24/11/2025
03:45 PM

Déjate sorprender

Elisa Pineda

Hace pocos días, reflexionando con un buen amigo, le decía que es cierta aquella frase que dice que no son las personas las que nos fallan, sino las expectativas que nos hacemos de ellas. Llegaba a esa conclusión, luego de compartir un par de experiencias que había tenido en una semana compleja.

Desde ese punto de vista, tendríamos que desapegarnos del deseo frecuente de suponer que las personas actuarán ante ciertas situaciones de la forma en la que nosotros pensamos.

Lo más frecuente es pensar: si yo soy buena persona con alguien, recibiré bondad a cambio. Pero no necesariamente es así. Me costó mucho tiempo - y algunas lágrimas - comprender que actuar de buena fe no es garantía de recibir lo mismo de los demás.

Hace algunos años, conversando con un amigo psicólogo, me decía: los padres deben enseñar a sus hijos a actuar bien por convicción, no por lo que van a recibir, sino porque es su forma de vida, basada en sus creencias y sus valores.

Conocer eso y asimilarlo como parte de la vida nos aliviaría muchos problemas en la adultez.

En ese momento lo escuchaba desde mi perspectiva de madre; sin embargo, para transmitir nuevas formas de ver la vida a los hijos, estamos llamados también a cambiar nuestra propia perspectiva como individuos, así que desde entonces busco recordar esa lección. A veces lo logro, en otras me doy cuenta que esto es un asunto inacabado.

Cada cierto tiempo, cuando caigo en la tentación de desilusionarme ante alguna acción que considero poco empática o falta de bondad, trato de recordar aquella enseñanza de vida: actuar por convicción, sin esperar a cambio.

Dejar las expectativas a un lado implica no esperar nada, ni bueno, ni malo. ¿Lo ha intentado? Es una tarea difícil, quizás porque la incertidumbre nos provoca demasiadas inquietudes y, de alguna manera, buscamos dar forma a aquello que nos espera.

No tener expectativas puede ser hasta cierto punto aburrido, si no vemos el otro lado de la moneda: ¿qué esperan los demás de nosotros? Quizás ese sea el enfoque que debemos asumir. La forma en que actuamos con los demás, lo que reflejamos en nuestro día a día debe ser congruente con nuestras creencias y valores. ¿Somos respetuosos con nuestra propia forma de pensar?

¡Déjate sorprender y sorprende a los demás! Date la oportunidad de descubrir lo que despiertas en las otras personas: cariño, admiración, respeto, amistad y confianza.

Pero también hay que darse la oportunidad de sorprender a los otros, buscando la congruencia, con buena voluntad y empatía.Hace pocos días fui sorprendida gratamente por un equipo de trabajo de la empresa de la que formo parte. Recibí un obsequio como agradecimiento por mi apoyo a su labor. Fue inesperado y quizás por ello, doblemente hermoso.

Justo un día antes había sucumbido a la tentación de pensar “parece que nadie valora lo que hago” sacando una conclusión general sobre un hecho muy particular.

La respuesta que tuve fue: ¡déjate sorprender! La vida nos presenta su lado más hermoso si gestionamos nuestras expectativas y nos enfocamos en lo que podemos cambiar, que se encuentra en nuestras propias acciones, no en las de los demás.

¡Déjate sorprender! Para descubrir nuevas personas y afectos, para comprender a los otros, para valorar lo que tienes y para vivir a plenitud, asumiendo que no tienes que ser agradable a todos, pero que siempre habrá personas que te aprecien por lo que eres. Déjate sorprender, pero también prepárate para sorprender. Hay que comenzar ahora.