Cuando un niño expresa: “aquí dice ‘te quiero mucho’ demuestra su interés por leer y escribir, es el momento indicado para iniciar su aprendizaje”, dice Olga Arguello, especialista en la enseñanza del método Montessori.
Muchos padres recuerdan con emoción los primeros garabatos escritos por sus hijos; aunque sin sentido, para los pequeños representa su primera muestra de que dominan el lenguaje y la escritura.
Sorprendente que estudiantes de educación media, y aun universitarios, tienen graves deficiencias ortográficas y raquítica habilidad de lectura.
Primeros años
¿Qué ha fallado en la enseñanza del español? ¿Los padres, los maestros o , los programas educativos, el Gobierno?
Arguello opina que la renuencia se debe a la tardanza con que inicia el aprendizaje.
“El niño alrededor de dos y medio años está fascinado con la palabra escrita y hace garabatos. Si espera a que cumpla cinco o seis años ya tiene otros intereses y no aprenderá con tanto entusiasmo”.
Yomila de Aguirre, autora del programa Lees, opina que “este proceso debe iniciarse en los primeros años de la vida, a través de una metodología secuencial graduada que promueva el lenguaje oral, para lograr que el aprendizaje del idioma se lleve a cabo de una manera natural y rica en experiencia personal”.
Antes de juzgar a quienes llegan a niveles superiores de educación con la duda de si escribir “tarjeta” o targeta”, y con una pésima lectura, será válida la motivación recibida en sus primeros años, tanto en el hogar como en el aula.
En el hogar
Escribir y leer no es una herencia congénita, sino una habilidad que se adquiere con la práctica.
Para Arguello, los padres pueden iniciar a sus hijos a través de la lectura de cuentos y rimas. “Si el niño aprende a disfrutar de los cuentos, luego querrá leerlos, y con sólo leer adquiere vocabulario e inconscientemente mejorará su ortografía, pues está en contacto con las palabras”.
Luego de practicar la grafía de las letras en una caja de arena, junto con el sonido, aprenden a formar las palabras.
En el aula
Por lo menos en la educación estatal, Yomila de Aguirre, considera que “la falta de programas adecuados y maestros desactualizados, con pocas oportunidades de mejorar su nivel profesional, representa la causa principal de esta deficiencia, situación que debe ser enmendada, caso contrario, nos espera sucumbir en un analfabetismo funcional, al cual todos los estudiantes están expuestos”.
Como entrenadora del método Montessori, Arguello explica que los niños primero, para la lectura, aprenden los sonidos de las letras y no los nombres. Para la escritura usan letras de papel lija que al sentirlas e ir diciendo el sonido a la misma vez les permite aprender cómo escribirlas.
Luego pasan a la caja de arena donde las escriben con el dedo, entonces las hacen con plasticina, a continuación en papel sin raya, y finalmente en papel con rayas grandes.
“Es impresionante cómo aprenden a escribir primero, pues van escuchando los sonidos y escribiéndolos. La lectura viene después, ya que consiste en unir los sonidos y esto es más difícil”, dice Arguello.
Para incentivar el interés por el idioma
Dibujar
Es un paso crítico para comenzar el proceso de escritura. Dibujar ayuda a los niños a desarrollar las habilidades motoras finas.
Repetir
Los niños necesitan escuchar sus propios nombres y verlos escritos porque estos son abstractos. No se puede tocar un nombre o sostenerlo en las manos.
Experimentar
Hay muchos libros disponibles en el comercio con los que ellos pueden jugar, tocar y experimentar usando todos sus sentidos.
Dramatizar
Puede introducirlo al mundo de la lectura al contarle un cuento que disfrute y luego pedirle que dramatice la historia.
Insistir
Si a un niño no le gusta leer, busque material que le sea interesante. Investigue qué es lo interesante para ellos según su edad.
Motivar
Use todos los sentidos de un niño para estimular su interés en la escritura. Copiar las letras en una caja de arena es un ejemplo.
Un paso más avanzado en el aprendizaje consiste en asociar lo concreto con lo abstracto.