05/04/2026
12:00 AM

¿Causa o casual?

En muchas ocasiones empleamos sin pensar palabras inadecuadas, tal es el caso del presidente del Consejo de la Judicatura hondureña cuando un periodista de Radio Globo le hizo una pregunta acerca de los sueldos de los miembros de esa entidad y este señor habló de concejales como si ese organismo fuera un “concejo”. Olvidó el connotado jurisconsulto que los concejales son los miembros de un concejo (ayuntamiento, municipalidad) y el Consejo de la Judicatura no es ninguna corporación municipal, es un “consejo” (con s). “El artículo 53 establece varias causales en las que se podrá suspender del cargo a empleados o funcionarios judiciales...”, se lee en una nota judicial. Los abogados manejan sus tecnicismos léxicos y en verdad que la mayoría son muy interesantes. Los juristas de Venezuela no hablan de “asociación ilícita” como los nuestros, los coterráneos del fundador del socialismo del siglo XXI se refieren al “engavillamiento”. Pero a veces se notan algunas rarezas en tan romano lenguaje, como la palabra “causal”. Se podría decir que un factor “causal” de la delincuencia en Centroamérica es la falta de oportunidades; pero no una causal. Causal es un adjetivo que se refiere a la causa o se relaciona con ella. Lo que se infiere en el lenguaje jurídico respecto a “causal” es una sustantivación adjetival; por lo que no hay razón de hablar de causal, sino de causa: “Faltar tres días consecutivos y sin justificación es causa de despido en un trabajo”.

Alguien dijo que los nombres de personas marcan la personalidad de quien los lleva; esta es una opinión y por ello es subjetiva. Interesa más hablar de comillas en nombres propios e hipocorísticos. Las marcas de los productos o de servicios son nombres propios; así tenemos Coca Cola, Pepsi, La Prensa, Tigo, Tengo, Claro, Estilo, Tiempo, Panadol, Cemesa. Pero la pobreza gramatical de algunos profesionales de la publicidad y aun de periódicos muchas veces entrecomillan nombres propios (ya sean de marcas, servicios, festividades, eventos), por lo que no es extraño mirar casos como Vaya y ahorre en Supermercados “La Colonia”; otras veces leemos que “Los Juegos Olímpicos” fueron un éxito; o que en marzo cae el “Día del Padre” en Honduras; también es frecuente leer en el periódico que tal información la dijo “New York Times”. Estas comillas no tienen razón de ir en estos casos, pues son marcas o nombres propios. Otra situación que se observa en algunos diarios es el nombre “Mel” Zelaya por Manuel Zelaya, “Pep” Guardiola por Josep Guardiola. Mel y Pep son hipocorísticos, por lo que las comillas son innecesarias, pues se refieren a nombres propios. Entrecomillar estos sustantivos connota en el nombre algo nada agradable de la persona aludida; por consiguiente, después de agramatical, es ofensivo entrecomillar hipocorísticos.

Un lector comenta que la expresión “Se necesita personal de ambos sexos” es un tanto oscura. Está claro que esa oración se trata de hombres y mujeres; pero significativamente ambos sexos podría tratarse de hermafroditas (como las lombrices que son hembra y macho a la vez). En este caso, lo ideal es “Se necesita personal de uno y otro sexo” y ya no habrá ambigüedad