Unifin, otra pesadilla financiera para miles en Choloma, Cortés
Unifín operó en Choloma como una supuesta empresa de inversiones, prometiendo duplicar dinero; vecinos alertaron, y finalmente las autoridades intervinieron
- Actualizado: 01 de abril de 2026 a las 19:35 -
Lo que se presentó como una nueva opción rápida para multiplicar el dinero, a un año del escándalo de la estafa piramidal de Koriun Inversiones, terminó en otra pesadilla financiera para miles de habitantes de Choloma, Cortés.
El origen de la presunta estafa no se ubicó en oficinas formales ni en estructuras empresariales visibles, sino en un entorno cotidiano: una cafetería dentro de un centro comercial del municipio.
El proyecto comenzó a captar a sus primeros “inversionistas”; sin embargo, el aumento acelerado de personas y dinero obligó a sus responsables a abandonar el sitio.
La operación se trasladó a una vivienda en la residencial Manantial, donde funcionó la supuesta empresa de inversiones Unifín, ahora señalada como piramidal y sin respaldo legal ni supervisión financiera.
Vecinos identificaron la vivienda como la casa de Romel Galo, quien, según relataron, reside en la zona desde hace aproximadamente dos años.
En la misma vivienda operó Unifín desde noviembre del año pasado, pero fue a partir de enero cuando el flujo diario de personas que entregaban o retiraban dinero se incrementó de manera exponencial.
El negocio operaba de lunes a sábado, de 8:00 a.m. hasta, en ocasiones, las 10:00 p.m., con filas de personas y decenas de vehículos estacionados en las cuadras cercanas.
Según testigos, el dinero permanecía dentro de la vivienda, y al menos cuatro guardias de civil custodiaban el lugar, aunque no se confirmó una estructura operativa formal.
Un vecino relató que un domingo los guardias no estaban y las personas ingresaron a la oficina; Romel Galo, conocido en el sector, permanecía en la vivienda.
Unifín prometía altos rendimientos en poco tiempo, duplicando inversiones de al menos 1,000 lempiras en unos cinco meses.
Los participantes entregaban dinero en efectivo y recibían ganancias cada siete semanas, guiados por una aplicación en su teléfono que indicaba cuándo cobrar.
El esquema, típico de estafas piramidales, dependía de nuevos “inversionistas” para pagar a los anteriores, hasta que finalmente colapsó. Las autoridades policiales iniciaron acciones tras los primeros indicios públicos del caso.