Escuelas y patronatos de San Pedro Sula de rodillas por maras

<p>Solo en Chamelecón han sido asesinados siete presidentes de patronatos desde el 2011.</p>

VER MÁS FOTOS

Están cercados, impotentes y sin esperanza de librarse del yugo de las maras y pandillas que controlan varios sectores en San Pedro Sula. Chamelecón es uno de los 65 barrios y colonias que viven bajo el dominio que ejercen la MS y la 18.

“En Chotepe (sector de Chamelecón) tenemos a dos maras que nos tienen de rodillas. No solo es la mara de Chamelecón. También vienen de La Lima y amenazan. No hay diálogo que valga. Hay que colaborar y acatar las reglas que ellos nos dan porque, si no, el riesgo de morir es alto. Hemos llegado a negociar para no tener problemas y asegurar que no molesten. Yo me fui porque mi familia tenía miedo de seguir en el lugar”, recordó un poblador que abandonó Chotepe hace un año.

El toque de queda se impone a las 8:00 pm. Después de esa hora, nadie circula en las calles. Algunos pasajes deben pagar el impuesto de guerra.

El temor llega al extremo de que las organizaciones, estudiantes o familias no tienen reuniones en sus barrios y colonias. Ya no tienen libertad para interactuar con los vecinos y amigos.

“No tenemos valor de reunirnos en los barrios. Salimos de la zona para buscar dónde encontrarnos y eso es algo grave”, relató un vecino del sector.




Asesinatos


“Mejor no pregunte nada de seguridad. Me da como miedo estar hablando de eso. Nadie le va a contar lo que pasa porque hacerlo es firmar el pasaje para la muerte. Aquí en Chamelecón siete presidentes de patronatos ya no están con nosotros. Los mataron”, dijo un vecino de esta zona que alberga 65 colonias y 130 mil personas.

En agosto de 2011, un crimen que estremeció a los vecinos de la colonia Ebenezer, de Chamelecón, fue el de la expresidenta del patronato, Rita Umanzor Fajardo (48), atacada por desconocidos que le segaron la vida.

Como ella, según el relato de los habitantes de varias colonias de Chamelecón, seis líderes comunales más fueron asesinados por motivos que hasta ahora desconocen porque los casos no han sido investigados.

La amenaza de las maras y pandillas está presente y la mejor arma que encuentran los pobladores de las zonas tomadas de San Pedro Sula es el silencio.

Amenazan a maestros

Captar nuevos miembros para las agrupaciones es uno de los objetivos de las maras y pandillas que buscan su semillero en los kínderes, escuelas y colegios.

En una sola escuela de San Pedro Sula, 22 niñas y niños desertaron de un centro educativo por la amenaza de las pandillas, unos porque los intimidaban para ser parte de la agrupación y otros porque a las niñas entre 12 y 15 años las querían para una relación sentimental.

“Los padres recibían la orden de que se las entregaran como compañeras sentimentales para algunos de sus líderes, por lo que optaron por cambiarse de colonia y hasta de ciudad para evitar que las amenazas se consumaran”, indica un informe.


Pero no solo es la deserción de alumnos, también es la de maestros, que a diario son amenazados en la capital industrial. Algunos han solicitado su traslado a otras escuelas y otros han abandonado el país.

Son docentes de zonas como Rivera Hernández, Sabillón, Chamelecón, La Pradera, Sandoval, Planeta, Satélite, San José V y el municipio de Choloma y Villanueva que desde 2012 viven secuestrados por estos grupos antisociales.

“Fueron tantos casos que conocí de las vivencias de los maestros que son sometidos por las maras. Hubo varios docentes que tuve que trasladar. Era la vida la que estaba en juego. Estamos impotentes, a merced de estos grupos. Urgen medidas para evitar que sigan atentando contra los maestros, padres de familia y alumnos”, confirmó el exdirector departamental de Educación en Cortés, Gilberto Benítez. Extorsiones, amenazas y robos también agobian a los centros educativos. A los alumnos los asaltan o tratan de reclutarlos y con los maestros utilizan la violencia psicológica, amenazas, daños a sus vehículos y asaltos.




Si los pandilleros son alumnos, estas agresiones son la respuesta por sanciones disciplinarias o una mala calificación.


Cuando no son parte de la institución, acechan a estudiantes y maestros o los convierten en víctimas de su sed de control y fuente de ingresos.




SIN LEY

La presencia del Estado es mínima en algunos sectores ocupados por las maras y pandillas, que incluso les dan seguridad a los vecinos a cambio de un pago semanal. Hay puntos de taxis, según una investigación del analista Billy Joya, que reciben seguridad de la mara contra la delincuencia común en San Pedro Sula.

La Prensa