La maquila ahora es líder en fabricar batas y mascarillas

En la costa norte hay 15 empresas que fabrican artículos de bioseguridad.Empresas hondureñas participarán en licitación convocada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Entre marzo y mayo, un grupo de empresas maquiladoras reconvirtió sus procesos de producción gracias a que más de 15,000 trabajadores versátiles se adaptaron rápidamente a los nuevos requerimientos del mercado.
Entre marzo y mayo, un grupo de empresas maquiladoras reconvirtió sus procesos de producción gracias a que más de 15,000 trabajadores versátiles se adaptaron rápidamente a los nuevos requerimientos del mercado.

SAN PEDRO SULA.

La industria de la maquila, que el año pasado le aportó al país unos $4,500 millones, registrará este año inevitablemente una caída en sus exportaciones; sin embargo, gracias al coronavirus muchas de sus empresas dedicadas históricamente a la producción de calcetines, camisetas u otras prendas dieron un giro estratégico y están fabricando artículos altamente demandados en el mercado mundial: mascarillas y batas biomédicas.

Entre marzo y junio, período en el cual Honduras estuvo bajo una emergencia nacional y el consumo se contrajo más de 13% en los Estados Unidos (de acuerdo con el departamento de Comercio), empresarios de la industria, que esquivaron el contagio del pánico, vieron una oportunidad en medio de la catástrofe económica y ahora hasta participarán en una licitación internacional convocada por las autoridades norteamericanas.

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En la medida que reanuden las operaciones, las empresas maquiladoras llamarán a los trabajadores que, por el toque de queda, se mantenían cumpliendo el confinamiento para evitar la propagación del COVID-19. Lear Corporation, con plantas de producción en Naco, donde fabrica arneses para vehículos Ford y GM, llamará en los próximos días a sus empleados y, además, contratará a 1,000 trabajadores para aumentar la producción de los artículos que son exportados a Estados Unidos.

En marzo, luego de que el Gobierno decretara el toque de queda, la industria tuvo que interrumpir gran parte de las operaciones y envió a cumplir el confinamiento al 90% de sus 170,000 empleados.

Alrededor de un 10% se quedó trabajando en las empresas que a contrarreloj decidieron realizar una reconversión, en la que dejaron de hacer las prendas de exportación y se entregaron a la fabricación de mascarillas y trajes de seguridad que Honduras no tenía por la escasez mundial.

Hoy, cuando el país se apresta a reanudar su vida normal, la industria presenta un recuento positivo: los 3.2 millones de mascarillas A3 que el Gobierno ha regalado a los hondureños en 15 departamentos han sido producidas en fábricas de la costa norte. Empresas de este sector han fabricado y donado máscaras protectoras y batas biomédicas a médicos de hospitales públicos adonde llegan pacientes con COVID-19.

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En este período han producido más de 10 millones de mascarillas reutilizables y resistentes.

Contrario a lo que ocurre en los países vecinos, como El Salvador, donde hubo un incremento en las importaciones de tapabocas hechas en China, la semana anterior, la industria le entregó al Gobierno cerca de 8 millones de mascarillas (de un lote de 9 millones) de tres capas de tela de algodón que pueden ser lavadas hasta unas 15 veces.

Al hacer un diagnóstico sobre este importante sector, Jesús Canahuati, uno de los empresarios líderes de la industria, destaca con entusiasmo que “la conversión ha sido impresionante”, puesto que las empresas “que nunca habían hecho estas cosas se tuvieron que reinventar haciendo cambios en los procesos de producción”.

Mientras las autoridades y los hondureños estaban asediados por el coronavirus, en las plantas industriales los empresarios y técnicos “comenzaron a averiguar sobre los químicos que llevan estas prendas para tener efectos antimicrobianos y antivirales”, relata Canahuati, y “también para tener la impermeabilidad que requieren estas batas que son propiamente de la industria médica”.

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Jesús Canahuati: “La industria continúa con fuerza esperando que Honduras se convierta en exportador de equipo de bioseguridad para Estados Unidos, Canadá y otros mercados”

Para este empresario, hermano de Mario Canahuati, presidente de la Asociación Hondureña de Maquiladores (AHM), e hijo del extinto Juan Canahuati, pionero de la industria, “el COVID-19 le deja muchas cosas negativas a la industria, pero también muchas oportunidades que traerán nuevos beneficios en el futuro”.

En este lapso de incertidumbre global, “la industria ha tenido la actitud correcta, ya que no ha dejado caer sus operaciones”, dice Canahuati, “y continúa con fuerza esperando queHonduras se convierta en exportador de equipo de bioseguridad para Estados Unidos, Canadá y otros mercados”.

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Hoy 2 de junio, más de 20,000 personas trabajan en 15 empresas maquiladoras (que en enero no tenían ni la remota idea de que entrarían a este nuevo negocio de consumo mundial) en la fabricación de mascarillas y trajes de protección personal para médicos y enfermeras de los sistemas de salud.

Varias de esas empresas innovadoras participarán esta semana en una licitación internacional convocada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que tiene el plan de comprar 170 millones de batas biomédicas. De ganar los contratos, para fortuna de los hondureños, estas compañías aumentarían las plazas laborales.Canahuati anuncia que en este momento “hay tres operaciones que ya están empleando gente”.

Estas empresas de Villanueva y Choloma, las cuales se lanzaron a la producción de artículos de bioseguridad, “meterán a unas 4,000 personas a trabajar en un período de 10 semanas”. Al mismo tiempo que esas empresas se fortalecen y buscan ganar terreno en el mercado internacional, la industria en general inicia esta semana un proceso de reactivación gradual, que demorará los meses de junio y julio, para alcanzar el 100% de las operaciones en agosto.

TRES CAPAS DE TELA
Calidad: Las mascarillas 3A hechas en Honduras son superiores a las quirúrgicas que en los últimos años habían importado los países desde China. Estas, a diferencia de las asiáticas, que son desechables, son reutilizables.
Costo: Las A3, por tener tres capas de tela de algodón, pueden ser lavadas hasta 15 veces por la persona que la usa. Con esta ventaja, el consumidor o usuario evita usar muchas mascarillas en varios días y, de esta manera, ahorra dinero.

La industria, golpeada por el COVID-19, espera no tener tropiezos en las próximas semanas para entrar de lleno al mercado internacional y aprovechar la demanda que ocasionará la ansiedad de los consumidores y el espacio que dejarán los proveedores chinos en los EE UU a causa de las restricciones comerciales que tome Washington contra los asiáticos, a quienes acusa de propagar el coronavirus.

En 2019, la maquila, que tiene 322 empresas afiliadas, exportó unos $4,500 millones, unos $200 millones más que en 2018 ($4,263 millones), y este año tenía previsto captar por lo menos un 10% más; pero a causa de la pandemia en los últimos meses registró una reducción en las ventas.

Canahuati cree que la industria ya perdió “las exportaciones de la mitad de marzo, de todo abril y todo mayo” y dejará de vender los volúmenes normales en los próximos dos meses porque “la reapertura de las operaciones para producir productos normales será de forma paulatina”. El impacto económico anual “será considerable”.

La Prensa