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Aprendiendo a ser felices

  • Actualizado: 21 mayo 2008 /

El hombre viene al mundo en un cuerpo pequeño, feo, lleno de arrugas y en una forma no muy higiénica y se va de este mundo con un cuerpo grande, lleno de arrugas y en una forma no muy digna.

    El hombre viene al mundo en un cuerpo pequeño, feo, lleno de arrugas y en una forma no muy higiénica y se va de este mundo con un cuerpo grande, lleno de arrugas y en una forma no muy digna. Valiente principio y fin de la vida de todo hombre; sin embargo, el anhelo de ser feliz en la cortedad de su vida terrenal le acompaña toda la vida. Fruto de sus grandes anhelos, el hombre sueña con la felicidad; desde los grandes filósofos y teóricos, hasta el más simple de los mortales sueña con ser feliz, en una imagen que no diferencia mucho entre uno y otro. Los padres fundadores de la nación americana recogieron en el texto de su Constitución, como pocas en el mundo y encausándose en el pensamiento del inglés John Locke, que sus ciudadanos tienen 'derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad'.

    El derecho a la búsqueda de la felicidad como un derecho político de todo hombre fue así consignado en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América, como primera democracia moderna en el mundo; tal concepción de la felicidad como un derecho político y como objetivo del Estado moderno entraña un profundo deseo de hacer feliz al hombre, desde el ámbito de lo político. No sólo es la concepción del Estado como garante de la vida y de la propiedad privada, sino también como estructura y medio para la búsqueda de la felicidad. Es, entonces, cuando pienso en nuestro pueblo agobiado por tantos pesares, cargado con tantas injusticias, maltratado por aquellos que él mismo llama padres de la patria y me pregunto ¿quién busca la felicidad del pueblo?

    Para John Locke, como teórico del Estado moderno, el pueblo es el dueño y señor de la soberanía, la que sólo delega en sus autoridades, pero cuando éstas no piensan en sus intereses, cuando éstas no se empeñan en la búsqueda de su felicidad, bien puede retomar esa soberanía, a la que nunca renuncia y de la cual es propietario absoluto. Este escenario de búsqueda de la felicidad y de soberanía popular exige, según Locke, el carácter público de la política y el debate entre los partidos políticos. Esta felicidad es inalcanzable para el pueblo hondureño. Posiblemente lo mejor sería aprender a ser feliz como dice el profesor Tal Ben-shahar de la Universidad de Harvard, que dicta la clase de 'cómo encontrar la felicidad'. Anota el profesor Ben-shahar que nos concentremos en lo positivo en vez de en lo negativo, que aprendamos a expresar gratitud por lo que tenemos, por el privilegio de tener una familia y comida en la mesa y que no veamos las situaciones difíciles como una catástrofe, sino que nos preguntemos qué podemos aprender de ellas. Yo prefiero confiar en las palabras del humilde carpintero de Galilea que dijo: 'Felices son los pobres de espíritu, pues ellos verán a Dios'.