¡Olanchito no debe rendirse!

Tomás Ponce, alcalde de Olanchito, me llamó la semana pasada. Superado el trauma de la muerte de dos jóvenes, me informó que había sido asesinado un hijo de Mario Ponce, a quien conocí en el cine Gardel, y de otro ciudadano, sacado del velatorio del mencionado, en Juncal.
Gentes de allá, me refirieron que sobre el cadáver del secuestrado colocaron un rótulo escrito a mano: “Falta uno”.

Además, Ponce Posas me informó que había intentado hablar con el director nacional de la Policía y que solo le respondió su asistente, una vez. Le pedí que me diera el número para intentarlo. Probé tres veces y tampoco me respondió. Ante tal silencio recurrí al general Pacheco Tinoco, en un mensaje en el que le explicaba los hechos. Una hora después, Ronmel Martínez, director de la DPI, me escribió que tomarían cartas en el asunto. Posteriormente, me escribió el comisionado Meza.

A los dos les pedí que ordenaran a sus subordinados en Olanchito que se acercaran a las autoridades locales y, en forma conjunta, analizaran el problema, ejecutando acciones preventivas y de persecución de los delincuentes. Posteriormente, Martínez informó que el viernes a las ocho de la mañana viajaría a Olanchito para reunirse con el alcalde municipal y otras autoridades.

El viernes, Ponce me llamó y le sugerí que invitara a todas las fuerzas vivas de Olanchito para que analizaran la forma de detener la espiral de violencia que azota a la ciudad y que me informara de los acuerdos a que llegasen con las autoridades policiales, cosa que hizo el pasado lunes.

Ese mismo viernes por la mañana fue asaltado el comisariato de Limones, propiedad de la Standard Fruit Co., en donde los delincuentes robaron una alzada cantidad de dinero. El sábado se efectuó la reunión convenida.

Al tiempo que agradezco la respuesta de las autoridades de seguridad, aprovecho la oportunidad para recomendar que, además de la investigación y captura de los responsables, la sociedad civil de Olanchito, encabezada por Ponce Posas, debe desarrollar y aplicar una estrategia de inteligencia y organización destinada a prevenir la comisión de los delitos.

La ciudad puede detener la vorágine de violencia que la azota. Si no se hace lo que señalo y se coordina la sociedad con la autoridad policial, la Ciudad Cívica puede convertirse en la ciudad del crimen. Hay que superar el miedo, la desconfianza entre los políticos de oposición y las autoridades centrales y locales, evitando el sectarismo que, desafortunadamente, igual que a nivel nacional, tiene polarizados a mis paisanos, lo que deja un espacio libre para la delincuencia, que, justificada en la pobreza, amenaza la tranquilidad ciudadana.

De acuerdo con las fotografías de la reunión que me enviara Ronmel Martínez, Ponce tiene dudas. Y por su actitud corporal sigue --desde su posición política, que respeto y defiendo en su caso, como en el de muchos otros compatriotas-- desconfiando de la autoridad, lo que favorece a los delincuentes que, aprovechando el vacío, hacen de las suyas. Frente a los delincuentes, no hay más que la unidad de los buenos para luchar contra los malos. De lo contrario les molerán a palos a todos, aunque lo malos sean minoría.