“Apenado toqué música navideña en mayo”

Siendo un bebé, Martín Mejía se dormía arrullado por la música de las maderas que cantan, cuando su papá lo ponía bajo los arropados de su marimba mientras amenizaba fiestas en Santa Bárbara.

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Siendo un bebé, Martín Mejía se dormía arrullado por la música de las maderas que cantan, cuando su papá lo ponía bajo los arropados de su marimba mientras amenizaba fiestas en Santa Bárbara.

Su padre tocaba, su mamá bailaba con los amigos para hacerle espera y el niño dormía plácidamente bajo una lluvia de notas musicales que se desgranaban en su oído.

“Yo no lo recuerdo, pero mis padres me han contado la historia. Talvez por eso es que la música de ese teclado sonoro se me metió hasta lo más profundo de la médula”, según comenta ahora Mejía, quien es el director de la marimba Usula Municipal. Él también tiene su propia marimba orquesta.

Se inició como aprendiz de músico en la adolescencia cuando tuvo que dejar el colegio por seguirle los pasos a su padre Carlos Rigoberto Mejía quien había sido contratado para dirigir la marimba Usula Municipal de San Pedro Sula.

“Tres años anduve solo, viendo tocar o tocando cuando me daban la oportunidad, por puro amor al arte, hasta que en 1985 me nombraron integrante de la marimba”.

Relata Mejía que el pecho se le inflaba de puro orgullo cuando le tocaba amenizar en público y veía a tanta gente que lo escuchaba mientras recorría con sus baquetas vibrantes el mágico teclado.

Luego que su padre enfermara, a Martín le dieron la dirección de la Usula Municipal, que ahora solamente ameniza actos culturales o los conciertos que se dan los jueves y los domingos en la zona peatonal.

“Hubo problemas con las fiestas porque la marimba no podía tocar después de las doce de la noche, aunque los bailadores nos pagaran el tiempo extra porque eso no está permitido”, dice.

Para el caso, en una ocasión fueron a tocar al sector de Las Brisas y cuando dieron por terminada la velada, saltó uno de los pobladores enloquecido por el alcohol amenazando con macanearlos si intentaban marcharse.

¡Ustedes no pueden irse porque esta marimba es del pueblo!, gritaba el beodo.

Fue necesaria la intervención de los miembros del patronato, quienes sacaron protegidos a los músicos para evitar que aquello terminara en tragedia, relató.

Entre desprecios y honores

Mejía lamentó que los marimbistas sean tomados a menos por personas que no aprecian el arte. “A nosotros nos mandan a traer en carros donde botan la basura y una vez nos llevaron encerrados en un furgón, pero el colmo de la humillación ocurrió cuando nos mandaron un camión lleno de excremento de vaca, para que fuéramos a tocar a Santa Bárbara”. Dice que tuvieron que colocar un toldo sobre aquella alfombra de estiércol para poder colocar los instrumentos.

“A veces nos tocaba quedarnos durmiendo en las bancas después de una fiesta esperando que nos mandaran a traer como ocurrió en un pueblo de Yoro, donde el encargado se olvidó de nosotros porque se puso a pichinga”.

Sin embargo, estos desprecios han sido compensados con creces en los reconocimientos y estímulos que los músicos han recibido especialmente como integrantes de La Marimba Orquesta Usula Internacional que formaron como patrimonio particular.

Con este conjunto trabajan los fines de semana cuando no lo están haciendo con la marimba municipal, y suelen viajar al exterior durante la temporada de vacaciones. “Con la internacional hemos grabado 14 discos, dos de ellos con videos, y hemos viajado a varios países donde este instrumento es poco conocido”, expresó.

Comentó que cuando fueron a Francia la gente hasta se agachaba tratando de ver por debajo de la marimba, por donde salía aquella música extraña para ellos.

Por supuesto que la vieja marimbita también les ha dado honores y satisfacciones como aquella de haber celebrado las fiestas patrias con los inmigrantes hondureños en Nueva Orleáns en 1987.

De su teclado añejo siguen brotando ritmos alegres y música romántica que ponen a competir a viejos bailadores sampedranos, quienes se dan cita los jueves y domingos al caer la noche en los conciertos de la zona peatonal.

Unos ya han desaparecido y a otros los jubiló el carnaval de la vida, pero hay quienes siguen dando fuego como Olga “La Incendiable”, una mujer de 78 años que salta como un resorte en cuanto oye sonar las teclas morenas que vibran como su cuerpo.

Se ha hecho tan popular Olga Santos Mencía que cuando la marimba va a amenizar algún evento, los organizadores del mismo piden que también lleven a La Incendiable. De esa forma ella se agencia unos lempiras extras al tiempo que se divierte y da más atractivo al espectáculo, comenta Mejía.

¡Se llevan los platos!

Mejía también se ha llevado chascos, como aquella vez que fue a amenizar una boda a Prado Alto como músico invitado de la Marimba de Chepe Clavija. Todo estaba bien hasta que el vocalista salió cantando: “otra Navidad, otro año más de recordación...”. Eso no hubiera sido nada anormal de no ser porque la boda se estaba celebrando en pleno mes de mayo.

A Martín no le quedó más que seguir tocando con la cabeza agachada y la cara sonrojada, mientras el cantante interpretaba la melodía que nada tenía que ver con la celebración nupcial ni con la época.

En otra ocasión a los marimbistas de la Usula Municipal los acusaron de haberse traído los platos del hotel donde amenizaron un evento. Resulta que uno de los meseros escuchó cuando un músico le preguntó al otro al terminar la fiesta: ¿ya metiste los platos al carro? Todo se aclaró después cuando se comprobó que los músicos se referían a los platos de la batería.

Con 80 años la actual usula sigue tocando de maravilla

La primera Marimba Usula Municipal surgió en los años cuarenta, al ser adquirida por el general Filiberto Díaz Zelaya para que amenizara en los radio-teatros en vivo de la emisora HRP1, dijo Martín Mejía.

Díaz Zelaya la compró en Guatemala a don Edmundo Barrios, quien fue el artífice de la primera Chapinlandia, la más famosa de las marimbas.

Después de estar alternando por mucho tiempo con la América India en la HRP1 y al desaparecer esta emisora, la marimba traída por Díaz Zelaya quedó tocando en diversos eventos de manera comercial, pero como un símbolo de la ciudad.

El instrumento musical tuvo un final trágico, cuando sucumbió en las aguas desbordadas del huracán Fifi, mientras permanecía guardada en el también desaparecido hotel Vitanza.

La actual Usula Municipal fue adquirida en Chiquimula, Guatemala en 1979, por el entonces alcalde Héctor Sabillón Cruz, para amenizar conciertos en el parque y sigue tocando de maravilla.

Martín Mejía calcula que el instrumento tiene unos ochenta años de estar sonando, pues cuando Sabillón Cruz la compró ya tenía un largo historial como Lira Oriental en el vecino país, según le han comentado viejos colegas chapines.

La marimba comenzó funcionando con 12 integrantes, pero actualmente solamente tiene siete, porque nunca fueron reemplazados los que se murieron ni los que se jubilaron, dijo Mejía.

La Prensa