Como en la mejor trama de una película de agentes secretos mezclada con política, las revelaciones del exagente de la CIA, Edward Snowden, han dado la vuelta al mundo y “sorprendido” a espías y espiados. Pero, de verdad hay razón para sorprenderse?
Creo que no.
La verdad es que el espionaje ha existido desde siempre. No es difícil imaginar a un general de la Roma Imperial enviando algunos hombres disfrazados de campesinos o comerciantes para enterarse de lo que estaba haciendo el enemigo días e inclusive meses antes de una batalla.
El espionaje produce información y esta poder. Así ha sido siempre, así será por siempre.
Con el acelerado desarrollo tecnológico de las últimas décadas –que incluye Internet y su ilimitada fuente de información-- lo que se ha logrado es que las noticias (y los secretos) sean revelados en forma instantánea, masiva y, desde luego, muy incómoda para quienes se ven involucrados.
¿Que el Rey de España o la cantante Lucero se van de cacería a matar indefensos animales sólo por el placer de hacerlo? Alguien toma una foto indiscreta y la “filtra” en las redes.
El Presidente de Francia visita “privadamente” a una amiga íntima –que conste, en horas no laborables, cuando no está a sueldo del pueblo francés-- la foto y los detalles más íntimos de esos encuentros se hacen del conocimiento público en cuestión de segundos.
Si una empresa comercial está terminando los experimentos sobre un nuevo producto para reducir la calvicie, eliminar las arrugas o curar cualquier otro tipo de padecimiento o enfermedad; tenga usted por seguro que las compañías rivales están intentando –paralelamente-- obtener información por medio de agentes infiltrados o llegando a veces al extremo de recoger la basura para ver qué documento, fórmula o dato importante pueden pescar.
Y, como en el caso de los romanos, los gobiernos, todos los gobiernos, también utilizan todos los recursos a su alcance para obtener información.
¿Existe en esto una doble moral? Sorprendentemente creo que la respuesta es no, el espionaje de los gobiernos no es asunto moral, es algo de seguridad nacional.
¿Por qué?
¿Con los recursos tecnológicos y económicos existentes, se puede culpar a un gobierno como el de los EUA por tratar de conocer anticipadamente (y abortar cuando sea posible) un atentado terrorista y salvar centenares o quizá miles de vidas?
¿Qué sería más inmoral entonces, cerrar los ojos y esperar a que ocurra?
Dejar de hacerlo no sólo sería inmoral, pero también idiota.
Cuando el atentado a las Torres Gemelas hace unos 13 años, el gobierno de los EUA fue altamente criticado por no haber detectado lo que se estaba planeando y, con ello, haber salvado más de tres mil vidas y miles de millones de dólares en pérdidas. ¿Qué fue lo inmoral (e idiota) en ese caso?
Claro, al igual que al Rey de España o el Presidente de Francia, a nadie le gusta que hagan pública su vida privada, pero eso es asunto aparte. Esos chismes y su revelación son gajes del oficio; personajes públicos que se ven afectados por el morbo de la gente y su deseo de conocer interioridades de los ricos y poderosos.
Pero creo que los gobiernos inclusive tienen la obligación de utilizar todos los recursos a su alcance en caso de seguridad nacional.
Y, aquél que no quiere que no lo agarren cazando, simplemente que no vaya de cacería.
