05/04/2026
10:16 PM

'Me desahogo picando leña”

De niño pastoreaba las ovejas del humilde patrimonio de sus padres en un pueblito de la provincia de Burgos, en España, donde comenzó a sentir el llamado del Señor para que también se convirtiera en pastor de almas.

De niño pastoreaba las ovejas del humilde patrimonio de sus padres en un pueblito de la provincia de Burgos, en España, donde comenzó a sentir el llamado del Señor para que también se convirtiera en pastor de almas.

Su deseo de ser sacerdote misionero se cumplió y ahora Ángel Garachana Pérez vive con intenso fervor su trabajo a favor de los más pobres como obispo de San Pedro Sula.

A los nueve años, su padre le entregó la hoz y la zoqueta para que segara el trigo y el centeno, trabajo que continuó realizando aún siendo sacerdote, cuando iba a vacacionar a la casa de sus progenitores.

Los feligreses lo han visto empuñando la cruz de la redención como representante de Cristo, pero no manejando el azadón y el hacha cuando va a los retiros espirituales y quiere evocar los años de su infancia en Barbadillos de Herrero, donde aprendió a usar esas herramientas.

“Soy serrano o montañés, me crié en el seno de una familia labradora, conozco desde niño lo que es el trabajo y si alguien quiere verme manejar el hacha o la azada, puede ir al monte de Horeb cuando me retiro a descansar y me desahogo picando leña”, dice el religioso, quien enarbola en sus cabellos el color de la paz.

En su oficina de la parroquia no puede demostrar sus habilidades de labrador, pero sí las de jugador de la pelota vasca, un deporte que practicaba en forma profesional cuando fue seminarista.

“Es un deporte que se juega con la mano y una pelota que tiene un bolo dentro, que es lo que le da el bote o salto”, explica el sacerdote mientras hace una demostración de su habilidad.

De su armario particular sacó la pelota hecha de lana y forrada con cuero de gato, la que lanza contra la pared y manipula con tanta rapidez que parece perderse entre sus dedos.

“Es el deporte que aprendí a jugar de niño, hay que tener la mano preparada y practicar con mucha frecuencia”, dice.

¿Qué más le enseñaron sus padres?

Fue esa fe en Dios, sobre todo mi madre me educó muy religiosamente.

A los ocho años había hecho mi primera comunión y ayudaba al sacerdote cuando la misa se celebraba en latín.

Aunque tenía que ayudar en el trabajo del campo, nunca perdí la escuela.

Incluso, aprendí a leer en casa antes de ir a la escuela a los seis años, mis padres eran sencillos y humildes pero preocupados por nosotros.

En la escuela fui un niño aplicado, teníamos un libro grueso que se llamaba la Enciclopedia de Álvarez, que a los 12 años ya me había aprendido.

Mi maestro me ponía a ayudar a los pequeños.

Mi infancia fue gozosa, no tengo recuerdos que me hagan daño, desde muy niño también fui sintiendo ese llamado del Señor.

Yo siempre decía: quiero ser sacerdote misionero.

Dios puso en mi corazón ese llamado al que he sido fiel y me ha llevado hasta la situación actual en que me ha puesto como obispo de San Pedro Sula.

¿Qué jugaba?

Mis juegos eran los tradicionales que he visto en Honduras: la rayuela, llevar el aro rodando y la peonza o trompo.

Debido a la sencillez y la pobreza de mis padres, que teníamos solamente lo elemental para vivir, y en un pueblecito de la montaña, apenas había juguetes como ahora.

Yo me alegro de que no hubiera porque así desarrollamos la habilidad de hacerlos nosotros.

Me gustaba ir por la montaña a caminar, a ver los animales.

Soy el mayor de cuatro hermanos, tres varones y la última hembra.

Desde que podía, tuve que cuidar a mis hermanitos cuando mis padres trabajaban en el campo.

Con los demás hermanos hacíamos las labores de casa, como barrer el portal de tierra o pastorear las ovejas.

¿Siempre mantiene esa serenidad?

He sido una persona tranquila, pacífica, no he sido muy peleón, desde niño tenía un carácter tranquilo; llevé también tantos años de formación en el seminario en los que uno aprende cómo controlar sus impulsos.

Lo que pasa es que ustedes no me han visto cuando me pongo enojado.

Lo que más me enoja es la irresponsabilidad, cuando alguien debe hacer algo y no lo hace; a veces yo me enojo conmigo mismo porque no hago bien las cosas.

Los perfeccionistas como yo tenemos de bueno la responsabilidad, pero sufrimos mucho cuando las cosas no salen bien.

¿Cuáles son sus aspiraciones personales?

Seguir cumpliendo esta misión que Dios me ha dado.

Ser obispo es vivir entregado a esta tarea de animar la fe de este pueblo, de anunciar el Evangelio de Jesucristo, de visitar las comunidades, de trabajar para que nuestra gente tenga una vida en plenitud.

No pretendo otra cosa, creo que aquí se está realizando mi vida, que la tarea que he recibido es enorme, queda tanto por hacer y, por tanto, seré feliz continuando esta misión.

¿A qué dedica su tiempo libre?

Mis tiempos libres no son tantos, por ejemplo, televisión apenas veo. Para mí un alimento intelectual y espiritual es la lectura.

Como podréis ver, aquí hay unos dos mil libros, no los he leído todos, pero sé dónde está cada uno, tengo un poco de poesía, de literatura, de filosofía, de teología, de espiritualidad.

Cuando me retiro es para estar solo o tranquilo, estar relajado, pasear y pensar.

Algo que disfruto cuando voy por las zonas rurales es caminar, siempre me gustó desde niño ir por las montañas.

Me gusta la música clásica, no esa música de mucho ritmo y ruido. No escucho música para mover el cuerpo, sino para estar tranquilo; pero cuando estoy trabajando o estudiando prefiero el silencio.

No soy ningún especialista, en mi seminario era mi caballo de batalla aprobar las clases de solfeo.

¿Le gusta el fútbol?

En el seminario, practicaba un poco de todos los deportes, pero en fútbol no era de los buenos ni de los malos.

Aquí la gente sabe que tengo el verde de la esperanza aunque las cosas vayan mal.

Es el verde del Marathón.

Hay que defenderlo aunque esté en los últimos lugares.

No sigo a los equipos de la liga española porque aquí en Honduras estoy de tal manera metido que no veo televisión española, no leo los periódicos y ni sigo el deporte español.

Mi atención y mi preocupación están en Honduras y trato de seguir los aspectos religiosos, políticos y sociales de este país.

¿Ha viajado mucho por este país?

No hay muchas personas que conozcan Cortés y Atlántida mejor que yo.

Conozco las cuevas de Talgua, he entrado a las cuevas de Taulabé, he subido a El Merendón hasta un lugar desde donde se ve Puerto Barrios.

Los eventos sociales no me atraen ni los grandes lugares comerciales de la ciudad, no siento atracción por las aglomeraciones ni ver cosas que no voy a comprar.

¿Para qué voy a perder el tiempo? Prefiero la naturaleza, me gustan más el campo, los paisajes y la frescura de las montañas.

¿Cuáles han sido sus experiencias más agradables aquí?

La relación y el contacto con la gente.

Por ejemplo, siempre tengo la mesa llena de papeles, de cartas que resolver.

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“Cuando más creo en Dios, más tengo que amar a los hijos pobres de Dios y cuanto más me entrego a esos hijos pobres, siento que más crece mi fe en el'

Esto me lleva bastante tiempo, casi tengo que amarrarme a la silla.

Donde me siento más realizado y contento es en el encuentro con la gente, cuando me voy a las comunidades de las laderas, a veces a caballo.

Ese encuentro con su sencillez, con su fe, con la pobreza o el cariño que ellos manifiestan.

Allí veo que vale la pena entregar la vida por los demás.

Me reciben no sólo como Ángel Garachana, sino que ven en mí al representante de Jesucristo o el obispo.

Percibo con qué afecto me reciben y me ofrecen lo poco que tienen, quieren saludarme o abrazarme.

Se alegran cuando ven que pueden acercarse a mí sin protocolo o ven que puedo sentarme en cualquier lugar de su casa.

¿Qué piensa la Iglesia del reggaetón?

El criterio de la Iglesia ha sido siempre que la música, el baile o los deportes o todo lo que practica la juventud sea algo más que letras obscenas o bailes provocativos.

Un joven que quiere vivir los valores de una juventud sana sentirá que su conciencia le dice que eso no está bien.

Pero también veo que no se debe ser tan moralizante, que veamos pecado por todos lados.

Hay algunos tan exagerados que a los jóvenes le dicen que no pueden hacer esto o lo otro.

Se les repite tanto que luego preguntan: Bueno, ¿y qué puedo hacer?

¿Qué hacer para contrarrestar la violencia?

Ésa es una de las realidades que me preocupan, pienso mucho cuál es la causa de tanta violencia, tan grave, tan loca como la que estamos viviendo, no acabo de verle explicación.

Me pregunto qué está pasando en el corazón de tantas personas, para que con tanta facilidad ya no sólo se robe algo, sino que se mate.

Se ha deteriorado algo en la conciencia moral, como también un deterioro social.

Creo que se trata de recomponer la conciencia de la sociedad y avanzar como una gran campaña educativa del valor de la vida y de los valores morales.

¿Hay quienes no llegan con fe a la iglesia?

Es difícil juzgar que vayan a la iglesia sin fe.

Si llegan ya es un acto positivo, lo único es que cuando vamos a la Iglesia hemos de ir con todo el corazón y con el deseo y por tanto a vivir lo que allí celebramos.

Para mí, dos palabras inseparables son Dios y los pobres, forman parte de lo más hondo de mis convicciones y mi vivencia.

¿Hasta cuándo estará frente a la Diócesis?

Según las normas de la Iglesia, el obispo, al cumplir los 75 años, presenta al Papa su renuncia.

Cuando el Papa se la acepta, deja la responsabilidad de la Diócesis aunque sigue siendo obispo, o puedo decidir otra cosa si tengo salud.

Suelo decir que ya tengo mi agujero detrás de la tumba de monseñor Jaime Brufau, en la Catedral, y que, por tanto, si Dios no dispone otra cosa, allí se quedarán mis huesos.

Su perfil

Nombre: Ángel Garachana Pérez

Lugar y año de nacimiento: Villa de Barbadillo de Herreros, provincia de Burgos, España, el tres de septiembre de 1944

Estudios: Cursó teología en el Claretianum de Roma y en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde obtiene la licencia en teología

Ordenación

El 19 de marzo de 1972 es ordenado sacerdote, en Colmenar Viejo, Madrid; y en septiembre de ese mismo año es destinado a la comunidad claretiana de San Pedro Sula, donde ejerce su ministerio sacerdotal hasta 1975.

El 3 de febrero de 1995 es ordenado obispo de la Diócesis por monseñor Óscar Andrés Rodríguez y monseñor Jaime Brufau, Qepd, su antecesor.

Extractos

Fidelidad:

“La fidelidad no significa rutina, es creativa, renueva las formas del amor. Parece que sólo las aventuras exteriores dan alegría. Necesitamos esa fidelidad por el bien de la familia”.

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En una pintura de su pueblito natal señala la casa donde nació y también se observa un rebaño de ovejas como las que él pastoreaba.

Educación:

“Si los jóvenes tuvieran una educación de nivel medio o universitario y miraran el futuro con esperanza, disminuiría la violencia”.

Mandamientos:

“La buena persona cumple con los dos mandamientos: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo también con todo el corazón, especialmente al más pobre”.

Sociedad:

“No sólo la familia influye; hoy en día la educación desborda el ambiente familiar y toda la sociedad educa y deseduca”.

Conducta:

“El buen cristiano camina con los dos pies, el pie del comportamiento moral en la vida y el pie el culto de la liturgia, con los demás miembros de la comunidad”.

Ideales:

“Cuando uno mira la vida sin ilusión, sin ganas, no ve futuro, no tiene trabajo; cuando la educación es baja y pasa todo el día haraganeando, se crea jóvenes desmotivados, desarraigados, sin mucho sentido de la vida”.

Sus frases

“Hay jóvenes desmotivados, a la juventud se le debe proponer valores, motivaciones que le den ganas de vivir y una vida que la llene”.

“La religión no es sólo cumplir unos ritos, enciendo una candela, toco a un santo y ya está. No sólo está en el templo”.

“A los jóvenes, como decía el papa Juan Pablo Segundo, hay que ponerles propuestas, hablarles de ideales nobles, hermosos y de esperanza”.

“La religión es una adhesión, un amor, una entrega a Dios de todo corazón y de verdad. Esa entrega se debe demostrar en la entrega al prójimo”.

“El combate a la violencia es una gran campaña de toda la sociedad para formar la conciencia en el valor sagrado de la vida”.