Políticas para atraer la inversión

La última propuesta de este Gobierno para atraer inversión extranjera son las zonas de empleo y desarrollo económico, que supuestamente generarán miles de empleos y combatirán eficazmente la migración. Esta es la última de una serie de intentos de atraer la inversión extranjera y crear empleos, de las demás propuestas solo nos quedan los nombres bonitos como Honduras 20/20 y otros por el estilo. Pero, fuera del rechazo generalizado con que se ha encontrado el tema de las zede, ¿por qué fracasan estas propuestas de desarrollo?, cuando nadie puede negar en Honduras que el desempleo es uno de los grandes problemas que tenemos como país.

No resulta fácil crear un marco conceptual y práctico para entender de la forma más completa lo que desea encontrar la inversión extranjera en un país, así como entender la dinámica de las inversiones y su propia naturaleza. Estas propuestas de desarrollo fracasan por varios factores, entre los que se destacan, la falta de unidad, la cultura de la sospecha y la politización. Qué hacer para combatir todos estos factores, con unidad, el problema es que la visión de país es solo otro bonito nombre que les damos a nuestras frustraciones.

A los hondureños nos gusta disfrazar las cosas que nos frustran y nos causan problemas, preferimos refugiarnos en el lenguaje elegante de una ley o una propuesta rimbombante que enfrentar la realidad como país; vivimos de la improvisación y la falta de planificación en el futuro es uno de los eslabones que estancan nuestro desarrollo y frustran nuestros anhelos.

Crear ese marco conceptual para entender la naturaleza de la inversión extranjera y sus necesidades no es posible solo con bonitas frases o palabras rebuscadas, se necesita la unidad de todas las fuerzas, las burocráticas y las productivas que son las que conocen los bemoles con que se encuentra cualquier tipo de inversión en nuestro país. Es decir, si vamos a privilegiar la inversión extranjera, pongamos también en igualdad de condiciones la inversión nacional, porque no podemos pensar en desarrollarnos a expensas de colocar en desventaja nuestras propias empresas. Hay demasiados temas que abordar en el campo de las políticas de inversión, como para creer que un par de burócratas va a hacer una ley y con eso es suficiente.

Esa cultura de la sospecha en que vivimos los hondureños la han creado los políticos con sus mentiras, ya nadie cree en nadie, todo tiene un trasfondo y siempre se esconden intereses oscuros detrás de toda propuesta, ese es el pensar del hondureño y contra eso es difícil luchar. Cualquier iniciativa está destinada al fracaso mientras no haya unidad y dejemos de politizar cualquier iniciativa. Solo dos ejemplos, de diferente color para que no se piense que estamos hablando con una tinta azul o roja.

Recién el INA aprobó un convenio para digitalizar los expedientes de una institución arcaica, infuncional y lenta, pero inmediatamente se tildó de estar envuelta en oscuros intereses relacionados con las zede; en el Gobierno de Manuel Zelaya se trató de acabar con la mora agraria en el mismo INA con un decreto que finalmente fue declarado inconstitucional.

Entonces qué nos queda. Hasta que no seamos capaces de vernos cara a cara como hondureños, sin disfraces políticos y con un discurso patriótico, seremos incapaces de decirle al mundo que Honduras es tierra fértil para la inversión, con propuestas que estén respaldadas por la experiencia de nuestros empresarios, con el respaldo de nuestros legisladores y en estricto apego a nuestra Constitución y al Estado de derecho.