Las hondureñas que murieron en las Torres Gemelas: ¿a qué se dedicaban?
Al menos cuatro trabajadoras hondureñas murieron en los atentados del 9 de septiembre de 2001 en Estados Unidos
- Actualizado: 11 de septiembre de 2026 a las 13:26 -
El 11 de septiembre de 2001 marcó uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia reciente de Estados Unidos y tuvo repercusiones que trascendieron sus fronteras. En aquella mañana, 19 integrantes de la organización terrorista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales.
Dos de las aeronaves fueron estrelladas contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York; otra impactó contra el Pentágono, en Virginia, mientras que la cuarta cayó en un campo cercano a Shanksville, Pensilvania. El ataque dejó casi 3,000 muertos y fue transmitido prácticamente en tiempo real ante una audiencia mundial.
Entre las poco más de 2,700 víctimas oficialmente registradas por las autoridades estadounidenses figuran al menos ocho personas procedentes de Centroamérica. La cifra, sin embargo, podría ser mayor debido a que algunas víctimas de origen centroamericano pudieron encontrarse en situación migratoria irregular o haber sido contabilizadas como ciudadanos estadounidenses.
Cuatro de las víctimas eran hondureñas y todas trabajaban en las Torres Gemelas. Griselda Garo James, originaria de Tela, laboraba como secretaria en el Centro de Oficinas Internacionales, ubicado en el piso 79. Era madre de dos hijos.
Claudia Martínez de Foster tenía 26 años. Se había casado apenas un año antes de los atentados y, según el relato sobre su vida, soñaba con formar una familia. Trabajaba en el piso 105 de la Torre 1 del World Trade Center.
Helen García Cook trabajaba en el piso 82 de la Torre 1. Había llegado a Nueva York cuando tenía 12 años, se había casado recientemente y era madre de un niño de dos años.
La cuarta víctima hondureña fue Digna Alexandra Rivera de Constanza, una abogada de 25 años que residía en Queens y trabajaba en el piso 100 de la Torre Norte.
Entre las víctimas centroamericanas también se encontraba la salvadoreña Ana Gloria Pocasangre de Barrera, de 49 años. Esa mañana viajaba en un avión de United Airlines que participó en uno de los ataques contra el World Trade Center. Había abordado el vuelo que cubría la ruta Boston-Los Ángeles y, de acuerdo con la información disponible, era una mujer emprendedora cuyo deseo era regresar a casa junto a su familia.
Elsy Carolina Osorio Oliva era una joven ingeniera en informática de 27 años que trabajaba para la empresa General Telecom, en el piso 83 de la Torre 1 del World Trade Center. Guatemala también perdió a dos de sus ciudadanos en los atentados. Juan Pablo Cisneros, de 23 años, trabajaba para Cantor Fitzgerald en la Torre Norte. La misma empresa empleaba a Rubén Solares, otra de las víctimas guatemaltecas, quien tenía 51 años y laboraba para esta firma estadounidense de servicios financieros.
Más allá de la tragedia humana, los atentados del 11 de septiembre modificaron profundamente la política internacional y la vida cotidiana. Estados Unidos emprendió la denominada "Guerra contra el Terrorismo", que incluyó operaciones militares e intervenciones en Afganistán e Irak, mientras que las potencias occidentales modificaron sus estrategias de defensa y seguridad.
El ataque también provocó cambios profundos en los controles aeroportuarios, las políticas migratorias y los sistemas de vigilancia e inteligencia. En nombre de la seguridad, los gobiernos ampliaron mecanismos de supervisión y prevención que generaron nuevos debates sobre los límites entre la protección de la población y el respeto de los derechos individuales.
A nivel social y cultural, el 11-S terminó con la percepción de relativa invulnerabilidad que había predominado en buena parte del mundo occidental después del final de la Guerra Fría. La fecha quedó asociada al duelo por miles de víctimas de distintas nacionalidades y se convirtió en un punto de referencia para comprender buena parte de los conflictos, transformaciones políticas y discusiones sobre seguridad que marcaron las primeras décadas del siglo XXI.