Sardinas y tiburones

En Honduras, las autoridades competentes de controlar el crimen organizado del narcotráfico se han convertido en pescadores especialistas de sardinas, pero no de tiburones.

Esta actividad criminal se convirtió en un millonario negocio en todos los niveles, desde el narcomenudeo que se promueve especialmente en los barrios y colonias marginales hasta altas esferas de la sociedad y, entre ellos, señalados los tres poderes del Estado. Este flagelo continúa teniendo al país como uno de los más peligros del mundo, donde las masacres se volvieron tan comunes para los 9,300,000 habitantes, debido a que la inseguridad pulula las 24 horas del día y los 365 días del año y por los 298 municipios del territorio nacional, en especial en las principales ciudades, como Tegucigalpa y San Pedro Sula, adonde a cada hora se produce un homicidio.

La sociedad hondureña reclama por qué tanto gasto para controlar ese flagelo y con tan pocos buenos resultados, ya que las extorsiones siguen incontrolables y se han convertido en un pago obligatorio ante el conocimiento de las autoridades competentes.

El año pasado fueron 3,996 homicidios. La primera semana de enero 2020 sumaban 50 asesinatos, vale que todas las semanas capturan a los principales jefes de esos grupos antisociales

Y confirman que fueron detenidos con cierta cantidad de dinero, drogas, celulares, pero en las imágenes de los medios de comunicación se aprecian unas cuantas bolsitas de droga barata, unos billetes de cien arrugados y viejos teléfonos con las pantallas quebradas. Esto se ha convertido en un círculo vicioso para justificar el derroche del fracasado presupuesto de seguridad, pues siguen descuidando la educación y salud, que son los dos pilares del desarrollo, adonde hay más policías que médicos y docentes. Y el pueblo sigue preguntando por qué solamente pescan sardinas y no tiburones en un país llamado Honduras.