Tegucigalpa, Honduras.

El volante del Olimpia, Carlos Pineda, habló como pocas veces lo hace y le dio un espacio especial a Grupo OPSA.

El oriundo de San Nicolás, Santa Barbara, es Olimpista hasta la médula, pues desde los 4 años de edad porta en su pecho la imagen del leoncito, el Rey de Copas.

A sus 24 años Carlos Pineda tiene un nivel alto de madurez y se expresa como un señor frente a las cámaras, porta un léxico que asombra, que atrapa y que hace que el diálogo sea ameno.

Para ser sinceros... con “Carlitos” se puede abordar cualquier tema. “Es que a mí me gusta hablar”, dice entre risas el olímpico en Tokio 2021, quien cuando era un cipote ganó el primer lugar en un concurso de oratoria en el Colegio Emiliani.

El volante merengue es pasante de la carrera Ingeniería en Informática, su segundo idioma es el inglés y su gran tesoro son sus padres: Bertha Alicia López Marvin Rolando Pineda y sus hermanos: Sendy, Angie y Marvin.

Así fue la charla con Carlitos Pineda, quien registra cinco títulos con el Viejo León y a la fecha acumula 92 juegos disputados.

Previo a la entrevista en Plaza Garden en Valle de Ángeles, Carlos Pineda compartió con Diego Vázquez, seleccionador de Honduras.

- LA ENTREVISTA -

Hábleme de sus inicios como jugador ¿Qué recuerda cuando empezó a poner sus primeros tacos?

Como todo niño hondureño. Una pasión por el fútbol desde muy corta edad. Me acuerdo que mi madre me regañaba, porque todos los jarrones de la sala poco a poco se los fuí quebrando de uno en uno y decidió no comprar más (jarrones).

Esa pasión nace por el profesor Ricardo Taylor que en paz descanse. Tuve la bendición de que fue mi vecino, él me vio jugando en la calle con mi hermano y dijo: “este niño tiene las condiciones y llévenlo a las Fuerzas Básicas del Olimpia” y ahí empecé a divertirme.

Yo disfrutaba mucho, eran tres días a la semana que para mí eran los más bonitos, los más importantes y me da risa, porque el castigo mío era que no me llevaran a entrenar. Mi mamá ya sabía que cualquier cosa (el castigo) era no ir a entrenar. Creo que en diez años yo falté algunas tres veces y si no me llevaba mi mamá era mi hermana y después mi hermano.

Tuve el apoyo de mi familia y en los fines de semana que era día de partido era un viaje familiar, porque me acuerdo que teníamos que ir al campo La Vega y pasábamos todo el día. A veces mi padre me llevaba todo el día y nos poníamos a ver todos los partidos de los mayores.

Mi vida era el fútbol, yo no tuve carritos. Mi mamá me molesta, porque tengo una Tonka (tractor de juguete) es el único carrito que tuve y ahí lo tengo y ahora mi sobrino que tiene seis meses tendrá su primer juguete.

Lo mío eran los balones, yo era feliz con el balón y me acuerdo que mi primer balón fue uno de Francia 98, un tío tuvo la oportunidad de ir a ese mundial y me lo trajo. Desde pequeño, yo a los dos años de edad ya estaba peleando.

¿A los cuantos años llegó a Olimpia?

A las Fuerzas Básicas del Olimpia fue a los 4 años y medio y ahí empecé a pasar todas las categorías. La U-8, U-10, U­-12, U-14, U-16 y jugué dos partidos en Liga Mayor.

¿Qué significó esa etapa para usted?

Bueno, para mí era diversión, nunca pensé que me iba a dedicar a esto, nunca. Hasta que llegué a los 15 años que empezaron las reservas y era algo más serio, pero antes era puro disfrute.

Mi mamá me decía: “Yo no quiero que seas futbolista, quiero que seas ingeniero, abogado, pero siempre iba a la par. En mis casas era la regla: Estudias o no hay fútbol. Eso me lo inculcaron, el estudio y uno lo disfruta, ya después uno hace a la fuerza y yo busco que hacer en mis tiempos libres y eso se lo agradezco a mi madre que nunca me dejó solo haciendo fútbol.

Los estudios me han ayudado para abrir un poco más la mente, uno va a otros lugares y se adapta a la cultura, a cómo comportarse, a tener valores y es bonito.

Carlos Pineda, centrocampista del Olimpia, en la conversación exclusiva con Grupo OPSA.

Entonces en conclusión usted viene de las canchas polvorientas del Infop y de La Vega.

Sí, ja,ja,ja yo molestaba, porque cuando llegaba a entrenar me iba a bañar y se bajaba toda la tierra. Yo ahí tengo un pedacito de tierra del Infop en mi casa, porque cada vez que me bañaba quedaba la tierra.

¿Usted no olvida sus raíces?

No, para nada. Me da risa, porque cada vez que pasó por la Colonia Alemán ahí están las canchas y yo le digo a mi mamá, papá o a mis amigos que yo ahí jugué.

¿No tendría problemas en jugar ahora mismo?

No, ¿Y por qué? Si en la Copa Presidente era lo mismo, íbamos a los pueblos, igual en mi pueblo San Nicolás, hicieron una cancha nueva y eso me gusta que lo vayan cambiando.

El Birichiche lo estrené sintético, pero jugué pocos partidos en tierra, porque la cancha era muy grande.

¿Carlos Enrique Pineda López?

Ese mero.

¿Edad?

24 años.

¿Qué estudia?

Actualmente Ingeniería en Informática (en CEUTEC).

¿Cuánto le hace falta para terminar su carrera?

Me faltan 20 clases.

¿Y cómo le ha hecho para poder estudiar y jugar?

Es difícil, pero ahora con el tema de la educación virtual me ha ayudado mucho, porque con tantos viajes, imagínese que ahora venimos de 26 días de estar en Estados Unidos y es bien difícil, pero yo lo llevo como un complemento, meto una clase o dos clases, dependiendo de la disponibilidad para no descuidar el fútbol. Con tanto viajes es mentira que voy a decir voy a ir a clases.

Estudiar ayuda en la concentración, a entender mejor al entrenador, ayuda a procesar más información, saber expresarse y ahora el tema del inglés es súper importante, porque se viaja a cualquier lado y es requisito tener un inglés básico.

¿Usted habla inglés?

Sí, soy bilingüe.

Carlos Pineda se confiesa: Su vida entre la ingeniería y el Olimpia, ¿jugaría en Motagua?

¿Cuál fue el peor castigo que le hizo su madre?

Fue una vez que mi mamá me mandó abrirle la puerta a mi hermana (Sendy) y por estar jugando no fui, fue ella. Al día siguiente le dije: “Mamá es hora de entreno” y nada, después volví y nada, luego ella me dijo: “Así como vos me ignoras, te voy a ignorar yo”.

Ella sabía que era lo que más me dolía y desde ahí le hice caso, cada vez que manda una orden, hay que volar ja,ja,ja.

Me deja la sensación de que en su casa impera la disciplina y orden.

Si, vengo de una familia de buen hogar. Siento que es un hogar bien acuerpado, querido y amado. Eso ha sido clave, de mi familia puedo decir que son buenas personas, buenos hermanos y eso habla de la crianza que nos han dado.

¿Se siente afortunado con lo que ha logrado?

Sí, siento que ha valido la pena y a veces a uno le toca no estar bien como no jugar o una lesión que frustra o a veces que uno no siente las oportunidades, pero ha valido el esfuerzo. Soy un testigo de que cuando uno se esfuerza, Dios lo bendice.

Hábleme de su personalidad, porque ahora lo veo ameno, pero en la cancha lo veo serio, con otro semblante

Mis compañeros me molestan, porque yo hablo mucho, soy de bromear, de estar hablando, soy bien comunicativo. Me adapto al lugar, si hay que estar serio hay que estar serio y si hay que bromear, se bromea, pero dentro de la cancha ya cambia todo.

Ya a la hora de entrar a la cancha es de mirada asesina y vamos con todo. (Risas).

- Comienzos con el primer equipo -

¿Qué se le viene a la mente cuando le menciono la fecha del 14 de febrero de 2016?

Es el año del esfuerzo premiado y de darme esa oportunidad de probar que es estar en Liga Nacional. Me acuerdo de mi infancia que nos hacían entrevistas a los ocho años y me preguntaban por mis sueños y que voy hacer cuando sea grande. Y yo decía: “Ser jugador profesional y llegar al Olimpia”.

Llega ese día y se cumple un sueño que voy pidiendo, esforzándome y ese momentito de fama. Tenía 12 años de jugar, desde los cuatro años y medio hasta los 18. De 15 años empecé en unas reservas, entrenaba todos los días y saber que en el Olimpia había un Luis Garrido y que me den esa chance, de decir que sos vos el elegido, cuesta y se me dio esa oportunidad.

En mi casa era una felicidad (por el debut) y yo nunca voy a olvidar que después de llegar a mi casa era una fiesta en la sala. Es lo bonito de decir que pude cumplir mi sueño.

¿Qué le dijo el técnico Héctor Vargas?

Él tiene ese talento de que al jugador lo hace sentir querido, con confianza y más a los jóvenes. Él nos da confianza y recuerdo un Fabio de Souza que me aconsejaba o un Carlos Will Mejían que me enseñó a jugar y que me decía algo que nunca se me va olvidar: “El que juegue en Olimpia, puede jugar en cualquier equipo del mundo, por la presión que se vive, la exigencia y la competencia interna”.

Desde que yo estoy en el Olimpia que son 15 años (de inferiores a primera División), nunca he visto que un jugador diga que es titular indiscutible haga lo que haga y eso es en cada puesto.

Usted viene de las reservas, pero es del criterio de los que dicen Olimpia y nada más

-Sonríe- De estar tanto tiempo en el equipo uno le agarra cariño, desde los entrenadores hasta los utileros. Los utileros me molestan, porque dicen que llegue agarrado de la mano de mi mamá y me entregó con ellos. Entonces, uno agarra cariño por tantos años de estar conviviendo, ya nos conocemos.

¿Se vestiría de azul?

-Vuelve a sonreír-. Uno nunca sabe las vueltas de la vida y eso solo Dios lo sabe.

¿Por qué no jugó con el técnico Pablo Lavallén como titular?

Bueno, intentando ser autocrítico en ver que pasó en este torneo, yo siento que me afectó no hacer pretemporada (por covid-19). Yo solo hice 7 días de pretemporada y ya estaba saltando en la cancha y fue difícil, porque otros jugadores estaban al 80 por ciento y yo al 20.

Ya al final empecé a agarrar mi ritmo y por eso pude terminar los últimos partidos. Son decisiones técnicas y a mí me tocó respetarlas.

Puntualmente: ¿Tuvo química con Pablo Lavallén?

La verdad que el estilo de juego del profesor de salir jugando, de mucha tenencia y movilidad, a mí me encanta, porque soy un jugador pequeño, cuando pasa el balón por el aire, siento que no me favorece estar chocando y luchando. Yo me considero un jugador de mucha técnica y con los jugadores que tenemos se puede implementar, eso nos exigen en las selecciones.

Él sabe mucho de fútbol y sus trabajos son muy buenos y en las reservas a eso nos acostumbraron a dar ese juego de pases, movilidad y el profe lo intentó implementar, pero los resultados no se nos dieron por descuidos o por un mal partido. Nos eliminaron por un gol, pero no fue un desastre.

¿Cómo han tomado la llegada de Pedro Troglio?

Tanto tiempo que nos conocemos con el cuerpo técnico, ellos son personas abiertas y muy tranquilas, exigentes, pero calidad de personas y es con todo el grupo en general.

Se siente esa buena energía, a él le gusta que corras, que presiones y todo el equipo está enfilado en eso, estamos motivados y ansiosos por empezar.

¿Esta Olimpia para ser campeón?

Sí, siempre.

¿Por qué?

Bueno, eso se va sintiendo por la calidad, la capacidad y uno va viendo los entrenos. Yo veo mi equipo y todos han sido seleccionados en alguna categoría o en selección mayor y es obligación ser campeón. A mí me gusta que voy a la calle y la gente me dice que tenemos que ser campeones.

Quedamos tetracampeones, perdimos y fuimos y la gente dice que fuimos un desastre, que como es posible, entonces esta esa obligación de ganar y ahora no solo local, también en Concacaf.

Michael Chirinos dijo que tiene esa espinita por viajar al extranjero ¿y a usted?

También, la verdad que estamos trabajando para eso, ponerme bien para dar ese salto. Es un objetivo que me trazo y esos son mis planes.

¿Se le ha truncado esa ilusión?

Un poco, la lesión de rodilla me cayó en mi mejor momento, era el titular en la Selección y con ofertas en el extranjero, pero yo elegí quedarme en el Olimpia por el tema del covid-19, porque era muy complicado. No permitían fichajes, no había como moverse, entonces decidí quedarme en Olimpia y luego 6 meses después me lesiono, pero las oportunidades se buscan y en eso estamos, ya la lesión quedó en el olvido y me siento más fuerte, obligado a trabajar más.

¿Qué consejo le puede dar a la nueva generación que quieren ser como Carlitos Pineda?

Yo les digo que los sueños se cumplen, porque yo a veces miro niños que nos piden fotos y yo molestaba por ejemplo a Wilson Palacios, cuando estábamos entrenando, porque mi padre me dijo un día tómate una foto con Wilson en el estadio Nacional y yo no quería por andar jugando (tenía ocho años Carlitos), luego le enseñé la foto.