En reuniones con personas de nuestra camada solemos recordar, con nostalgia, los tiempos en que podíamos transitar tranquilamente por calles remotas de las grandes ciudades, a cualquier hora, sin temer a un asalto o cualquier otro ataque a nuestra integridad física.

En las conversaciones comenzamos hablando sobre lo amolado que estamos debido a los altos índices de criminalidad y pobreza, la pandemia, los desastres naturales o la corrupción, para luego remontarnos a la placidez de la infancia en la que nuestro mundo giraba como un trompo hecho con madera de guayabo.

Considero que volver al pasado en ondas de la imaginación no es nada malo con tal de no quedarnos atrapados en el tiempo y queramos retrotraer aquellas vivencias a esta era de Bad Bunny, conciertos sodomitas en tiempos de feria o zafarranchos en los estadios derivados de un absurdo fanatismo.

Es lógico añorar lo que se ha perdido, aquello que ya no se puede disfrutar, en el entendido que “cualquier tiempo pasado fue mejor” como acuñó el poeta español Jorge Manrique en las coplas por la muerte de su padre.

Lo censurable es lamentarse por lo que ya no se puede recuperar y culpar a la tecnología, por ejemplo, de brindar tantas facilidades, especialmente a los jóvenes, para que pierdan su valioso tiempo en trivialidades.

En este sentido hay que ver el otro lado de la moneda, es decir, valorar las herramientas de la internet que proporcionan conocimiento cultural, las cuales, muchas veces, no son aprovechadas a causa de una deficiente educación de los usuarios.

Por supuesto que en muchos aspectos Honduras estaría mejor que como estuvimos en aquellos dorados tiempos si los gobiernos no le hubiesen negado al pueblo una educación calificada y un eficiente sistema de salud que son fundamentales para el desarrollo de toda nación.

La educación es uno de los factores que más influye en la superación de las personas y las sociedades, mientras que en la ignorancia se ceba la delincuencia que roba la paz de los tiempos idos. Para el caso, cuesta imaginar a un letrado ligado a una estructura criminal o desnaturalizando el espíritu limpio de la política.

Corresponde al gobierno de los tres partidos aliados sacar la casta por Honduras y recuperarla de cara al futuro, a fin de que no tengamos que recurrir a recuerdos del pasado para mitigar las angustias que nos provoca el presente.