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"¿La empatía nace de los primeros abrazos de mamá?"

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Los padres se vuelven más sensibles a las pistas de sus hijos cuando tienen un contacto directo regular, aunque no sea piel con piel

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The New York Times.

Muéstrele amor a su bebé, y tendrá un hijo adulto más amable y gentil como recompensa, sugiere un nuevo estudio.

Hace más de 20 años, unos investigadores de Israel comenzaron a estudiar el impacto en los recién nacidos del tiempo que pasaban en contacto físico con sus mamás.

Los investigadores dieron seguimiento a estos niños, que nacieron entre mediados y finales de la década de 1990, durante dos décadas.

Ahora, sus resultados más recientes (que se basan en casi 100 adultos jóvenes) muestran que el contacto materno que recibieron hace tantos años tuvo un impacto mensurable en el funcionamiento social del cerebro décadas más tarde, y en la capacidad de empatizar y relacionarse con los demás.

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'Lo que la proximidad con el cuerpo de la madre hizo fue permitir a las madres y a los bebés estar más sintonizados, más sincronizados entre sí durante los 20 años de su desarrollo. Esa sincronización, a la vez, sensibilizó al cerebro para que pudiera empatizar mejor con las emociones de los demás', señaló la autora del estudio, Ruth Feldman, profesora de neurociencia social del desarrollo del Centro Interdisciplinario Herzliya en Israel, en una declaración conjunta con el Centro de Estudios del Niño de la Universidad de Yale, en New Haven, Connecticut.

Bebés prematuros

El estudio incluyó a tres categorías de bebés: los bebés sanos nacidos a término completo que pudieron tener contacto con sus madres fácilmente; los bebés prematuros que estuvieron en incubadoras al menos un par de semanas y que no pudieron tener un contacto físico con sus madres; y unos bebés prematuros más estables cuyas madres se comprometieron a tenerlos en brazos, piel con piel, durante al menos una hora al día durante al menos 14 días consecutivos.

Ese tercer grupo de bebés de otra forma hubieran tenido un contacto físico limitado con sus madres durante el estudio, pero el calor materno sustituyó a la incubadora durante esas horas, apuntó Feldman.

'Creíamos que la proximidad con el cuerpo de la madre sería beneficiosa para los hijos por una variedad de motivos, para la vinculación, para la autorregulación, como con cualquier otra cría de mamífero que necesita todas las provisiones que se encuentran cerca del cuerpo de la madre y de la proximidad física', comentó Feldman.

Los investigadores se pusieron en contacto de forma regular con los niños y sus familias, y evaluaron sus interacciones, la 'sincronización entre madres y bebés', comenzando con pistas y respuestas no verbales al principio.

Con el tiempo, las madres y los niños desarrollaron unas capacidades más complejas para ver la perspectiva de la otra persona, y permitir a la otra persona tener su opinión, dijo Feldman. 'Se observan más interacciones entre madres e hijos que son positivas y mutuas... ambos están sentados en el sofá, y se ríen juntos', anotó.

En la adultez temprana, evaluaron los cerebros de los hijos adultos.

'Lo que buscamos en el cerebro fue la capacidad del cerebro de empatizar con los distintos sentimientos de los demás, de empatizar con la tristeza o el sufrimiento emocional de otra persona, pero también de empatizar con la alegría de otra persona', aclaró Feldman.

Las áreas del cerebro que se sensibilizaron de forma específica fueron la amígdala y la ínsula, señaló. Feldman describió la amígdala como un centro de identificación no consciente de las emociones, y a la ínsula como un área donde se integran las señales del propio cuerpo con las señales del estado emocional de otra persona.

'Esas dos áreas se sensibilizaron con la sincronización de por vida, hasta funcionar mejor, ser más capaces de tener empatía con los demás', aseguró Feldman.

El estudio amplía los datos respecto a que los primeros años de vida son profundamente importantes, apuntó el Dr. Michael Yogman, pediatra de Cambridge Health Alliance, en Massachusetts. Afirmó que la investigación es 'revolucionaria'.

Los padres se vuelven más sensibles a las pistas de sus hijos cuando tienen un contacto directo regular, aunque no sea piel con piel, dijo Yogman, expresidente del comité de los aspectos psicosociales de la salud infantil y familiar de la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics).

'Esto comienza a sincronizar sus biorritmos, los ritmos circadianos, la variación hormonal... y todos esos cambios en el cerebro que [Feldman] documentó', dijo Yogman.

Pero incluso a los bebés prematuros que no recibieron este tipo de contacto en las primeras semanas de vida, cuando fueron a casa con unos padres cariñosos y que los consolaban, les fue bien de cualquier modo, anotó.

'Esto apunta a la resiliencia, no todo se pierde, pero cada vez nos damos más cuenta de que los cuidados tempranos de alta calidad, la crianza, de verdad importa en estos primeros años', enfatizó Yogman.

Papás comprometidos

Aunque el estudio no se enfocó en la sincronía de los papás con sus hijos, Yogman dijo que cree que cuando los papás se implican al principio, el impacto puede ser bastante similar.

Feldman se mostró de acuerdo. Cuando los papás están comprometidos con el cuidado de sus hijos, hay vías que harían que los papás sean iguales de beneficiosos para los bebés, aseguró.

'Doy por sentado que cualquier relación cariñosa y estable en la vida del niño es importante', añadió Feldman.

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