Como Pablo Escobar: el narcoentierro de "Bendito Menor", entre balazos y amenazas del presidente
Una multitud despidió al capo abatido junto a su esposa por el Ejército. Los videos hicieron que el presidente publicara en sus redes: "Aquí aparecen los bandidos que pretenden seguir amedrentando al pueblo"
- Actualizado: 09 de septiembre de 2026 a las 10:35 -
Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor”, no solo construyó una trayectoria dentro de las estructuras criminales de La Guajira, Colombia. También convirtió su propia imagen en una especie de símbolo de la cultura narco que exhibía en redes sociales. Tras su muerte, ocurrida durante un operativo de la Policía en Riohacha, esa imagen volvió a quedar expuesta, esta vez durante un sepelio multitudinario en el que familiares y allegados lo despidieron entre caravanas, armas y música.
La escena provocó una respuesta inmediata del presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, quien compartió uno de los videos en sus redes sociales. En las imágenes se observan camionetas y hombres armados acompañando el cortejo fúnebre.
El mandatario aseguró que las personas que aparecían en la grabación ya habían sido identificadas por las autoridades y advirtió que serían perseguidas. “Aquí aparecen los bandidos que pretenden seguir controlando territorios y amedrentando al pueblo guajiro: los tenemos identificados para sacarlos del mercado delictivo”, escribió De la Espriella.
El mensaje se produjo pocos días después de que el propio mandatario confirmara la muerte de “Bendito Menor” y de otros tres integrantes de su estructura.
El viernes, la Presidencia difundió un video en el que De la Espriella aparecía frente a los cuatro cuerpos, cubiertos con bolsas blancas, y presentaba el resultado de la operación policial como un golpe contra la organización criminal.
El jefe de Estado volvió a endurecer su discurso contra quienes pretendieran seguir los pasos del cabecilla abatido. “El que pretenda seguir el ejemplo del criminal dado de baja terminará como él: no voy a tolerar que la cultura de la ilegalidad sea la ‘normalidad”, afirmó.
En el mismo mensaje sostuvo: “Se acabaron las épocas en las que lo malo se vendía como bueno; se acabaron las épocas en las que la escoria de la sociedad era considerada heroica”. La muerte de Pérez Toncel había sido precedida por una confrontación pública con el nuevo Gobierno. Aunque era considerado un mando medio de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) y estaba al frente de la subestructura Javier Cáceres, su exposición en redes sociales lo convirtió en uno de los objetivos prioritarios de la administración de De la Espriella.
En julio, cuando el entonces presidente electo había ordenado anticipadamente ir tras él, “Bendito Menor” respondió con un video desafiante. Apareció junto a su pareja realizando acrobacias en una motocicleta de alto cilindraje y exhibiendo una actitud de desafío frente a las autoridades.
Esa conducta, sumada a sus publicaciones anteriores en las que mostraba armas, vehículos de lujo, fiestas y otros elementos asociados con su vida criminal, terminó convirtiéndolo en uno de los rostros más visibles del narcotráfico en La Guajira.
El funeral fue organizado por familiares y personas cercanas a Pérez Toncel. En medio de la multitud hubo manifestaciones de respaldo al fallecido y algunos asistentes gritaron “¡Viva La Guajira!”. La exhibición de armas durante la caravana, sin embargo, generó una reacción especialmente fuerte desde el Gobierno.
Paradójicamente, la propia organización a la que pertenecía tomó distancia de su antiguo integrante. El Estado Mayor de las ACSN, estructura armada ilegal heredera del paramilitarismo que tiene presencia en el norte de Colombia, difundió un comunicado en el que aseguró que “no habrá retaliaciones” por el operativo que terminó con la muerte del cabecilla.
Versiones de medios locales señalan que Pérez Toncel se había convertido en un integrante incómodo para la organización. Esa versión coincide con la postura adoptada por la estructura criminal después de su muerte, al deslindarse de posibles acciones de represalia.
El episodio también reabrió la discusión sobre las fallidas negociaciones de paz que el anterior Gobierno había adelantado con las ACSN. El expresidente Gustavo Petro, quien impulsó esos acercamientos durante su administración, cuestionó la relevancia que De la Espriella le atribuía al abatimiento del joven cabecilla.
Petro sostuvo que el grupo había apartado a Pérez Toncel y especuló con la posibilidad de que incluso sus propios integrantes hubieran facilitado su ubicación. “El grupo había apartado a Naim porque lo consideraban un muchacho loco; a lo mejor ellos mismos lo entregaron para quitarse un problema”, escribió en X.
El exmandatario insistió en que la muerte de “Bendito Menor” no suponía un golpe definitivo para las ACSN ni contribuía, por sí misma, a resolver la violencia en la región. También defendió los contactos que su Gobierno había mantenido con esa organización como parte de la política de Paz Total.
Según Petro, durante esas conversaciones el bloque Conquistadores de la Sierra había manifestado su disposición a negociar con Estados Unidos una eventual entrega de toda su infraestructura dedicada al narcotráfico e incluso la extradición de algunos de sus integrantes. El expresidente afirmó que “la DEA extrañamente rechazó” esa posibilidad.
En otro cuestionamiento dirigido a De la Espriella, Petro afirmó: “De todo esto no tiene ni idea Abelardo porque no hizo empalme sobre la paz que ignora. Al destruir los procesos del sur y los menos adelantados del norte de Colombia, y el del Catatumbo, destruye verdaderas posibilidades de paz”.
Pese a la discusión política alrededor de su muerte, Pérez Toncel tenía un amplio expediente criminal en Colombia. Las autoridades lo buscaban mediante Circular Roja de Interpol y tenía cinco órdenes de captura por delitos de homicidio agravado, secuestro, extorsión y concierto para delinquir agravado.
Su trayectoria lo llevó desde posiciones inferiores dentro de las ACSN hasta asumir el mando de la subestructura Javier Cáceres en La Guajira. Durante ese periodo fue señalado de participar en actividades relacionadas con narcotráfico, extorsiones, homicidios y otras acciones violentas atribuidas a la organización. Su particular exposición pública lo diferenció de otros integrantes de las estructuras criminales. “Bendito Menor” mostraba abiertamente en redes sociales el estilo de vida que llevaba y, junto con su pareja, Rosa Angélica Tarazona, alias “La Bebecita”, llegó a proyectarse como una especie de influencer del crimen.
Ahora, incluso después de muerto, su figura continúa generando controversia. Mientras el Gobierno utiliza su abatimiento como advertencia para otros grupos armados y criminales, una parte de la población que acudió a su funeral lo despidió como una figura cercana a su comunidad.
Cuatro días después del operativo que terminó con su muerte, las autoridades entregaron el cuerpo a sus familiares. El proceso estuvo acompañado de reclamos por las condiciones en las que les fue entregado el cadáver. Videos publicados en redes sociales muestran a familiares llorando alrededor del ataúd y denunciando que no pudieron observar el cuerpo directamente porque permanecía dentro de una bolsa blanca. Según su relato, las autoridades les dijeron que “está descompuesto y no se puede velar”.
Los familiares cuestionaron esa explicación y señalaron que el féretro no estaba completamente sellado. Una mujer identificada como tía de Pérez Toncel expresó su indignación por la manera en que recibieron los restos: “¿Por qué no lo podíamos velar? Nos lo entregaron como un perro”.
De esta manera terminó la historia de “Bendito Menor”: un joven que alcanzó posiciones de mando dentro de una organización criminal, desafió públicamente al poder político y convirtió su vida de lujos y violencia en contenido para las redes sociales.
Su muerte durante un operativo de la Fuerza Pública no cerró la controversia alrededor de su figura; por el contrario, su funeral volvió a poner en evidencia el complejo vínculo entre las estructuras criminales, las comunidades de La Guajira y la respuesta del Estado colombiano.