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A 10 grados bajo cero en el Parque Nacional La Tigra

  • Actualizado: 18 octubre 2014 /

En estas montañas coronadas de neblina y humedad, el frío es un compañero constante. Algo extraordinario en un país tan tropical como el nuestro.

Honduras.

Me gusta el Parque Nacional La Tigra. Primero porque tiene una historia extraordinaria de recuperación, que lo convirtió de una zona devastada por la minería, a una área protegida insignia del país. Y segundo, porque tiene mil caras distintas, mil escenarios diferentes por recorrer.

El parque está en las afueras de Tegucigalpa. Se puede acceder a él a través de la carretera a El Hatillo y así llegar a Jutiapa, la entrada a la zona núcleo del parque (en menos de una hora de recorrido en carro). Aquí se encuentra un centro de visitantes donde se pueden adquirir los boletos de entrada, folletos sobre las rutas a recorrer (hay seis senderos diferentes) o contratar guías especializados que ayudarán a descubrir y conocer los secretos que guarda el parque (¡ah! Y una pequeña cafetería).

También hay un cómodo y muy limpio ecoalbergue que es una verdadera tentación para aquellos amantes del senderismo de montaña, el silencio de la noche, la paz del bosque y la observación de aves (entre marzo y mayo es tan fácil ver quetzales comiendo higos, justo en el árbol frente al centro de visitantes).
La otra manera de acceder al parque es a través de la localidad de San Juancito, en el municipio de Valle de Ángeles.

Por aquí se debe subir una empinada carretera que bien amerita un vehículo con tracción en las cuatro ruedas (especialmente en los meses lluviosos de septiembre a diciembre). A cambio del esfuerzo, el escenario que se encuentra es un pasadizo al pasado de Honduras.

Aquí en San Juancito estuvieron asentadas las oficinas principales, el hospital y las casas de los principales ejecutivos de la compañía minera norteamericana Rosario Mining Company. Una historia que se remonta desde la segunda mitad del siglo XIX hasta mediados del siguiente siglo.

Increíblemente, era tanta la cantidad de oro y plata que la compañía extraía de estas montañas, que el gobierno norteamericano decidió instalar su primera representación diplomática precisamente aquí. Un dato harto curioso.

Ahora, el sólido e histórico edificio de la representación diplomática ha sido restaurado y el viajero puede recorrerlo aprendiendo sobre la historia de la minera, del parque y de Honduras. Y si se desea pernoctar en el parque, el antiguo hospital ha sido restaurado y acondicionado como albergue por un módico precio.

Viejas bocaminas, mágicos bosques nublados y el siempre constante y dulce cantar del jilguero son personajes constantes de este parque nacional. Un escenario siempre verde. Una aventura distinta.
Si desea amable lector conocer este parque, le recomiendo ponerse en contacto con AMITIGRA a los teléfonos 2220-1523 y/0 2220-1542.