04/04/2026
09:14 PM

Las causas perdidas

Jorge Martínez es originario de Las Vegas, Santa Bárbara. Cursó la carrera de literatura en el Centro Universitario Regional del Norte.

Un poeta, un escritor siempre se alimenta de su vida

Un poeta, un escritor siempre se alimenta de su vida, me

dije hace veinte años, cuando llegué a presentarme como

inventor de un libro que sólo yo puedo vender. Me miré

tan lúcido, sobrio y sabio, venido de una oficina limpia,

de un campo florido, gentilhombre. Le ofrecí el libro

Papiro a Jorge Martínez y el me ha visto con una alegría

inocente, como si le hubieran entregado una clave divina.

Me he autografiado el libro y me he dicho en la

dedicatoria 'A Jorge Martínez Mejía, quien soy yo hace

veinte años, este legajo de poemas, para que no se olvide

de su causa'.

También se alimenta de escepticismo, me respondí

inesperadamente. Pero debes consagrarte a la zozobra,

a la posibilidad de que ni yo mismo te lea. Y salí despacio,

como otra parte mía que se va sin saber en la práctica cómo.

AUTOR

Jorge Martínez es originario de Las Vegas, Santa Bárbara. Cursó la carrera de literatura en el Centro Universitario Regional del Norte.

En septiembre de 2004 publicó el poemario Papiro. Es editor de la revista de literatura Metáfora.

Nuevo aliento

En este número 19 de mimalapalabra, Jorge Martínez vuelve, ahora cargado de poemas en prosa de su libro inédito Las causas perdidas, con una fuerza descomunal, capaz de arrancarnos del letargo impuesto impunemente por las publicaciones fallidas de los otros. Si hay que volver la mirada con esperanza hacia algún lado, ese es el rincón en donde este poeta escribe todavía. Nadie dirá esta vez que la poesía ha caído en desgracia.

El mecenas de los poetas ebrios

Me dispensé la literatura como un ladrón de la comedia humana. Hurté la

ciencia y el mal en un magnífico volumen, durante una noche que tropecé con la

cabeza de un viejo parecido a Baudelaire. Escribí mi primer Góngora a la orilla

de un pueblo de mineros donde los niños nos hicimos hombres a los catorce

años. Fui el mejor bebedor, el mecenas de los poetas ebrios, de los fumadores

de marihuana. Una mujer me besó en la calle de los burdeles para asombro de

la muchedumbre. Estuve encerrado en una prisión antigua y los reos me

elevaron en hombros gritando mi libertad. He vivido sin retirarme y sin

renunciar a mi nombre ni a mi causa. Un día volveré desde el fondo de mi

tumba para tomar mi puesto.