La Cruz Roja calcula que alrededor de 300 millones de los mil 100 millones de personas que carecen de acceso al agua segura en el mundo sufren ese problema debido a las guerras.
“En todos los países donde trabajamos, donde haya una guerra abierta, fuerte o un conflicto interno, hay siempre problemas del acceso al agua de las poblaciones, especialmente cuando éstas son desplazadas y carecen de buenos accesos” , dijo el ingeniero de la Cruz Roja, Riccardo Conti.
El especialista del Comité Internacional de la Cruz Roja, Cicr, explicó que en estos momentos las crisis humanitarias más graves vinculadas con el agua están ocurriendo en Irak, Costa de Marfil, Congo, en las prisiones de Camboya y en Darfur, Sudán.
Conti sostiene que las guerras son una especie de “bomba de tiempo”, porque al dañarse las redes de agua aumentan enfermedades como el cólera y las diarreas.
En noviembre de 1994, la Cruz Roja organizó en Montreux, Suiza, su primer encuentro internacional de expertos en un problema en el que ha estado trabajando desde fines de la década de los años 80: la relación entre el agua y las guerras.
Los especialistas advirtieron entonces que la violencia asociada a la carencia de agua y la reducción del agua como consecuencia de guerras iban a aumentar en el planeta.
También calcularon que en el 2025 habría en el mundo unos tres mil millones de personas con escasez crónica de agua, 10 veces más de los que había en 1990, lo que podría exacerbar la inmigración.
El derecho de las víctimas de guerra al agua y a la alimentación está recopilado en la Cuarta Convención de Ginebra (1907).
Sin embargo, la realidad es que hay veces en que las redes de suministro y las plantas de tratamiento de agua se convierten en objetivos militares.
En 1991, en Irak, las fuerzas de la coalición que encabezaba EUA atacaron instalaciones esenciales, lo que afectó el suministro de agua, algo que no ocurrió en el 2003, cuando los daños a la red fueron más “por saqueos y vandalismo”.
Costa de Marfil es otro punto crítico. El norte del país está controlado por rebeldes, lo que hizo que la compañía que ofrecía el suministro dejara la zona y, a la vez, de prestar servicios de agua potable a la gente.
El experto recuerda que no en todas las guerras, por razones culturales, los combatientes tratan igual el agua.
“Tengo la impresión de que en los conflictos de África y Asia los combatientes respetan más el agua que otros, y no he visto nunca que usen el agua como arma de modo deliberado, como sí ocurrió en Bosnia, donde se cortaban las tuberías que iban hacia zona enemiga”, señala.