San Pedro Sula, Honduras
Silvano Berríos llora todas las noches la inesperada partida de su esposa Gladys Bustillo (42), quien falleció de la noche a la mañana hace 46 días, tiempo que él lleva cumpliendo la función de padre y madre.
Suspira con dolor y hace la promesa, frente al retrato de su amor eterno, que luchará y velará por sus cuatro hijos hasta el último aliento de su vida.
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Silvano tiene 58 años, es abogado y hace cinco días estuvo a punto de ser víctima, junto con su compañero de trabajo, de un ataque armado en el centro de San Pedro Sula.
Solo cinco minutos lo separaron de la muerte, pero hoy puede recordar el Día del Padre en compañía de sus dos hijos menores, Agustín y Beatriz, quienes representan su inspiración para salir avante en todos los planes trazados día a día.
Por eso, este hombre considera que es una bendición estar ahí para sus hijos.
Su familia era feliz y completa hasta cuando su esposa falleció de un paro respiratorio mientras se encontraba en casa platicando con él.
Desde entonces, la vida le cambió por completo y pudo comprender que las funciones de su mujer eran múltiples como las de él.
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Ahora le toca hacer el intento de sustituirla, convirtiéndose en un padre de familia ejemplar que poco a poco se adapta a ser mamá y papá a la vez.
Antes solo debía levantarse, arreglar su maletín y sentarse a la mesa a consumir el desayuno. Ahora tiene que levantarse a despertar a sus hijos Agustín y Beatriz para ir al colegio y el trabajo, respectivamente. Les toca desayunar en una cafetería cerca de la ciudad.
A las 7:00 am, el menor de la casa debe estar en su centro educativo.
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Ayudarle con las tareas ha sido complejo. Su disciplina de adulto de oficina debe conectarse con la inquietud e hiperactividad de su retoño. “Trato de estar pendiente de sus tareas. Nos hemos acostado bien tarde haciéndolas y hay que hacer maquetas también.
Es algo bastante ajetreado para mí, pero ellos siempre me dicen que saldremos adelante”, dice con voz melancólica.
Lavar la ropa en máquina ha sido otro dolor de cabeza, pues nunca aprendió a “descifrar los códigos”.
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En el colegio de su pequeño, en su lugar de trabajo e incluso muchas personas alrededor de donde trabajaba su esposa reconocen el heroico esfuerzo que el padre amoroso y visionario hace por sus hijos. Ha tenido que aprender a escuchar los consejos de amigos y familiares para organizarse.
“El atentado que sufrió un compañero mío me puso a pensar mucho en mis hijos.
Si me pasaba algo, cómo quedarían ellos. Por eso hablé con mi madre para que me garantizara que estarán en buenas manos si algún día les falto”, dice entre lágrimas.
Silvano sugiere a todos los caballeros que dejen que sus hijos se expresen, dediquen tiempo a sus esposas y aprendan de ellos. “No todos los días tendremos la oportunidad de tenerlos cerca”.