Pelo ondulado, mirada vivaz y pícara, sonrisa de triunfador insaciable, brazos tatuados, corta estatura y talento enorme...
Además, dueño de un fútbol mágico, inigualable, posiblemente el mejor de todos los tiempos según los expertos y los aficionados.
Trato de describir a Diego Maradona, el niño argentino que el 20 de octubre de hace 30 años empezó a hipnotizar al mundo con tan sólo una pelota a sus pies.
Su magia y su rebeldía natural se popularizaron a los 15 años cuando Juan Carlos Montes, el entrenador de Argentinos Juniors, le dijo que entrara al segundo tiempo del partido ante Talleres de Córdoba.
“Entre y juegue como sabe. Si puede tire un caño”, fue la sugerencia de entonces.
Nadie esperaba que el pequeño novato le hiciera el caño, o como dicen en Honduras: la cocina, a Juan Cabrera, sino que también se atreviera a convertirse en la figura más imporatnte del fútbol latinoamericano y mundial junto a “Pele”.
“A partir de allí cambió todo”, expresó el capitán de Talleres, Luis Galván y esa frase también ayuda en este perfil. “A partir de Maradona todo cambió”.
Paralelo en vida y cancha
La historia de Diego es muy similar a sus dos jugadas más famosas, ambas hechas en el Mundial de México 1986. Diego nació en la humildad de Villa Fiorito, creció en la gloria del fútbol argentino y del Boca Juniors invencible.
Conquistó la fama del fútbol europeo con el Nápoli y con el Barcelona y casi se autodestruye en la ilógica de las drogas. Sin embargo, todavía aguantó lo suficiente para convertirse en un fenómeno televisivo y habitar tranquilo en el glamour del showbol.
Comparado con su mejor jugada, que desembocó en el mejor gol de los mundiales en el siglo 20 según los expertos, se debe decir que Maradona tomó la pelota antes de mitad de cancha en el Estadio Azteca con la misma magia con la que había maravillado a Argentina.
Una gambeta y se quitó a dos adversarios y se dispuso a conquistar suelo inglés por la banda derecha. Un desdoble veloz, otras dos gambetas y ya sobre el área se le venía lo difícil.
El “pelusa” aguantó la salida del portero y la llegada fuerte desde atrás del defensa y le sobraron fuerzas en el alma y en las piernas para empujar la pelota hacia el marco y salir corriendo hacia una esquina para generar el delirio de los aficionados y del mundo entero.
Hoy ese gol, hecho en 10 segundo y en 60 metros, es el más repetido en la televisión en los útlimos 20 años. Para los argentinos, la anotación los llegaba al cielo y Maradona se convertía en un semidios... que cuatro minutos antes había logrado “la mano de Dios” en el Azteca.
La carrera del “torito de piernas cortas” que “tiene ojos en todo el cuerpo”, como lo identificó el célebre escritor uruguayo Eduardo Galeano, le permitiría dejar atrás años de sufrimiento y postergaciones para toda la familia.
“Mi sueño, es jugar en primera, jugar en la selección y ser campeón del mundo”, había declarado en sus inicios y en México, Diego besaba la copa.Sus sueños lo llevaron a Napoli, un cuadro pequeño que él hizo campeón del Calcio.
Lo malo fue que ese paso por Italia le dejó una adicción a la drogas empezaba a consumirse mientras seguía su carrera por el Barcelona y el Sevilla de España, también por Newell’s Old Boys y Boca Juniors. La Bombonera, estadio que tantas veces los vio triunfar, fue el que le dio la despedida.
Maradona, luego del retiro y a pesar de su gloria futbolística, no iba al cielo sino al infierno a causa de las drogas que no había podido dejar a pesar de varias promesas hechas a su familia y a la afición.
De hecho, la muerte lo rondó muy cerca entre enero de 2002 y abril de 2004, cuando sufrío dos crisis.
Abismo y resurgimiento
“El pibe de oro”, sin el fútbol, cayó en el desánimo y en la obesidad. Del niño que entró a jugar contra Talleres quedaba poco. Según sus seguidores, fue Dios el que lo salvó, porque “el pelusa” retomó la disciplina que tal vez nunca necesitó en ningún entrenamiento y se concentró como no lo hizo en México.
Dejó a Cuba, lugar donde se había internado varias veces para dejar la drogas, para irse a Colombia en busca de una solución. Fue operado en Cartagena, en donde se le redujo el estómago y se le procuró un ambiente sano.
Claudia, su ex esposa, le ayudó en el tratamiento y sus hijas, Giannina y Dalma, encendieron el motor del Diego que todos habían esperado que fuera al crecer y al tocar la gloria.
A su salida era otro y por eso fue invitado para ser el conductor de La noche del Diez, programa que resultó un éxito, no sólo por el montaje, sino porque él era un hombre que trasmitía felicidad y se mostraba como un espíritu limpio después de mucho tiempo.
También regresó a la Bombonera, pero para sufrir del fútbol como un humano normal y para encargarse de varias acciones administrativas con Boca.
Diego vivió la gloria y el infierno, y ahora se dedica a realizar lo que le da razón a su vida: patear una pelota.
Es por eso que la presencia del astro es la mejor invitación para que los sampedranos se deleiten con el showbol.
Sus frases
'Hice toda la jugada del 1986 para pasarle la pelota a Valdano, pero me encerraron y no tuve otra alternativa que seguir'.
'Crecí en un barrio privado... privado de luz, agua y teléfono'.
'Estoy bien. Me pongo en marcha, hay muchas cosas que tengo que recuperar. Es ahora o nunca'.
'Me drogo, pero no vendo cocaína'.
'La pelota no se mancha'.
'Pase lo que pase, dirija quien dirija, todo el mundo sabe que la camiseta 10 de la Selección será mía para siempre'.
'El fútbol debería ser gestionado por los futbolistas, los dirigentes sólo desean robar dinero'.
'Hay que vivir lo que se quiera vivir, pero no se debe llevar a nadie a cometer las equivocaciones que uno comete'.
'Mis hijas legítimas son Dalma y Gianina. Los demás son hijos de la plata o de la equivocación'.
Perfil
Nombre: Diego Armando Maradona
Fecha de nacimiento: 30 de octubre de 1960
Lugar: Lanús, provincia de Buenos Aires
Altura: 1.66 metros
Posición en la cancha: Mediocampista ofensivo
Debutó: 1976, con Argentino Juniors
Retiro: 1997, con Boca Juniors
Logros: Campeón del Mundo en 1986, subcampeón en 1990, campeón de Uefa y de Italia, en dos ocasiones, con Nápoles