El miércoles Santo fue un día especial para los sacerdotes y para la feligresía católica de Cortés, Atlántida e Islas de la Bahía.
Ayer no sólo se celebró la Misa Crismal; también los presbíteros celebraron el Año Sacerdotal y la llegada de los sacerdotes paulinos al país hace cien años.
Los actos religiosos comenzaron a las diez de la mañana con el ingreso, por la entrada principal, de los más de 80 sacerdotes de la diócesis de San Pedro Sula a la catedral San Pedro Apóstol.
Las lecturas cristianas citadas en los libros de Isaías y San Lucas, cantos y una oración formaron parte de la liturgia donde la celebración central fue la renovación de las promesas sacerdotales.
Año sacerdotal
Este año el evento cristiano de Miércoles Santo se denominó “Misa crismal del año sacerdotal”
Monseñor Ángel Garachana, obispo de la diócesis de San Pedro Sula, dio el mensaje dirigido a los sacerdotes y los llamó a hacer la voluntad de Jesucristo, a pedir perdón a la feligresía y a Dios por sus fallas. A los fieles les pidió orar por sus sacerdotes.
“Quiero dar gracias a Dios por los sacerdotes en nombre mío y de todos los fieles. Por los hondureños que ya son un buen grupo y fruto de estas familias y de la vida de las comunidades y las parroquias y por los misioneros que son más. Y así como los hondureños simbolizan la encarnación en este pueblo, ustedes significan la universalidad de nuestras iglesias”, dijo Garachana en la homilía.
El obispo agradeció a los sacerdotes de su congregación la entrega al Señor, el servicio en la diócesis y la dedicación a los fieles.
Antes de celebrar los actos de renovación de promesas sacerdotales, monseñor les habló del perdón.
“Con la acción de gracias y el deseo profundo de renovación es también momento para pedir perdón al Señor y a los hermanos por nuestras fallas, pecados, falta de entrega y de generosidad. A los fieles que extiendan esas oraciones a los seminaristas y a las vocaciones para que haya crecimiento en el número de sacerdotes en todo el mundo.
No cedamos al desaliento, ni al desánimo, pongamos nuestra confianza en el Señor para que nuestro pueblo tenga vida abundante y nuestro Dios sea glorificado”, expresó Garachana.
Renuevan compromisos
El prelado explicó a la feligresía que abarrotó la catedral, que renovar las vocaciones es necesario en la Iglesia, pues los sacerdotes, como cualquier otro ser humano, con el paso de los días empieza a sentirse cansado, desgastado y en rutina.
“Renovamos los compromisos adquiridos, nuestra fidelidad sacerdotal y nuestra vida y ministerio”, señaló.
Seguidamente Garachana les hizo las preguntas para dar fe a ese compromiso que hicieron años atrás, el día de su ordenación.
“Queridos hermanos sacerdotes, en esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿quieren renovar las promesas que hicieron un día ante su obispo y ante el pueblo santo de Dios”. “Sí quiero”, respondieron a una sola voz.
Después de esta respuesta, monseñor continuó haciendo las demás preguntas a las cuales los sacerdotes respondieron “sí” comprometiéndose nuevamente con la feligresía y con Jesucristo.
Consagración de los óleos
Después de la renovación de las promesas, los diáconos y ministros designados presentaron los óleos al obispo.
Los presbíteros, seminaristas y fieles presenciaron la consagración del Santo Crisma y la bendición de los óleos de los enfermos y catecúmenos. También se presentó el pan y el vino.
Y es que cada año el obispo consagra, antes de la pascua, el óleo del Santo Crisma que se utiliza en el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal.
“Somos ungidos con ese Crisma que simboliza el espíritu de Cristo. También se bendice el óleo de los enfermos y de los catecúmenos que reciben esta unción cuando son bautizados, que significa la fortaleza en la lucha contra el mal”, explicó monseñor.
Al finalizar los actos de consagración, la feligresía se dio el abrazo de la paz y participaron en la comunión.
Todos se despidieron después de una mañana llena de fe y devoción entonando el canto cristiano “Demos gracias al Señor”.
Al finalizar todos los actos, las distintas comunidades recibieron los óleos bendecidos y consagrados por el obispo, en esta Misa Crismal, con los que celebrarán a lo largo del año los sacramentos de la Iglesia Católica.