador, el presidente izquierdista de Perú, Pedro Castillo, y el puntero en las encuestas para las elecciones de 2022 en Colombia, Gustavo Petro. México, Perú, Colombia y Chile son actualmente las principales fuentes de entrada de dinero extranjero a Miami, según me dicen ejecutivos de empresas bancarias y de bienes raíces. Están superando incluso a Argentina, Brasil y Venezuela que siempre han figurado alto en la lista. “Hemos visto un repunte en las ventas a personas de América Latina en la segunda mitad de 2021”, me dijo Craig S. Studnicky, director ejecutivo de la empresa de bienes raíces RelatedISG. “Las principales países de donde vienen son México, Colombia y Perú”.

La nueva ola de fuga de capitales se debe principalmente a la inestabilidad política y económica. En México, los empresarios están cada vez más preocupados por el frecuente desprecio de López Obrador al E de derecho y las instituciones independientes, como la agencia electoral del país. Muchos temen que, cuando se le acabe el dinero para sostener sus programas populistas, López Obrador comenzará a nacionalizar industrias o a imprimir más dinero.

En Chile, que según el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas es el país más desarrollado de América Latina, los inversores han estado sacando dinero desde el estallido social de 2019. La fuga de capitales aumentará, seguramente, luego de que el candidato de izquierda Gabriel Boric, apoyado por el Partido Comunista, ganó las elecciones del 19 de diciembre. En Colombia, muchos empresarios están comprando apartamentos o abriendo cuentas bancarias en Miami para protegerse de posibles políticas antiempresariales si Petro gana las elecciones de 2022. En Perú, la fuga de capitales se disparó desde la elección del presidente izquierdista Pedro Castillo.

Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), un grupo de más de 500 instituciones bancarias, la salida de capitales de latinoamericanos alcanzó $128,000 millones en 2021, un récord en los últimos años. Comparativamente, la región tuvo una salida neta de capitales de $80,000 millones en 2015. Martín Castellano, jefe del departamento de investigaciones de América Latina del IIF, me dijo que la salida de capitales de la región superó con creces la de Asia, África y otras partes del mundo emergente este año. “Las principales razones fueron la incertidumbre electoral en un año con un calendario electoral movido, y las expectativas de un menor crecimiento económico, o crecimiento nulo, en 2022”, me dijo Castellano. “Pero el denominador común en la región fue la falta de confianza en las instituciones económicas y políticas”. Eso es muy cierto, y es un fenómeno que va en aumento. Sorprendentemente, en lugar de tratar de atraer inversiones de una economía global repleta de dinero, la mayoría de los políticos latinoamericanos continúan ahuyentando a las inversiones. Estos populistas pregonan programas sociales poco realistas que obligan a sus países a imprimir más dinero, generan inflación y aumentan la pobreza. Es una película que hemos visto muchas veces, y que siempre acaba mal. Basta con mirar a Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo, que desde la llegada del chavismo se ha convertido en uno de los países más pobres de América Latina. Al contrario de lo que nos quieren hacer creer los capitanes del micrófono populistas, la dicotomía de los países latinoamericanos no es entre la izquierda y la derecha, sino entre atraer inversiones o ahuyentarlas. China y Vietnam son países comunistas, pero al igual que países de economías abiertas como Taiwán o Singapur, han atraído inversiones. Y a todos ellos les ha ido mucho mejor que a los países latinoamericanos. A menos que los políticos latinoamericanos aprendan que no pueden reducir la pobreza ahuyentando las inversiones, las economías de sus países seguirán cayendo, y Miami seguirá beneficiándose de su demagogia, o de su estupidez.

las columnas de LP