El primer análisis encontró que los pacientes con unos niveles más altos de
espiritualidad y religiosidad reportaban una mejor salud física, menos síntomas físicos del cáncer y el tratamiento, y una mayor capacidad para realizar sus tares cotidianas usuales.
'Esas relaciones fueron particularmente firmes en los pacientes que experimentaban unos aspectos emocionales más potentes de su religión y espiritualidad, incluyendo una sensación de significado y propósito en la vida, además de una conexión con una fuente más grande que uno mismo', señaló en un comunicado de la revista la autora líder de la primera revisión, Heather Jim, del Centro Oncológico Moffitt en Tampa, Florida.
El segundo análisis se enfocó en la salud mental.
'No fue sorprendente que un bienestar espiritual se asociara con menos ansiedad, depresión o distrés', comentó en el comunicado de prensa el autor líder de la segunda revisión, John Salsman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest.
'Además, unos niveles más altos de angustia espiritual y una sensación de desconexión de Dios o de una comunidad religiosa se asoció con un mayor distrés psicológico o un peor bienestar emocional', añadió.
El tercer análisis encontró un vínculo entre la espiritualidad/religión y el bienestar social.
'Cuando observamos más de cerca, encontramos que los pacientes con un bienestar espiritual más firme, unas imágenes más benignas de dios (como percepciones de un dios benevolente en lugar de un dios iracundo o distante), o unas creencias más firmes (como la convicción de que se puede pedir ayuda a un dios personal) reportaban una mejor salud social', dijo en el comunicado de prensa el autor de la tercera revisión, Allen Sherman, de la Universidad de Ciencias Médicas de Arkansas.
Sherman añadió que a las personas que tenían dificultades con la fe parecía irles peor.
'Algunos pacientes forcejean con el significado religioso o espiritual de su cáncer, lo que es normal. La forma en que resuelven esa dificultad podría afectar a su salud, pero se necesita más investigación para comprender y respaldar mejor a esos pacientes', anotó Jim.
'Esas relaciones fueron particularmente firmes en los pacientes que experimentaban unos aspectos emocionales más potentes de su religión y espiritualidad, incluyendo una sensación de significado y propósito en la vida, además de una conexión con una fuente más grande que uno mismo', señaló en un comunicado de la revista la autora líder de la primera revisión, Heather Jim, del Centro Oncológico Moffitt en Tampa, Florida.
El segundo análisis se enfocó en la salud mental.
'No fue sorprendente que un bienestar espiritual se asociara con menos ansiedad, depresión o distrés', comentó en el comunicado de prensa el autor líder de la segunda revisión, John Salsman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest.
'Además, unos niveles más altos de angustia espiritual y una sensación de desconexión de Dios o de una comunidad religiosa se asoció con un mayor distrés psicológico o un peor bienestar emocional', añadió.
El tercer análisis encontró un vínculo entre la espiritualidad/religión y el bienestar social.
'Cuando observamos más de cerca, encontramos que los pacientes con un bienestar espiritual más firme, unas imágenes más benignas de dios (como percepciones de un dios benevolente en lugar de un dios iracundo o distante), o unas creencias más firmes (como la convicción de que se puede pedir ayuda a un dios personal) reportaban una mejor salud social', dijo en el comunicado de prensa el autor de la tercera revisión, Allen Sherman, de la Universidad de Ciencias Médicas de Arkansas.
Sherman añadió que a las personas que tenían dificultades con la fe parecía irles peor.
'Algunos pacientes forcejean con el significado religioso o espiritual de su cáncer, lo que es normal. La forma en que resuelven esa dificultad podría afectar a su salud, pero se necesita más investigación para comprender y respaldar mejor a esos pacientes', anotó Jim.