31/03/2026
09:35 PM

'Enterré un cadáver y no sé si es el de mi hija”

Familias de migrantes desaparecidos oran por el milagro y esperan pruebas de ADN.

El Progreso, Yoro.

Al menos 42 familias de la región noroccidental de Honduras ya decidieron someterse a partir del 27 de julio a las evaluaciones que hará el equipo de forenses argentinos en El Progreso.

Lo que se busca es identificar mediante el cruce de datos con el banco de información si hay migrantes hondureños en morgues y fosas comunes de México y Estado Unidos.

Previo a la realización de pruebas de ADN, las familias participaron en un taller el 10 y 11 de julio, donde sicólogos explicaron el proceso a las familias y lo que se busca con el procedimiento científico.

“Cada caso se ha codificado, es información confidencial la que se maneja y son tres forenses argentinos los responsables de las muestras que se realizarán en El Progreso y Tegucigalpa.

Tenemos tres casos que son atípicos y debe pedirse autorización para hacer exhumaciones”, indicó Marcia Ortiz, del Cofamipro.

Un caso en El Progreso, otro de Olanchito y de Las Minas en Urraco, son de los que esperan las autorizaciones para determinar la fecha en la que los forenses puedan realizar las exhumaciones de los hondureños.

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“No perdemos la esperanza, mi hermano está vivo”

Foto: La Prensa

Desde 1990 Carmen Bacilesa Cabrera busca a su hermano Venancio Rodrìguez, 52.

Han pasado 25 años desde aquella mañana que Venancio Rodríguez les dio un abrazo y se despidió con la promesa de ayudarles cuando encontrara trabajo en Estados Unidos. Desde esa fecha cada día la familia espera una llamada, una noticia que les diga dónde está el hijo y el hermano que se fue de Honduras buscando mejor suerte.
“Yo no siento que mi hermano esté muerto, él está vivo. Aún escuchamos los pasos de él cuando llegaba a la casa, pese a todo lo que dicen que ocurre en México, no perdemos la esperanza de hallarlo y vivo”, dijo Carmen Bacilesa Cabrera, hermana de Venancio.

Carmen, como cientos de familias hondureñas, está lista para que le tomen las muestras de sangre y que pueda hacerse el cruce de datos para identificar a los migrantes que se encuentran en México esperando ser identificados.

“Tomarse la muestra de ADN abre un rayo de luz, no perdemos las esperanzas para tener noticias de nuestro hermano. Sé que una noticia llegará. Haremos el examen para salir de dudas, pero mi madre y mis hermanos confiamos que aparecerá para decirnos que está bien y que no ha muerto”, dijo la mujer, que a sus 62 años cada noche pone en oración al hermano que desde un primero de enero dejó el hogar en busca de un mejor destino.

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“Enterré un cadáver y
no sé si es el de mi hija”

Ángela Orellana enterró supuestamente a su hija Karen Morales, pero duda que sean sus restos.
Un 18 de octubre de 1999, Ángela Orellana vio partir a su hija Karen Morales Orellana. La desesperación llevó a la joven de 27 a años a dejar su hogar y salir hacia Estados Unidos. Pero no transcurrieron ni tres días cuando una llamada telefónica le cambió la vida, le avisaron que su hija había muerto ahogada.

“Me llamaron y me dijeron que Karen se había ahogado en Malacatán, la corriente la arrastró, nos dijeron, pero el cuerpo no lo hallaban” relató á ngela.

Pasaron 10 días hasta que otra llamada les alertaba que el cuerpo de la progreseña había sido encontrado y que lo tenían en una funeraria. La familia, de inmediato, organizó un viaje hacia la frontera con Guatemala y México, pero no pudieron identificarla. La madre asegura que por una camisa, el esposo de la fallecida determinó que el cuerpo era el de su hija.

En medio del dolor, Ángela enterró a su hija en El Progreso, pero un año después una llamada telefónica que recibieron en la casa del vecino, la hizo entrar en dudas. Le dijeron que quien llamaba era su hija y que estaba viva. Cuando la mujer quiso atender la llamada, habían colgado y desde entonces Ángela no tiene paz. “Pido saber si enterré mi hija, quiero que me ayuden a exhumar sus restos y confirmar si la que enterré es mi hija”, pide Ángela.

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“Perdí contacto con mi hijo y queremos noticias de él”

Foto: La Prensa

Virginia Majano busca a su hijo Homer Roberto Molina. Se fue cuando tenìa 17 años.
Homer Roberto Molina, un jovencito de apenas 17 años, se fue de su casa un día del año 2000. Decidió dejar su familia par ir en busca de oportunidades a Estados Unidos. Le prometió a su madre que hallaría trabajo para ayudarla.

La madre cuenta que no estaba de acuerdo, pero no pudo detenerlo y el joven se marchó. Desde entonces nunca ha habido una llamada, una noticia, una señal que calme el corazón angustiado de Virginia.

“Solo he tenido informaciones de gente que se va mojada, me dicen que lo han visto cerca de la frontera de México con Estados Unidos, pero él nunca ha llamado. Aunque mi corazón me dice que Homer está vivo, debo descartar todo, por eso decidí hacerme la muestra de ADN, para que los forenses descarten si alguno de los cuerpos que han hallado es mi hijo. Confiamos en Dios”, dijo la mujer.

Cada noche, Virginia ora, pide a Dios protección a su hijo en el lugar donde esté. Estos 15 años han sido un verdadero calvario ante la incertidumbre de no saber de aquel hijo que desesperado por ayudarla se fue. “Él tiene un lunar y por ese lunar mucha gente me dice que lo han visto, pero solo nos queda esperar que Dios nos haga el milagro de saber qué pasó con él. Volverlo a ver es lo único que pido”, dijo la madre.

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“Me avisaron que a mi hijo lo mataron en México”

Foto: La Prensa

Rosa Elizabeth Flores busca a Renè Hernández, su hijo de 42 años, quien se fue a México.
La alegría desapareció del rostro de Rosa Elizabeth Flores, la madre de René Hernández Flores, quien hace tres años partió de nuevo hacia Estados Unidos, tras ser deportado de ese país.

La mujer no tiene paz, la angustia la invade ante el silencio de su hijo. La última vez que recuerda que habló René fue hace dos años de México. En esa llamada, el hombre desesperado le dijo: “Me voy a ir de acá mamá, porque en la casita donde estamos hicieron una tirazón y tenemos miedo”, relató Rosa.

Desde entonces no volvió a escuchar la voz de su hijo. Una semana después, relata la madre, la llamada de un hombre la desestabilizó. “El hombre que llamó me dijo que a mi hijo lo mataron. Yo de inmediato le dije que eso era mentira. Le pregunté si él vio cuando lo mataron y solo me dijo que no. Yo no me resigno, porque mi corazón de madre me dice que mi hijo está vivo”, dijo Rosa sollozando.

Ella es parte del grupo de familiares que se hará la prueba de ADN con los forenses argentinos. La mujer quiere descartar que su hijo esté muerto y confía que en poco tiempo una llamada le cambiará la angustia en alegría, cuando le informen que su hijo René está bien, que de nuevo trabaja en Estados Unidos. Entonces, sí volverá a tener paz.