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12:01 AM

¡Nunca precipitadas!

  • Actualizado: 15 abril 2010 /

Tener una actitud impulsiva te puede meter en muchos problemas. Las personas más propensas a reaccionar automáticamente son las que se sienten más vulnerables, tienen mermada su autovaloración o seguridad o son dependientes emocionalmente de familiares o amigos. Reaccionar de forma impulsiva, cuando remarcan tus defectos, afirma que tu conducta es errónea, juzgas negativamente o generalizas una crítica a tu forma de ser, en vez de aplicarla a una conducta puntual. Algunas reacciones se originan en la “impulsividad patológica”, que se caracteriza por una predisposición a reacciones rápidas, no planeadas, ante estímulos internos o externos, sin considerar las consecuencias negativas. “No hace falta que vengas a la reunión”, “como tú no sabes de esto, no eres capaz”, “eres tan tímida e insegura...”, “nunca tienes dinero...”, “no te hemos tomado en cuenta”, “no me extraña que las cosas te vayan así”. “Eres muy terco”, “siempre tan desordenado”, “no vas a acertar ni una”. El primer grupo de frases tiende a devaluar a la persona a quien van dirigidas; el segundo conjunto de expresiones consiste en una crítica destructiva.

Pero ambas expresiones y las actitudes en las que se sustentan tienen un común denominador: suelen hacernos reaccionar de forma precipitada y desproporcionada, lo que suele equivaler a perjudicarte a ti mismo. En general, reaccionas impulsivamente, con hostilidad o agresividad, cuando interpretas -incluso a nivel inconsciente, sin darte cuenta de lo que ocurre- que alguien amenaza tu ego o personalidad: el punto donde se asienta tu autoestima o autovaloración, el eje de referencia mediante el cual te relacionas contigo y los demás.

    Tener una actitud impulsiva te puede meter en muchos problemas. Las personas más propensas a reaccionar automáticamente son las que se sienten más vulnerables, tienen mermada su autovaloración o seguridad o son dependientes emocionalmente de familiares o amigos. Reaccionar de forma impulsiva, cuando remarcan tus defectos, afirma que tu conducta es errónea, juzgas negativamente o generalizas una crítica a tu forma de ser, en vez de aplicarla a una conducta puntual. Algunas reacciones se originan en la “impulsividad patológica”, que se caracteriza por una predisposición a reacciones rápidas, no planeadas, ante estímulos internos o externos, sin considerar las consecuencias negativas. “No hace falta que vengas a la reunión”, “como tú no sabes de esto, no eres capaz”, “eres tan tímida e insegura...”, “nunca tienes dinero...”, “no te hemos tomado en cuenta”, “no me extraña que las cosas te vayan así”. “Eres muy terco”, “siempre tan desordenado”, “no vas a acertar ni una”. El primer grupo de frases tiende a devaluar a la persona a quien van dirigidas; el segundo conjunto de expresiones consiste en una crítica destructiva.
    Pero ambas expresiones y las actitudes en las que se sustentan tienen un común denominador: suelen hacernos reaccionar de forma precipitada y desproporcionada, lo que suele equivaler a perjudicarte a ti mismo. En general, reaccionas impulsivamente, con hostilidad o agresividad, cuando interpretas -incluso a nivel inconsciente, sin darte cuenta de lo que ocurre- que alguien amenaza tu ego o personalidad: el punto donde se asienta tu autoestima o autovaloración, el eje de referencia mediante el cual te relacionas contigo y los demás.

    ¿Quiénes son propensos?

    Según el psicólogo clínico José Elías Fernández, director del Centro Joselías de Terapias, “las personas más propensas a estas reacciones son las que se sienten más vulnerables, tienen mermada su autovaloración o seguridad o son dependientes emocionalmente de familiares o amigos. Por ello sienten que las actitudes ajenas pueden hacerles daño o afectarles negativamente.
    A más vulnerabilidad e inseguridad, mayor impulsividad”. Según este experto, “la gente reacciona impulsiva y precipitadamente mediante conductas de hostilidad verbal, violencia física o agresividad gestual, cuando se sienten devaluadas, intimidadas, exigidas, criticadas o manipuladas. Se sienten amenazadas y por ello atemorizadas. Su reacción es automática y visceral, en vez de racional y meditada”. “Cuando nos devalúan sentimos que no nos tienen en cuenta, que no merecemos la atención de los demás, que nos desprecian. Las palabras ajenas nos sitúan en un nivel inferior al que estimamos que tenemos. Por ello pensamos: “Si no me estiman, ni me valoran, quiere decir que no me quieren”, señala Elías.

    Huir de las reacciones automáticas
    En vez de reaccionar ante un intento de devaluarte como persona, hay que enfrentar la situación y decirle a la persona que, consciente o inconscientemente, te borra de tu vida, “aquí estoy yo, yo también puedo ayudarte, yo soy capaz”. Además, según este experto, conviene abordar a la persona que nos ignora o deja de lado, conversar con ella y sacar el problema a la luz: “he observado que no me tienes en cuenta, ¿qué pasa contigo?”. En otras ocasiones se reacciona de forma impulsiva cuando remarcan tus defectos, afirman que tu conducta es errónea, te juzgan negativamente o generalizan una crítica a tu forma de ser, en vez de aplicarla a una conducta puntual. Para desactivar esas críticas en lugar de reaccionar ante ellas, Elías aconseja que “rápidamente, hay que separar la parte de nuestra conducta que ocasiona el conflicto, de nuestra identidad global, la cual es mucho más sabia y rica, tiene mucho más elementos y dimensiones, que una sola faceta criticable”. “Hay que decir a quien nos critica que una parte nuestra o de nuestra conducta puede haber ocasionado un problema o daño, no ha sido la adecuada o ha estado errada. Una vez reconocido este error o problema, hay que decirle que intentaremos que no vuelva a suceder y cambiaremos lo que haga falta, porque confiamos en nuestra capacidad de autorregularnos”, señala el experto. No obstante, detrás de algunas reacciones precipitadas puede encontrarse la impulsividad patológica, la cual se caracteriza por una predisposición a reacciones rápidas, no planeadas, ante estímulos internos o externos, sin considerar las consecuencias negativas de esas acciones, según los expertos. Se trata de individuos que frente a una situación, no pueden demorar el momento de satisfacer una necesidad. Así, según el psiquiatra Gabriel Rubio, “la persona no puede demorar su necesidad de beber y se da atracones de bebida, trae como consecuencia la aparición del alcoholismo, o bien no puede demorar una relación sexual y aparece la adicción al sexo”. Asimismo, “puede sentir incapacidad ante situaciones como estar con más gente y sentirse irritado, molesto y reaccionar con agresividad o violencia: el sujeto es incapaz de inhibir una respuesta que en condiciones normales debería poder ser inhibida”, explica el psiquiatra.

    CUATRO CONSEJOS PARA CONTROLAR TU IMPULSIVIDAD

    1.PROGRAMAR TUS PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS
    Los pensamientos automáticos son aquellos que surgen espontáneamente en la mente en situaciones irritantes y que a menudo impiden que tengas una visión clara de la realidad. Para que tus emociones negativas no te dominen, empieza a dejar de lado de tu vocabulario interior palabras como “siempre” y “nunca”, así conseguirá que las cosas vuelvan a tus proporciones adecuadas.

    2. DETERMINAR LAS FUENTES DE ESTAS REACCIONES

    ¿Cuál es la causa de tus reacciones impulsivas?

    El miedo, la inseguridad, el estrés, falta de confianza o, simplemente, una sobredosis de azúcar? ¿En qué tipo de situación te irritas generalmente? Frente a estas situaciones, respira y piensa los pros y los contras antes de actuar y reaccionar. Por encima de todo recuerda esto: tomar un poco de tiempo para reflexionar antes de actuar, es una buena manera de mantenerse en paz con uno mismo y justo con los demás.


    3. PRACTICAR ACTIVIDADES DE RELAJACIÓN
    Existen diferentes técnicas como el yoga, diversas formas de meditación o, simplemente, ejercicios de respiración. Con estas técnicas tratamos de encontrar armonía y nitidez a nuestros pensamientos, con el fin de vivir mejor con uno mismo y con los demás.

    4. TRABAJAR PARA CONSEGUIR TUS SUEÑOS
    ¿Tienes grandes sueños? Guarda en mente las cosas que te gustaría hacer: poner en marcha un proyecto, adquirir un nuevo hogar, hacer un viaje… Aprende a organizarte en función de tus objetivos. De este modo, las energías invertidas tendrán un significado y te sentirás más cerca de tus emociones.

    Bajo la lupa

    “La gente reacciona impulsiva y precipitadamente mediante conductas de hostilidad verbal, violencia física o agresividad gestual, cuando se sienten devaluadas, intimidadas, exigidas, criticadas o manipuladas. Se sienten amenazadas y por ello atemorizadas. Su reacción es automática y visceral, en vez de racional y meditada. Si tenemos un amigo que se comporta impulsivamente, debemos sugerirle que visite un especialista para regular esta conducta”.

    Fanny Flores
    Psicóloga