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Helen Mirren: 'quería ser actriz de teatro”

  • Actualizado: 29 febrero 2020 /

La británica recibió el Oso de Honor en la Berlinale.

    Berlín.

    La actriz británica Helen Mirren recibió el Oso de Oro Honorario de la Berlinale como premio a toda una carrera cinematográfica que, según ha confesado no empezó por su amor a la gran pantalla: “yo no tenía ningún interés en el cine, quería ser actriz de teatro”.

    Mirren nació a las afueras de Londres, en una casa en la que “no teníamos televisión, y ni siquiera íbamos al cine”, algo que le empujó hacia el mundo del teatro.

    En su carrera en el escenario cosechó rápidamente varios éxitos, logrando convertirse a los 22 años en una de las personas más jóvenes en unirse a la prestigiosa Royal Shakespeare Company.

    No fue hasta más adelante cuando empezó a interesarse por el cine, algo que reconoció como “una forma increíble de contar historias”. También ha admitido que al dar el salto desde el escenario al set de rodaje “era completamente ignorante respecto al mundo del cine”.

    “Al principio yo solo quería hacer películas”, ha recordado Mirren, siendo esta pasión por actuar la que le llevaría a “aceptar todos los papeles” que le ofrecían.

    CARRERA BRILLANTE

    Desde que su carrera está más consolidada, mira más atentamente qué proyectos escoge a la hora de trabajar: “Cada película que haces representa un periodo de tu vida, pasas mucho tiempo con el reparto y el equipo, por lo que esas decisiones son muy importantes”.

    Una de estas decisiones le llevó a aceptar el papel de Reina Isabel II en La Reina (2006). Sobre este personaje, que le valió un premio Óscar, un Globo de Oro y un Bafta a mejor actriz, recuerda su reticencia inicial a contar una historia sobre personajes reales, que ha aclarado solo aceptó una vez hubo leído el guión.

    “Tuve que asegurarme de que se trataba todo de forma humana”, dice Mirren, que a pesar de considerarse republicana quería tratar con delicadeza este retrato de la reina de Inglaterra.

    También ha hablado sobre otros de sus trabajos más recordados, aunque por motivos distintos. Calígula se estrenó en 1979 con numerosas críticas negativas por sus escenas sexuales completamente explícitas. Incluso, ha añadido, la cinta no se proyectaba en cines convencionales, sino que había quedado relegada a “cines eróticos”.

    HONOR
    El Oso de Oro honorífico era uno de los pocos premios de prestigio que aún no tenía -ha ganado el Óscar, el Globo de Oro, el Emmy, la Copa Volpi de la Mostra de Venecia, el galardón a la Mejor Actriz del Festival de Cannes y el Oso de Plata.
    Sin embargo, la recepción de la película ha cambiado a lo largo de los años, algo que esperaba. “Cuando se estrenó esta película dije que en 20 años tendríamos escenas iguales o peores en la televisión”. “Tenía razón”, dijo, ya que ahora “tenemos Juego de Tronos”.

    Esta carrera tan amplia y diversa es lo que le ha merecido el reconocimiento del Oso de Oro de Honor en este 70 aniversario de la Berlinale, un premio que en años anteriores han ganado Charlotte Rampling (2019), Willem Dafoe (2018) o Milena Canonero (2017), entre otros.

    Es casi inevitable echar la vista atrás, Helen Mirren (Chiswick, Reino Unido, 1945) recuerda que el origen de todo, el porqué comenzó a dedicarse a la interpretación, era su ansia de escapar de la realidad que le rodeaba.

    “Creo que originalmente mi motivación tenía que ver con escapar. Crecí en lo que llamamos una ciudad dormitorio pequeña, en las afueras de Londres, muy de clase trabajadora, simplemente muy, muy común y muy poco interesante para mí”.

    Era el “brillo y lo excitante” de la cercana Londres lo que le atraía y dice que llegó a la idea “de actuar y contar historias por escapar de la normalidad”; empezó leyendo a Shakespeare, aunque precisa que no fue por su poesía o sus ideas, sino porque encontraba a sus personajes y las historias que encarnaban “excitantes y maravillosos”.

    En 2001 fue candidata al premio Laurence Olivier y trabajó en varios proyectos cinematográficos: “El juramento”, “Last Orders” y “Gosford Park”, donde encarna al ama de llaves de una mansión, la señora Wilson. En 2003, Mirren trabajó en la adaptación televisiva de “La primavera romana de la Sra. Stone” y “Las chicas del calendario”.
    “Eso me llevó al mundo de la imaginación, al mundo del teatro, de contar historias, pero como una forma de escapar. Pero luego, al avanzar en mi carrera, en mi vida como actriz, creo que me di cuenta de que el mundo del teatro no tiene nada que ver con escapar, sino que tiene que ver con enfrentarse a la realidad de lo que es ser un ser humano en todas sus diferentes manifestaciones”, asegura. Más tarde el teatro “se convirtió en una religión para mí, en el sentido de que cumplía un papel muy importante en la vida artística de los seres humanos”.

    A Mirren, premio Óscar en 2007 por The Queen y nominada en tres ocasiones más por The madness of King George (1995), Gosford Park (2002) y The Last Station (2010), se le conocen opiniones claras y fuertes sobre el papel de la mujer.

    Antes de los tiempos del movimiento feminista MeToo, nacido del escándalo que causó en el mundo del cine en 2017 las revelaciones de acoso sexual del productor Harvey Weinstein, Mirren ya tuvo que lidiar con una actitud hacia las mujeres, especialmente desde la prensa, de la que ahora ella matiza su naturaleza. “Yo no diría que fui una víctima de la misoginia. Tuve una entrevista famosa, pero no era misoginia, era... ¿ignorancia? Quizás esa es la palabra. Era una actitud cultural como de dinosaurio”, y alude a aquella mantenida en la televisión británica en 1975 con Michael Parkinson que se volvió viral. La conversación, que por insistencia del entrevistador giraba en torno al “equipamiento” (los pechos) de Mirren, se saldó con lo que actualmente se denomina un zasca, o bofetada verbal, de la actriz, quien le espetó: “¿Acaso crees que las actrices serias no pueden tener los pechos grandes?”.

    “Había actitudes en los años sesenta y setenta con las que uno tenía que vivir pero eran actitudes y estas cambian”, razona la actriz, quien opina que “esa es una de las cosas buenas de hacerse mayor”, es decir: ser consciente de que las actitudes cambian, que la gente aprende”.

    'Siempre que leo un guion, empiezo a hacerlo por la última página. Si mi personaje aparece en ella, perfecto. Si no, busco la escena en la que desaparece y, a menos que lo haga con estilo, no me tomo la molestia de leer el resto del guion”.
    “Creo que de lo que tenemos que tener cuidado es de aprender de la historia y esto afecta a todo: la actitud hacia las mujeres, hacia la raza, el género...tenemos que seguir aprendiendo”, insiste Mirren tras recordar los grandes cambios que hubo que asumir en una Europa de la posguerra en la que nació.

    Esos cambios son los que asume por el hecho biológico de envejecer, territorio al que se acerca la conversación y en el que Mirren opina que “uno tiene que asumirlo según va llegando. Uno o envejece o muere joven”.

    Y proclama, como cordial zasca a la pregunta de cómo afronta la vejez: “Lo siento tanto por Kurt Cobain, porque él nunca vio el GPS, el GPS es una cosa absolutamente brillante... Es que me encantan los mapas (...) y cierra la conversación: “yo quiero vivir para eso, no quiero morir joven y la única alternativa a morir joven es envejecer, así que me apunto”.