Regresa a la vida la laguna de Centeno con 37,000 mangles en Omoa
La bióloga Sandra Cárdenas lidera la recuperación de un ecosistema que perdió el 60% de su espejo de agua. Imágenes satelitales revelan su transformación en cinco décadas
- Actualizado: 29 de octubre de 2026 a las 13:24 -
La laguna de Centeno, localizada en Omoa, a pocos kilómetros de la fortaleza de San Fernando, es un ecosistema costero que perdió el 60% de su espejo de agua, comienza a recuperarse gracias a la siembra de más de 37,000 propágulos de mangle rojo y a la determinación de una mujer que decidió luchar por su conservación.
Imágenes satelitales de 1970 a 2025 muestran la transformación de la laguna, ubicada en las cercanías de la Fortaleza de San Fernando de Omoa y Gas del Caribe. La secuencia permite observar los cambios en la línea costera, la configuración del cuerpo de agua y su entorno natural.
A finales de 2009, el Departamento Ambiental de la Municipalidad de Omoa, a través de su asesor Conrado González, dio por perdida oficialmente la laguna, debido a que había sido absorbida, secada y deforestada casi en su totalidad por la falta de manejo costero y el impacto de la actividad industrial en la zona.
Sandra Yamilet Cárdenas, coordinadora regional del Centro de Estudios Marinos (CEM), encabeza los esfuerzos para devolverle la vida a este humedal, afectado durante décadas por la tala de manglares, la acumulación de sedimentos y la construcción de estructuras costeras que alteraron la circulación natural del agua. Recientemente fue premiada por la Embajada de Francia por ese logro ambiental.
Cuando comenzaron las labores de restauración, el panorama era desalentador. Había sectores sin manglares y áreas degradadas por las intervenciones humanas, como la tala, edificación de muros de piedra y espigones que modificaron el paso del agua y la acumulación de sedimentos por la extracción de materiales.
El panorama era crítico, la laguna necesitaba una intervención urgente para frenar la pérdida de su espejo de agua, recuperar las áreas degradadas y evitar que el deterioro del ecosistema continuara avanzando.
El proceso exigió grandes esfuerzos, debido a la perdida de profundidad natural de la laguna, el acceso a las zonas de siembra era díficil, por lo que las plantas y los propágulos debían transportarse en canoas.
Junto a estudiantes de Omoa, voluntarios empresariales, miembros de la Base Naval y pobladores, Cárdenas trabajó entre el lodo y los terrenos inundados, utilizando estacas, palas y sus propias manos para sembrar los propágulos y contribuir a la recuperación de la laguna.
Con el objetivo de estabilizar los suelos inundados y favorecer la recuperación de este ecosistema como hábitat protector de diversas especies, lograron sembrar 37,000 propágulos de mangle rojo.
Pese a eso, el mangle rojo sembrado por los voluntarios en la laguna, han comenzado a crecer junto a ejemplares de mangle blanco y negro, una señal de regeneración natural que fortalece la diversidad vegetal del lugar. El equipo destaca que la regeneración de tres especies de mangle, fortalece la biodiversidad de la laguna y aumenta la resistencia del ecosistema ante huracanes, tormentas tropicales y cambios extremos de salinidad.
La siembra del primer propágulo de mangle rojo marcó el inicio del proyecto de recuperación de la laguna de Centeno, un ecosistema afectado por la deforestación vinculada a la ganadería y la interrupción de sus canales naturales. Lo que comenzó como un único brote, abrió camino logrando la posterior aparición espóntanea de las variedades de muchos ejemplares hasta el día de hoy.
Y representó la salvación definitiva de un ecosistema acuático que, entre los años 2000 y principios de 2010, se daba por extinto o ecológicamente perdido a causa de la tala indiscriminada para la ganadería y el bloqueo de sus cauces naturales. Sin embargo, Cárdenas advierte que los cambios de uso del suelo pueden agravar el deterioro de los manglares.
Algunos ejemplares alcanzan entre 1.5 y dos metros de altura y ya producen propágulos. Este proceso permite obtener nuevas semillas para continuar recuperando sectores degradados. Cabe mencionar, que en la laguna se encuentran: jaibas, caracoles pequeños y ostras, entre otras especies. Gracias a que los manglares proporcionan refugio y espacios de desarrollo para organismos que forman parte de la biodiversidad costera.
Además los manglares, los pastos marinos y los arrecifes mantienen una relación ecológica que favorece la vida marina. Según Cárdenas, esta conexión es importante para la reproducción de peces y la recuperación pesquera para la laguna de Centeno.
La coordinadora del CEM plantea crear un sendero que conecte la fortaleza de San Fernando de Omoa, con la laguna y el entorno marino, para acercar a los visitantes a la historia local y a la importancia de conservar estos ecosistemas. Ver crecer los manglares y contar con el apoyo de las comunidades representa una satisfacción para ella, pese a los desafíos que ha enfrentado durante el proceso.
Gracias al trabajo comunitario enfocado en la recuperación del medio ambiente impulsado por Sandra Cárdenas, La embajada de Francia en Honduras liderado por Cédric Prieto, premió al Centro de Estudios Marinos (CEM) con el galardón Océano 2026. Para Sandra recuperar la laguna de Centeno, significa dejar un legado a las futuras generaciones y demostrar que la conservación requiere compromiso comunitario y aciones sostenida.
La recuperación de la laguna de Centeno todavía enfrenta desafíos, pero el compromiso de los pescadores y voluntarios mantiene viva la esperanza de conservar este ecosistema. Sandra Cárdenas destaca que la protección del manglar también depende de las decisiones de las autoridades y del respeto a las zonas naturales. Preservar estos espacios es proteger la biodiversidad, el sustento de las comunidades costeras y el patrimonio natural que pertenece a todos los hondureños.